Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Hernández Ardieta, ¿Loco o sabio?

Hernández Ardieta, ¿Loco o sabio?

Murciano, científico, profesor, médico, licenciado en Derecho canónico, colaborador de la Enciclopedia francesa, amigo de numerosos sabios de otros países, traductor, sacerdote, excomulgado, casado, separado, cantonal, librepensador, masón, colonizador en América, fallecido en el seno de la Iglesia, etc., etc.

Gracias a mi amigo y compañero profesor García-Borrón he podido conocer algo de la principal obra de este extraordinario personaje del que hoy nos ocuparemos. El profesor José Carlos García-Borrón, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y presidente de la European Society of Pigment Cell es sobrino del que fue internacional cardiólogo lorquino, Dr. Rafael Méndez, por lo que han pasado a sus manos algunos de los valiosos libros de la biblioteca de su tío. De este modo he podido disfrutar ampliamente con uno de ellos: "Química Biológica", dos tomos de casi 700 páginas cada uno, publicado en Barcelona, en 1898, por "H-Ardieta".

CIENCIA. La Bioquímica, o Química Biológica, como se le denominaba, es una ciencia joven. Consultando su historia se suele citar que el término bioquímica fue introducido por vez primera por Hoppe-Seyler, en 1877, en el primer número de la revista Zeitschrift für Physiologische Chemie. Sin embargo, en lo referente a nuestro país, el papel de Ardieta ha permanecido prácticamente en el olvido, a pesar de ser el primer autor español de un amplio libro sobre esta materia, con los únicos precedentes incompletos, en 1879, de unos capítulos del Tratado de Gabriel de la Puerta, catedrático de Química Orgánica en la Facultad de Farmacia de Madrid y de la traducción desde el alemán, en 1891, del "Tratado de Química Biológica" de Wurz, realizada por el valenciano Vicente Peset.

Lo más sorprendente en la obra de Ardieta es que, en 1898, tuviese una concepción tan clara y moderna del papel de la ciencia en relación con la Fisiología y la Medicina. He aquí unas muestras:

"Partiendo del concepto general de la vida, sin preocuparme por las opiniones de las escuelas sobre su definición o metafísica acepto la definición de que la vida es el estado de actividad de la sustancia organizada", es decir, que la pretendida fuerza vital era sólo una ilusión.

"Es indudable que los nuevos derroteros…en las investigaciones biológicas ….traerán consigo el derrumbamiento y la abolición de todo lo que el empirismo, la rutina y la vanidad humana han creado de convencional, dándolo como incuestionable y axiomático".

"Se piensa con el cerebro;..se piensa, al menos como instrumento, con las moléculas de carbono, de oxígeno y de fósforo de la sustancia gris, y según sean las relaciones de posición y de de naturaleza de estas moléculas, se piensa mejor o peor, desde los absurdos de la estupidez o de la locura, hasta las sublimes lucubraciones del genio"

"Los estudios biológicos a los cuales se da hoy capital importancia en todos los países civilizados, apenas si han merecido una mención, puramente honorífica, en el vigente plan de estudios…¿Tienen la culpa las clases médicas de España de que en los centros docentes…no se les haya hablado siquiera de las ciencias biológicas y de sus fecundas aplicaciones al ejercicio de la profesión médica?...¡Qué aberración!"

