Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Pasteur, cien años después

Hace un siglo, el 27 de septiembre de 1895, a los 73 años, cuando intentaba tomar un poco de leche, exclamó Louis Pasteur desanimadamente: "no doy más". Tras permanecer inmóvil unas 24 horas fallecía el gran científico quien por propia descripción era "un hombre que cree que la Ciencia y la paz triunfarán sobre la ignorancia y la guerra, que los pueblos se pondrán de acuerdo no para destruir, sino para edificar y que el porvenir pertenece a quienes más hayan luchado por la Humanidad sufriente". El mundo científico declaró 1995 como Año Pasteur.

Sin duda, esos augurios humanistas siguen estando lejos de ser realidad, pero la figura científica de su autor continúa engrandeciéndose y su espíritu sigue viviendo en su heredero científico: el Instituto Pasteur. Ese idealismo personal era ya patente en el joven que a los 26 años quedaba profundamente marcado por la revolución de 1848 que auguraba una república fraterna. De ahí su gesto patriótico de enrolarse en la Guardia Nacional y dar todo su dinero, 150 francos, al altar de la Patria.

DESCUBRIMIENTOS. Louis Pasteur ocupa un lugar único en las ciencias biológicas y médicas por la novedad y desarrollo de sus métodos y por la trascendencia de sus descubrimientos. Y, aunque por formación no era biólogo ni médico, sino químico, su vocación, entusiasmo e inteligencia posibilitaron que una sola persona pudiera resolver, entre otros, los secretos de muchos fenómenos importantes y diversos. Entre ellos, el de la racemización de las moléculas, la fermentación alcohólica y otras diferentes fermentaciones, la existencia de formas de vida anaerobias, la pasterización, la teoría del germen, la falsedad de la existencia de la generación espontánea, el aislamiento del bacilo del carbunco y la preparación de vacunas. Vacunas que fueron eficaces contra el carbunco y otras enfermedades como la rabia, producida por virus, cuya naturaleza se desconocía totalmente en aquella época, etcétera.

Siempre apasionado por la Ciencia, en la Escuela Normal Superior de París quedó fascinado por las enseñanzas químicas del profesor Dumas, pasando los domingos trabajando en uno de sus laboratorios de la Sorbona. A los 26 años, tras realizar su tesis doctoral en temas de física y química, abordó y resolvió un enigma que se había resistido a los grandes científicos del siglo XIX, la racemización del ácido tartárico, con lo que quedaban establecidos los fundamentos de la posterior Estereoquímica. Sabiamente dedujo que la disimetría molecular era propia de las sustancias de los seres vivos: "ya es misteriosa la causa que preside la asimetría en las sustancias orgánicas, pero ¿por qué se da en ella - la vida- una simetría dada y no la opuesta?". Consciente de su descubrimiento escribió: "se ha arrojado la luz más viva sobre la causa de la polarización rotatoria...y se ha abierto a las ciencias un gran camino nuevo e imprevisto". El impacto que produjo queda reflejado por el hecho de que el científico Biot, quien se había dedicado infructuosamente a ello, a sus 75 años abrazase al joven Pasteur diciéndole: "mi querido muchacho he amado tanto las ciencias en mi vida que todo esto me hace palpitar el corazón".

VINO. Pronto Pasteur fue nombrado profesor suplente de química en la Universidad de Estrasburgo, en una región industrial y vinícola como Lille, lo que favoreció su interés hacia las fermentaciones, logrando resolver brillantemente (véase la referencia en Alimentación y Salud) el grave problema que los productores franceses de vino tenían planteado. Ello sirvió también para que desarrollasen sistemas para realizar y controlar diversos tipos de fermentaciones a partir de otros productos, aclarando el mecanismo íntimo de sus reacciones y los microorganismos participantes. Con ello comenzó a aplicarse el procedimiento de pasterización y se facilitó la creación de industrias racionalizadas de fabricación de quesos, vinagres y otros productos.

Contemporáneamente con ello, Pasteur llegó a una extraordinaria conclusión, contraria a lo hasta entonces establecido sobre los seres vivos: es posible la vida en ausencia de aire, en condiciones anaerobias, de lo que también se derivaban importantes consecuencias prácticas. De todos modos, en 1857, Pasteur pasa a París a la Escuela Normal Superior, donde se dedica con pasión a otra gran cuestión pendiente candente, la de la postulada existencia de la generación espontánea. La Académie des Sciences hace una convocatoria al respecto y tras un corto tiempo Pasteur presenta su memoria en la que demuestra que las generaciones espontáneas se deben a la contaminación de los líquidos de cultivo con gérmenes del aire. Sus sencillas técnicas para evitar la contaminación son, sin duda, el origen de las de esterilización de los medios de cultivos y posibilitan el nacimiento de una nueva Ciencia de gran importancia teórica y práctica, la bacteriología o microbiología, a la que posteriormente le dedicó Pasteur un gran tratado. Fascinado por todo ello el científico Tyndall escribió: " raramente como en este ensayo inmortal la claridad, la fuerza y la conciencia se han manifestado de manera más sorprendente, junto a una consumada habilidad en la ejecución".

MEDICINA. A partir de 1860, se intensifican los estudios de Pasteur relacionando gérmenes y enfermedades. Se entusiasma con las lecciones de Fisiología que imparte el padre de esta Ciencia, Claude Bernard, en el College de France. Es la época del gran esplendor científico de Pasteur. Descubre las causas y busca soluciones para dos enfermedades que afectan al gusano de seda, la pebrina y la muscardina. Pero, sobre todo, consigue esclarecer el papel de los microbios en las enfermedades contagiosas de los animales y hombres, concibiendo éstas ocasionadas por la intervención de gérmenes microbianos, que logran penetrar en el organismo. Ello supone tremendas y acaloradas discusiones en la Academia de Medicina de París, que le enfrentan con los médicos tradicionalistas, incapaces de admitir que un químico posea la verdad médica. Sin embargo, otros muchos médicos se convencen pronto, entre ellos un gran amigo de Pasteur y gran cirujano, el inglés Lister, quien para evitar las infecciones quirúrgicas comienza a aplicar diversas y útiles técnicas.

Todo ello supone un gran paso en la transformación de la Medicina en verdadera Ciencia y se suceden una serie de éxitos de Pasteur en el terreno médico. Entre ellos la caracterización del germen del carbunco, el Bacillus anthracis, continuando con el cólera de las gallinas, la obtención de una vacuna eficaz contra el carbunco, o su más conocida y brillante consecución, la de la vacuna contra la rabia. Esta última tarea fue comenzada en 1880, sin saber que la enfermedad era producida por un virus, y sin poder conocer ni cómo cultivarlo ni cómo inocularlo. Sin embargo, cinco años después, en julio de 1885 se atreve a ensayar su vacuna, con todo éxito, sobre el niño alsaciano de 9 años Joseph Meister quien había recibido previamente hasta 14 mordeduras de un perro rabioso.

Se acerca el fin. Pasteur había quedado hemipléjico en 1868, pero ello no le impidió el resto de su vida realizar sus investigaciones e incluso asistir a la inauguración de su soñado Instituto de Investigación dotado con más y mejores medios. Era muy consciente de la importancia de sus consecuciones, pero como escribió: "sin que me permita concesión alguna a mezclar la vanidad del descubridor en la exposición de mi pensamiento. Ha de ser grato a Dios que nunca sean posibles personalismos en este medio. Son como páginas en la historia...que escribimos con aquel sentimiento de dignidad que el amor a la verdad inspira siempre a la Ciencia". Una gran lección de un gran científico y un gran hombre para todos los científicos y para todos los hombres.