Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Del oráculo de Delfos al presidente Roosevelt

En algunas ocasiones nos hemos ocupado en esta misma sección de la utilidad de la aplicación de las técnicas científicas actuales a fin de resolver incógnitas y misterios pasados. En el portal Internet de Ciencia y Salud de este periódico (www.laverdad.es/cienciaysalud) el lector puede encontrar más de una veintena de artículos dedicados a ello, donde se analizan aspectos muy diversos que van desde las posibles causas reales de las muertes de Alejandro Magno, Mozart, el rey Midas o Anastasia, hasta los fundamentos de la desaparición de la civilización maya, del secreto de los violines Stradivarius o del hundimiento del Titanic. Hoy, con brevedad, vamos a intentar realizar algunos comentarios, a la luz de los conocimientos actuales, sobre otros pequeños y grandes enigmas del pasado.

DELFOS. En la antigua Grecia la importancia del oráculo de Delfos era determinante. Considerada por los antiguos griegos como centro de la tierra, la ciudad se encontraba en la ladera suroccidental del monte Parnaso, a 9,5 km del golfo de Corinto. Sede del oráculo de la diosa de la tierra Gaya, la leyenda contaba que Apolo había derrotado a su guardiana, la monstruosa serpiente Pitón, tras lo cual el dios Apolo compartía el santuario con el dios Dionisio. Una vieja sacerdotisa principal de nombre Pitia era la intercesora entre Apolo y los ciudadanos y gobernantes que acudían a realizar las consultas. El oráculo de Delfos tuvo actividad hasta el 390 d.C., año en que lo clausuró el emperador Teodosio I.

De acuerdo con los relatos de Plutarco, quien durante un cierto tiempo permaneció en el templo como sacerdote de alto rango, ciertas emisiones gaseosas producidas en el templo hacían caer a Pitia en un estado de trance que favorecía la elaboración de sus predicciones crípticas. Hace algo más de un siglo fracasó el intento de un grupo de arqueólogos franceses en la búsqueda de algún tipo de emanaciones gaseosas. Pero otras investigaciones recientes, realizadas por el equipo del doctor J.Z. de Boer de la Universidad Wesleyan, han tenido mejor éxito y, procedentes de capas bituminosas profundas, han encontrado mezclas de los gases etano, metano y etileno en varios nacimientos de agua cercanos al lugar del oráculo. De hecho, el etileno fue usado en el pasado como anestésico y produce efectos eufóricos idénticos a los que describió Plutarco que sufría la sacerdotisa Pitia.

Otro hecho diferente. Herodes el Grande (73-4 a.C.) tuvo un largo y eficaz reinado. Pero ha pasado a la historia, según la tradición cristiana y judía, como un traidor responsable de la matanza de los santos inocentes, según el relato de Mateo (2,16). En relación con la causa de su muerte los escritos de la época señalan que el rey sufría de problemas respiratorios e intestinales, intensos picores, convulsiones generalizadas y gangrena en los genitales, por lo que se venía aceptando que había sido víctima de una gonorrea. Sin embargo, al doctor Jan Hirschmann de la Universidad de Washington le intrigaba el caso, lo estudió con toda profundidad y sus conclusiones, presentadas en la Conferencia Anual de Patología Clínica Histórica celebrada en Baltimore, sugieren que Herodes sufrió una combinación de enfermedad crónica renal junto con una infrecuente infección genital masculina conocida como gangrena de Fournier.

SAN LUCAS. El compañero y amigo de san Pablo parece ser que le acompañó durante su encarcelamiento (Rom. 16,21; II Tim. 4,11) y la tradición de la iglesia católica indica que fue médico, autor del libro de los Hechos de los Apóstoles y del tercer Evangelio sinóptico. Sin embargo otros datos tienden a señalar que Lucas podría haber nacido en Siria hacia el 150 d.C. y haber muerto a los 84 años en Tebas, Grecia. La realidad es que casi nada se sabe respecto a su nacimiento y muerte, pero los análisis de ADN podrían arrojar alguna pista al respecto.

En la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences se ha publicado una investigación sobre esta cuestión, a partir de unos restos atribuidos a Lucas, primeramente inhumados en Grecia, trasladados a Constantinopla en el año 338 y, posteriormente, depositados en Padua, algo antes del año 1177. Para intentar aclarar si los restos eran de un sirio, como parece que era el origen de San Lucas, o si pertenecían a alguna persona griega, el grupo investigador dirigido por el profesor Guido Barbujani de la Universidad italiana de Ferrara ha comparado el ADN procedente de la dentadura del esqueleto de Ferrrara con el ADN de las poblaciones actuales de Siria y Grecia. Los resultados obtenidos de los análisis de las secuencias genéticas han confirmado que los restos analizados tienen una probabilidad tres veces superior de tener un origen sirio que griego.

ROOSELVELT. Demos un salto histórico de casi 2000 años. La historia contemporánea nos dice que en 1921, una docena de años antes de convertirse en el 32 presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt fue víctima de la poliomielitis, que le produjo unas limitaciones motoras que estamos acostumbrados a ver reflejadas en los testimonios gráficos de la época.

Sin embargo, el asunto no resulta tan claro para Armond Goldman y su equipo investigador de la Medical Branch de la Universidad de Texas. Por ello, han analizado una infinidad de documentación, aparte de todas las historias y registros médicos existentes, incluyendo la correspondencia personal y familiar. También han tenido en cuenta los registros sobre la incidencia de polio y otras enfermedades entre los adultos. Sus hallazgos se publican en el número del presente mes de noviembre del Journal of Medical Biography. Su conclusión es que la tardía aparición de la enfermedad, la naturaleza simétrica de su parálisis, la rápida parálisis facial y las disfunciones intestinales y de vejiga urinaria no casan bien con una poliomielitis paralítica que afecta a las neuronas, pero si lo hace con un típico y raro síndrome de Guillain-Barré, cuyo primer caso se había caracterizado tan solo unos años antes, en 1916, permaneciendo olvidado hasta unas décadas después. Una aproximación matemática a todos los factores implicados ha mostrado que esta posibilidad tiene un 30% más de probabilidad de ser aplicable a Roosevelt que la de la poliomielitis. En cualquier caso, un tratamiento adecuado de la enfermedad de Guillain-Barré no se desarrolló hasta varias décadas más tarde.