EL HOMBRE. José Hernández Ardieta nació, en 1838, en el paraje de Las Moreras, término municipal de Torre Pacheco (Murcia). En sus estudios del Instituto dos profesores dejaron su huella profunda: don Lope Gisbert, matemático, enciclopédico y políglota; don Olayo Díaz, médico librepensador aficionado a la meteorología, cuyos descubrimientos comunicaba y eran muy apreciados por diversos observatorios europeos y americanos. Dada su oposición a los dogmas, sin vocación, por la presión materna, ingresó en el Seminario. Sus calificaciones fueron brillantes y se graduó posteriormente en Derecho canónico en Valencia llegando a ser profesor de Física y Química, de modo que la lección inaugural del curso 1863-64 en el Seminario la impartió en latín sobre el tema de Tempus et spatium. Unos años antes, aprovechando una generosa dádiva de su tía Joaquina, marchó a París, donde permaneció un mes y entabló una buena amistad con el famoso filólogo y filósofo francés Emilio Littré, a través del cual conoció a personajes como Beaumont o Claude Bernard, aparte de serle encargada una monografía, incluida en la Enciclopedia francesa sobre el tema "Concepto, historia y caracteres de lo sobrenatural". A lo largo de su vida también visitó Hernández Ardieta diversos países europeos y americanos.

Tras finalizar los estudios eclesiásticos se trasladó a Madrid, donde comenzó a cursar estudios de Medicina y se introdujo en el ambiente liberal y de la masonería. En 1869 culminó su crisis religiosa y personal y se trasladó a La Unión (Murcia), donde con un tío suyo, clérigo creó un periódico y un Instituto de primera y segunda enseñanza, con gran éxito, siendo profesor de diversas asignaturas. Ese mismo año el obispo de la diócesis, tras entrevistarse con él y ante su manifiesta oposición a cualquier sentimiento religioso, le retiró las licencias eclesiásticas. Poco después se enamora de Encarnación y se traslada a Torrevieja donde contrae matrimonio civil con ella. Por esa época se sitúa su estrecha colaboración aventurera cantonal con Antonete Gálvez y, tras un forzado exilio portugués, en 1874, marchó a Bolivia donde durante varios años fue director de la colonia "El Progreso", un intento fracasado de sociedad igualitaria fraternal y filantrópica. Allí escribió la obra "La Religión y el progreso humano", publicada en Montevideo.

FINAL. Tras ello, nuevas y continuas vicisitudes. Ataque del ejército chileno, instigado por los jesuitas; huída y regreso a Murcia; redactor jefe del seminario anticlerical "El Profeta"; en 1886, director del bisemanario "El Libre Pensamiento"; creación del Ateneo murciano y de la Sociedad de Amigos del Progreso; reo de apostasía y excomunión;publicación de "Historia de una excomunión. Episodio de la lucha contemporánea entre el libre pensamiento y el clericalismo"; marcha a Madrid; publicación de "El excomulgado o las bodas de un presbítero"; penurias sin fin; traslado a Barcelona; primer director, por recomendación de Giner de los Rios, de la Institución Libre de la Enseñanza, en Sabadell; publicación de "Memorias íntimas de un librepensador" en dos volúmenes, en 1894-1895; traducción del inglés de "Anales de las ciencias médicas : resumen y examen crítico de los progresos y trabajos de interés e importancia relativos a los nuevos tratamientos de las enfermedades" de J. Mitchell Bruce; publicación de "Química biológica aplicada a la higiene y a la patología humana"; de " ¡Cien años de vida sana!. La longevidad o arte de vivir mucho tiempo sin molestias ni enfermedades"; y, en 1902, de "Sugestión. Su importancia religiosa moral y jurídica. Estudio psicofisiológico".

Sintiéndose enfermo, en 1904 redacta y firma un documento de retractación y abjuración, acogiéndolo la Iglesia en el Seminario de las Corts, donde vivió piadosamente y tradujo y publicó el "Diccionario enciclopédico de la Teología católica" de Wetzar y Welter. Se rumoreó que se iba a hacer cargo de la dirección del recientemente fundado periódico La verdad, pero solo volvió a su tierra fugazmente, hacia 1906, falleciendo en Barcelona en 1912.

De la extraordinaria vida y obras de Hernández Ardieta se han ocupado los escritores Francisco Alemán Sáinz y Juan García Abellán, aportando datos de gran interés, pero desde posiciones ideológicas marcadas, por lo que sería de gran interés una nueva y profunda investigación sobre el personaje y sobre el significado científico y social que supuso.