Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Las desdichas de un sabio

Las desdichas de un sabio

La sustancia cuya fabricación descubrió ayudó a cambiar el mundo, según los entendidos, más que lo hizo la propia Revolución francesa. La Academia francesa había establecido, en 1775, un premio de 2400 francos para quien lo lograra. Los ingleses habían estado buscando el procedimiento durante más de 40 años pero todos sus esfuerzos resultaron inútiles.

Nicolás Leblanc (1742-1806), médico y químico francés, en 1784, se interesó por el tema y, tras 6 años de trabajo, descubrió el sistema de fabricación de la sosa artificial a partir de la sal común, el cloruro sódico, tan abundante en la Naturaleza. Comenzaba el esplendor de la sosa y las desventuras de Leblanc, que le condujeron, ahora hace 200 años, a la ruina, desesperación y suicidio.

SOSA. La sosa de la que tratamos no es la sosa caústica (hidróxido sódico) sino el carbonato sódico o sosa comercial. Los egipcios ya la conocían y usaban para la fabricación del vidrio (fundiéndola con arena de sílice y caliza) y para limpiar grasas. Se encuentra en la naturaleza en los estratos de sal y también disuelta en las aguas de lagos interiores, llamados lagos de sosa. Abundaba principalmente en las costas del río Natrón, de donde procede el nombre latino que tiene el sodio (Natrium) y su símbolo químico Na.

En lugares donde no habían fuentes de este tipo, el carbonato de sodio se solía obtener de las cenizas de las algas y de otras plantas alcalinas y se conocía como cenizas de sosa. De las más apreciadas, para la fabricación de vidrios especiales, eran las españolas procedente de Alicante, Cartagena y Málaga.

A mitad del siglo XVIII la sustancia adquirió una importancia especial debido al problema del blanqueo de las lanas escocesas. Escocia, con su clima húmedo, poseía grandes rebaños de ovejas. Para blanquear, no sólo la lana, sino el algodón y el lino, se había descubierto la utilidad del uso de lejías preparadas con cenizas vegetales que contenían altas proporciones de potasa (carbonato potásico) y sosa (carbonato sódico), procedentes de la incineración de árboles (hayas) y de plantas barrilleras alcalinas que crecen en terrenos salitrosos. Pero el gran desarrollo de la industria textil agotaba los bosques europeos y amenazaba seriamente a los americanos. De ahí la institución del premio ya citado por parte de la Academia francesa. El método descubierto por Leblanc cuya licencia y patente le fue concedida en 1791 contaba de dos etapas principales. En la primera, se hacía reaccionar la sal común con ácido sulfúrico, para producir sulfato sódico. En la segunda, el sulfato sódico se calcinaba con caliza y carbón para obtener el carbonato sódico o sosa comercial.

CONSECUENCIAS. Para financiar la construcción de una primera fábrica, Leblanc hubo de vender su proceso técnico al duque de Orleáns, quien se autodenominaba Alteza Serenísima. De este modo, a la orillas del Sena, donde actualmente se sitúa la estación RER de la Universidad de Nanterre, comenzó a operar la primera fábrica de sosa comercial, con una producción de 200 o 300 kilos diarios. Sin embargo, fueron los ingleses los más beneficiados por el proceso ya que, lanzados en 1823 a una gran aventura industrial, en 1885 eran capaces de producir más de 150.000 toneladas anuales de sosa por el método Leblanc.

Las consecuencias del abaratamiento de la sosa cambiaron el mundo de la época. La industria textil inició un despegue espectacular, debido al desarrollo de productos rápidos y baratos para blanquear las fibras.

El uso adecuado de la sosa en la producción del vidrio permitió mejorar enormemente su calidad lo que facilitó su uso no solo ornamental sino para la construcción de instrumentos ópticos de calidad. Y se popularizó su consumo en objetos de uso corriente como botellas, vasos y otros utensilios.

La industria jabonera también experimentó la influencia favorable de disponer de sosa. El jabón duro, sales sódicas de los ácidos grasos, se puede obtener a partir de la combinación de las grasas con un álcali. El uso de la sosa comercial como álcali permitió bajar el precio de fabricación con lo que el jabón pasó de ser un artículo de lujo a considerarse un producto de utilización corriente.

De modo más indirecto, los beneficios también llegaron a otras muchas actividades, como la industria de los muebles, cuya fabricación a gran escala demandaba de grandes cantidades de cola, para cuya obtención se usaban residuos animales que escaseaban. El ácido clorhídrico, obtenido como subproducto de la industria de la sosa, se pudo utilizar para la disgregación química de huesos animales y obtención de las grandes cantidades de cola que demandaba la industria del mueble.

La necesidad de ácido sulfúrico para la obtención de la sosa comercial, facilitó y abarató la producción del ácido, haciendo posible su empleo en trabajos de metalisteria y el posterior desarrollo de industrias como la de colorantes, fertilizantes y fibras artificiales, entre otros.

LEBLANC. Teóricamente esta época debería haber sido la de gloria para el inventor. Pero el 12 de octubre de 1789 había tenido lugar el asalto a La Bastilla, que iniciaba el proceso social y político conocido como Revolución francesa, que se extendería hasta 1799. El socio de Leblanc, el duque de Orleáns, Su Alteza Serenísima, se creía a salvo ya que, oportunamente, había votado en la Cámara, en enero de 1793, a favor de la muerte de su primo el rey Luis XVI. Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero, pero, fruto de los ímpetus revolucionarios, el 6 de noviembre, el duque seguía la misma suerte. La fábrica de sosa fue secuestrada, todo su contenido fue vendido y los obreros dispersados. Poco tiempo después el Comité de Salud Pública intentaba remediar las consecuencias desastrosas del hecho y reunía a una serie de presuntos expertos para solucionar el problema. Incapaces de hacerlo, apelaron al patriotismo de Leblanc, quien les reveló los secretos de la fabricación.

¿Su recompensa?. Casi la miseria, cambiando continuamente de tareas. La más penosa de las que se le encomendó fue la de responsabilizarle de hacer el inventario del laboratorio de Lavoisier, maestro venerado, fallecido en 1794, para proceder a la venta de
su contenido. En marzo de 1799 el Ministerio del Interior acordó conceder a Leblanc una recompensa de 3000 francos, pero diversas excusas administrativas hicieron que solo recibiera 600. El 16 de enero de 1806 se suicidó. Medio siglo después, a título póstumo, el Segundo Imperio reconocía oficialmente su condición de inventor de la sosa artificial y concedía a sus descendientes una renta.

El método químico desarrollado por Leblanc tuvo vigencia industrial y comercial más de 60 años tras su muerte, hasta que hacia 1870 fue sustituido por el método Solvay, más rentable económicamente.