Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El enigma Neandertal

A mediados del siglo XVII, un arzobispo de la Iglesia Anglicana de Inglaterra, el arzobispo Ussher, postuló que la fecha exacta de creación del mundo fue el día 22 de octubre del año 4004 antes de Cristo, exactamente a las 9 de la mañana. Y hace menos de 150 años, un afamado biólogo marino, Philip Henry Goose, sostenía que la creación de Adán y Eva había sido simultánea a la de los fósiles.

En ese entorno de dogmatismo anticientífico, a principios del siglo XIX, sin embargo, ya existían muchos naturalistas abiertos a nuevas ideas que pudieran explicar más satisfactoriamente fenómenos como el origen y evolución del Universo, de la vida y del hombre. El ejemplo más esclarecedor fue el de Charles Robert Darwin quien, en 1838, quedaba impresionado por una expresión contenida en el libro de Malthus Un ensayo sobre el principio de la población: " la lucha por la existencia". Tras el viaje del Beagle sus reflexiones evolutivas se concretan en muchos libros y escritos, de los que el más afamado es El origen del hombre

EVOLUCIÓN. Mediante el conocido como principio de oportunismo en la evolución Darwin aclaró que es la selección natural la que se beneficia de las variaciones hereditarias que se producen al azar y que como consecuencia de ese proceso se va construyendo algo que es favorable para el organismo ya que facilita su supervivencia. Sobre el origen del hombre, su clarividencia fue asombrosa. En contra de la idea popular nunca pronunció ni escribió la frase "el hombre desciende del mono". Su acertado razonamiento fue que tanto el hombre como los antropoides tuvieron su origen en un progenitor previo común, como expone textualmente en el capítulo XXI del libro citado anteriormente: "...y que una multitud de hechos análogos, todo a una, lleva del modo más manifiesto a la conclusión de que el hombre es codescendiente, con otros mamíferos, de un progenitor común". Pero las diferencias entre los descendientes son enormes: "No puede abrigarse la menor duda acerca de la inmensidad que separa el espíritu del hombre más bajo del animal más elevado. Si un mono antropomorfo pudiera juzgarse desapasionadamente, admitiría que, aunque sea capaz de concebir un plan ingenioso para robar en un jardín, de usar piedras para combatir sus enemigos o para cascar nueces, sin embargo, está muy lejos de convertir una piedra en herramienta, mucho menos de resolver un problema matemático, reflexionar en Dios o admirar una gran escena de la naturaleza...". Pero Darwin aun llegó más allá, al considerar que la cuna de la Humanidad debería hallarse en África.

Se acepta que el progenitor común, el eslabón perdido, era un primate, diferente de los monos y hombres actuales, del que partieron diversas y divergentes ramas de descendencia que, a lo largo de centenares de miles de años de evolución y adaptación, desembocarían en diversas especies de monos antropomorfos (parecidos al hombre) y a diferentes homínidos. Muchos de estos últimos se extinguieron hace decenas o centenas de miles de años, pero conocemos de su existencia por los fósiles hallados: Australopithecus, Pithecantropus o Neanderthal. Por el contrario, el Homo sapiens actual sería el producto final evolutivo procedente del Cromagnon.

NEANDERTALES. En 1856, en Neander, un pueblecito situado a 10 km de Dusseldorf, en Alemania, unos trabajadores descubrieron unos huesos en una cueva que los antropólogos reconocieron como pertenecientes a una antigua raza de hombres como los neandertales. En realidad, los primeros restos antropológicos pertenecientes a neandertales se descubrieron en 1848 de forma accidental en Gibraltar, antes del descubrimiento del fósil del valle del Neander, pero no se identificaron como una especie propia. Posteriormente se localizaron otros fósiles en Francia, España, Italia, Yugoslavia, Iraq, China, Java e Israel.

Los neandertales poseían un cráneo de paredes gruesas, achatado y alargado, con arcos superciliares marcados, en contraste con los cráneos más redondeados del hombre moderno, con las paredes óseas más delgadas. Disponían de una alta capacidad craneal (1.450 centímetros cúbicos). y de una fuerte musculatura adaptada a su forma de vida cazadora-recolectora en un medio ambiente que con frecuencia era extremadamente frío. Eran grupos reducidos, con baja densidad de población y hay pruebas de que eran cazadores hábiles aunque también se dedicaron a la pesca. La recolección tuvo un papel muy destacado en la obtención de alimento, casi al mismo nivel que la caza. Con ellos aparecen las primeras muestras de prácticas religiosas, al enterrar a los muertos.

Compartían los Neandertales ciertas características anatómicas craneales con otros homínidos asiáticos de una antigüedad de 500.000 años, pero parece que prácticamente fueron la única especie de esta clase en un largo periodo, entre hace unos 200.000 y 30.000 años. En este momento desaparecieron del registro arqueológico europeo, coincidiendo con que hace unos 40.000 años llegaron a Europa, a España, los primeros humanos modernos, los Homo sapiens, los hombres de cromañón de frente elevada y barbilla perfectamente definida, que habían llegado a dominar el arte de fabricar diversidad de utensilios de piedra, hueso y marfil, usando joyas y adornos de concha y hueso.

DESAPARICIÓN. Para explicar la desaparición de los Neandertales se han manejado varias posibilidades: a) Fueron eliminados por los cromañones, con los que entraron en conflicto directo; b) Sus formas de vida eran muy diferentes y la eliminación se produjo como consecuencia de su competición económica y por los recursos; c) Rápidamente evolucionaron hasta convertirse en modernos; d) Se mezclaron ambas especies y los genes de los invasores modernos engulleron rápidamente a los de los neandertales. Las dos últimas hipótesis implican alguna forma de continuidad de las especies, en contra de la situación de separación de las dos primeras.

¿Qué es lo que realmente ocurrió?. ¿Fue un proceso gradual o abrupto?. La mayoría de los paleoantropólogos aceptan que los cromañones fueron nuestros tatarabuelos, pero no así los neandertales. Sin embargo, de vez en cuando se producen hallazgos que apuntan hacia otras direcciones, lo que hace que esta discusión sea vigente y acalorada. Por ejemplo, existen datos de que al sur del valle del Ebro los neandertales locales sobrevivían al menos 5.000 a 10.000 años después de la llegada de las poblaciones modernas a las zonas adyacentes del norte de España o de la costa mediterránea, Y este mismo año 1999, ciertos científicos portugueses han propuesto que el esqueleto de un niño de 4 años de edad desenterrado a finales de 1998 en el yacimiento de Lagar Velho, en Portugal, con 24.500 años de antigüedad, representa no el resultado de un cruce casual neandertal-moderno sino el producto de varios milenios de hibridación entre la población residente neandertal y el invasor Homo sapiens.

Sin embargo, los primeros y escasos datos aportados por las modernas técnicas de la Biología Molecular han conseguido comparar el ADN de las muestras del esqueleto neandertal encontrado cerca de Dusseldorf en 1856 con ADN humano contemporáneo y los resultados sugieren que los neandertales y los hombres actuales constituyen líneas evolutivas separadas. En suma, que el enigma neandertal continúa.