Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El misterio de Anastasia

El Santo Sínodo de los Obispos de la Iglesia ortodoxa rusa decidió hace poco más de dos semanas sumar a su lista de más de 10.000 santos y mártires los nombres del zar Nicolás II, su esposa y cinco hijos, incluyendo entre ellos a la controvertida Anastasia, a quien Ingrid Bergman le dio vida cinematográfica en una inolvidable interpretación.

La aprobación final, posiblemente, ocurrirá el próximo febrero en la reunión plenaria del Sínodo Congregacional. Hasta la fecha este Sínodo nunca ha rechazado ninguna petición de canonización procedente de los obispos. Ello contrasta, sin duda, con el calificativo tradicional dado por el antiguo régimen comunista a la familia Romanov: "chupadores de la sangre del pueblo ruso". Pero, sea cuál sea el juicio que nos puedan merecer los Romanov, no cabe duda que el drama del asesinato de la familia real rusa por los bolcheviques tuvo una gran repercusión en la moderna historia mundial. Repercusión que va mucho más allá de lo que significó la desaparición esa dinastía, tras casi 300 años de poder absoluto. El misterio rodeó su muerte o asesinato y la posible existencia de supervivientes, como la mítica Anastasia, ha colmado de controversias a ese trascendente hecho histórico. Pero, hace unos meses, las modernas técnicas forenses de análisis de las huellas del ADN, han resuelto buena parte de las incógnitas existentes.

EL ASESINATO. La revolución rusa de 1917 la protagonizaron los bolcheviques (conducidos por Lenin, Trotsky y Stalin) y los mencheviques. Tras su destronamiento, el zar y su familia fueron exiliados al pueblecito de Ekaterinburg, en la Rusia central. El 20 de mayo de 1918 fueron hechos prisioneros por los bolcheviques y llevados prisioneros a un pueblo cercano, Alapayevsk. En la noche del 16 de julio fueron encerrados, en una bodega, el zar, la zarina Alejandra, sus cuatro hijas (Olga, Tatiana, María, Anastasia), su único hijo Alexei, tres de sus sirvientes y el médico de la familia, Eugenio Botkin, es decir, un total de 11 personas. Allí los ejecutó un escuadrón mandado por Yakov Yukorovsky, mediante ráfagas de disparos y bayonetazos. La muerte de las zarinas, madre e hijas, fue lenta, ya que sus cuerpos resultaron protegidos por multitud de joyas que ocultaban bajo sus corsés. Según el periódico local, la ejecución se realizó "sin formalidades burguesas, pero de acuerdo con nuestros nuevos principios democráticos".

¿Qué pasó con los cadáveres?. ¿Hubo supervivientes?. Parece ser que los cuerpos, destripados, se intentaron transportar en un camión hasta una mina, pero una avería hizo que se depositasen en una fosa, junto a la carretera, donde arrojaron ácido sulfúrico para evitar identificaciones, aplanando posteriormente el terreno. El investigador Nikolai Sokolov realizó una excelente indagación entre 1918 y 1919, que recogió en un informe de 7 volúmenes que, desde entonces, sirvió de punto de referencia al respecto. Sin embargo, los restos permanecieron sin descubrir. Pero, en abril de 1989, a través de una entrevista publicada en MOSCOW NEWS, el director cinematográfico Geli Ryabov reveló que, junto al geólogo Alexander Avdonin, había localizado el lugar en Yekaterinburg, a unos 10 kilómetros del sitio descrito por Sokolov.

En julio de 1991 Boris Yetsin autorizó la correspondiente exhumación y allí se encontraron más de 1000 fragmentos óseos correspondientes, según los estudios forenses, a 5 hembras y 4 varones, por lo que, de tratarse de los Romanov, faltaban dos esqueletos, corroborando la versión existente del jefe del escuadrón de ejecución, Yarovski, quien, en su momento, afirmó que se habían quemado dos cuerpos, el de Alexei y el de una de sus hermanas. Los esqueletos hallados presentaban evidencias de maltrato antes de la muerte, orificios de balas en algunos cráneos y huellas de bayonetazos. ¿Se trataban realmente de los restos de la familia real rusa?. ¿Se podrían identificar los restos?.

ADN ANALIZADO. En 1992, Pavel Ivanov, un experto ruso en análisis de huellas genéticas del ADN, pidió la colaboración del Dr. Peter Gill, del Servicio Forense Británico a fin de investigar el ADN nuclear y mitocondrial (éste se transmite solo por vía materna) de las muestras óseas. Para el ADN nuclear se aplicó la técnica de amplificación de los lugares STR (Short Tandem Repeats), secuencias específicas cortas, presentes en el ADN de cada esqueleto. Se confirmó que correspondían a 4 varones y 5 hembras (3 de ellas niñas), siendo uno de los varones y una de las hembras los padres de las tres niñas. Ello reforzaba el relato de Yarovski de que faltaban los restos de Alexei y de una de las zarinas.

Las pruebas con el ADN mitocondrial fueron confirmatorias. Una muestra de sangre fresca procedente del duque de Edimburgo, sobrino-nieto por rama materna, reafirmó el parentesco entre las niñas y la identificación de la madre. La del presunto zar, se realizó por comparación con muestras procedentes de dos parientes maternos alejados, Xenia Sfiri y el duque de Fifi, descendientes de la abuela del zar. Ambos presentaron idéntica secuencia genética que la del presunto zar, a excepción del nucleótido en posición 16169, lo que es explicable por un fenómeno denominado heteroplasmia, fenómeno también presente en los restos correspondientes a una de las hijas. Cuando la Iglesia Ortodoxa Rusa pidió más pruebas, se procedió a la exhumación de los restos del gran Duque Georgij, cuyo ADN analizado en EE.UU, también presentó una heteroplasmia idéntica.

ANASTASIA, ¿IMPOSTORA?. Anna Anderson Manahan, una inmigrante americana, fallecida en 1984, desde su lejana aparición en Berlín, no dejó de reclamar, durante toda su vida, que era la hija más joven del zar, la zarina Anastasia. Según su relato había sobrevivido, malherida e inconsciente, a la ejecución, siendo salvada por un soldado ruso que, posteriormente, fue muerto.

Nuevamente el ADN extraído de los restos y amplificado mediante la técnica conocida como PCR, reacción de la polimerasa en cadena, ha sido determinante en la solución de esta intriga. Anna Anderson no solo no tenía relación alguna con la familia real rusa, sino que su ADN se corresponde estrictamente al de un inmigrante procedente de Pomerania, región limítrofe entre Polonia y Alemania. Este inmigrante era nieto de una polaca, Franzisca Schanzkowska y, curiosamente, un investigador privado, basándose en ciertas evidencias, ya había sugerido hace muchos años que ese era el verdadero nombre de Anna Anderson.

El comentado es, pues, un claro ejemplo de cómo las modernas técnicas genéticas ayudan a resolver enigmas históricos tan intrigantes como el que durante cerca de 80 años ha supuesto la muerte violenta de la familia real rusa a manos de los bolcheviques.