Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Jaime I y la Astrofísica

El 27 de julio de 1276 moría en Valencia Jaime el Conquistador, el más renombrado de los reyes medievales de Aragón, por sus grandes conquistas de territorios tan importantes como las Islas Baleares o Valencia. Pero, aunque el adjetivo de Conquistador sea el que ha perdurado, no fue menos importante su amor e impulso por la cultura.

Gracias a ese impulso compiló el importante código de derecho marítimo "Llibre del consolat del mar", e inspiró las crónicas que llevan su nombre, protegió a los cultivadores de las diversas ramas de la cultura, el Reino de Valencia recibió su propio sistema legal, ciudades como Barcelona adquirieron su propia administración cívica y sus súbditos llegaron a poseer una madurez cultural que los entendidos han calificado como admirable.

PREMIOS. Cuando, hace más de una veintena de años, el prestigioso bioquímico valenciano Santiago Grisolía regresó a su tierra natal tras haber desarrollado su fructífera labor profesional en Estados Unidos, posiblemente se planteó cuáles serían los sistemas actuales más eficaces para conseguir un mayor desarrollo de esa forma de cultura tan actual y universal que es la Ciencia. Y tuvo el acierto o la suerte de que los responsables sociales, políticos y empresariales sintonizaran en la idea de que hoy día el verdadero poder de un país o una región y, sobre todo, su futuro reside en la calidad de su Ciencia y en su capacidad de innovación tecnológica. Y se fueron sucediendo múltiples iniciativas, en las que, de un modo u otro, el profesor Grisolía ha participado, comenzando por el Centro de Investigaciones Citológicas y finalizando, por ahora, en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. En medio, una serie de realizaciones, siempre apoyadas por la Generalitat, con independencia del color político de sus sucesivos gobiernos, que han hecho que la Ciencia valenciana, en sus diversas manifestaciones, esté alcanzando un nivel muy destacado tanto nacional como internacionalmente.

Una de ellas es la de los Premios Jaime I, que son gestionados por la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados, a través de la Fundación Premios Jaime I. Comenzaron su andadura hace trece años, con la convocatoria de un único premio a la Investigación. El pasado miércoles se hicieron públicos los resultados de la convocatoria de este año, con 5 premios (Investigación, Economía, Medicina Clínica, Protección del Medio Ambiente y Nuevas Tecnologías), dotados cada uno con doce millones de pesetas, libres de impuestos. Pero el prestigio de un premio, más que en su dotación económica, reside en la categoría de los candidatos y en la relevancia científica del Jurado que los concede. En este caso ello es indiscutible, ya que, casi un 50% de los miembros de cada Jurado suelen ser Premios Nobel de valía excepcional, lo que ha significado la coincidencia, durante los tres días de deliberaciones en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, de 14 de estos grandes Premios Nobel, acompañados de los miembros españoles procedentes de la Universidad, Centros investigadores, Industria, etcétera. Hoy comentaremos algunos aspectos del premio con más tradición, el de Investigación.

REBOLO. Hubo 57 candidatos para el Premio de Investigación, todos de relieve internacional, de campos tan diversos como Inmunología, Bioquímica, Biología Molecular, Fisiología, las diversas ramas de la Química y de la Física, Matemáticas, Ciencia de los materiales, Astrofísica y Cosmología, etcétera. El presidente del Jurado fue el profesor Aaron Klug y secretario quien esto escribe. Tras el análisis detallado de los méritos de cada uno de ellos y tras las sucesivas fases de eliminación, el candidato final y unánime fue Rafael Rebolo López, nacido en Cartagena, hace 40 años. Su valía es tal que los cuatro Premios Nobel del Jurado, encomiaron su trabajo muy calurosamente haciendo saber que para ello, previamente, se habían asesorado de otros compañeros suyos, también Premios Nobel, expertos en los campos de Astrofísica y Cosmología.

En varias ocasiones, en otros artículos de divulgación, nos hemos referido a los impresionantes hallazgos en los que ha participado importantemente el Dr. Rebolo. Más aun, en una de las últimas celebraciones anuales de "Los Mejores de La verdad", en su edición de Murcia, el Dr. Rebolo fue el galardonado dentro del área de Ciencia e Investigación, rememorando en el acto de entrega algunas de sus anécdotas juveniles cartageneras. El Dr. Rebolo desde 1984 realiza su labor investigadora (es Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en las excelentes instalaciones del Instituto de Astrofísica de Canarias. Bastantes de sus aportaciones investigadoras han sido de un gran impacto internacional, como algunas de las que reseñaremos brevemente a continuación.

ÉXITOS. Concretamente, en 1988, sus estudios sobre la abundancia de litio en las estrellas más antiguas de nuestra galaxia permitieron establecer restricciones a la densidad bariónica, parámetro del que depende esencialmente la composición química de la materia emergente del Big Bang. Colaborando con otros investigadores, fue en 1994, tras 10 años de trabajo, cuando en la revista Nature el Dr. Rebolo publicó la primera detección de estructuras en el fondo cósmico de microondas, que es la radiación que emergió del Big Bang. Es decir, la portadora de la huella de las primeras inhomogeneidades en el plasma primordial que, después, darían lugar a la estructura, en gran escala, del Universo.

En 1995, también en la revista Nature, su grupo investigador publicó el descubrimiento, por primera vez, de una estrella enana marrón, en la constelación de las Pléyades. La revista Nature destacaba el artículo en su cubierta, con el titular "Las enanas marrones existen: oficial". Las enanas marrones son cuerpos poco luminosos de tamaño similar a Júpiter y masas entre 15 y 75 veces mayores. Ese descubrimiento ha permitido saber que su número puede ser miles de millones, tan numerosas como las estrellas de nuestra galaxia.

En 1998 en la revista Science apareció su trabajo sobre la detección directa de un cuerpo con 25 veces la masa de Júpiter (una enana marrón) alrededor de una estrella cercana, fuera del sistema solar. En 1999, ahora en la revista Nature, publicó la primera demostración de que los agujeros negros se podían formar a partir de explosiones de supernovas, concretamente en GRO J1655-40. En el 2000, nuevamente en Science, el grupo de Rebolo, mostraba las primeras pruebas directas de la detección directa de planetas gigantes (con masas 5-10 veces superiores a las de Júpiter) aislados de estrellas y en proceso de formación, en un cúmulo estelar muy joven situado en la región de Orión.

Lo mejor de todo es que la juventud del Dr. Rebolo y la pujanza de su equipo investigador parecen hacer garantizar que nos encontramos no al final de una excelente trayectoria, sino en pleno recorrido de un excepcional camino científico de grandes descubrimientos que reportará grandes satisfacciones para la Ciencia española, ayudando al conocimiento de nuestro Universo y sirviendo de ejemplo y de estímulo para los jóvenes científicos españoles que inician su andadura.