Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

…Y mañana, ¿es Navidad?

Navidad 2000. Fin de siglo y de milenio. Ambiente festivo e invernal, belenes, villancicos, árboles navideños, tarjetas de felicitación, los tres Reyes Magos... Efectivamente, hoy es 24 de diciembre de 2000 pero, ¿debemos celebrar mañana los 2000 años transcurridos desde la primera Navidad?. ¿Son genuinos los signos externos de la Navidad que estos días nos rodean y abruman?

La contestación correcta consistiría en un rotundo NO. Aunque, necesariamente, hemos de movernos en un terreno preñado de conjeturas, las investigaciones históricas y astronómicas tienden a señalar que, más acertadamente, la conmemoración 2000 del nacimiento de Cristo, debería haberse realizado hace unos cinco años y en otra época del año, en primavera. Aparte de que la polémica sobre el inicio del nuevo siglo y milenio también está incorrectamente planteada. Ya habría tenido lugar, unos días después de esa verdadera Navidad 2000 que nos pasó inadvertida.

EVANGELIOS. Como es lógico respecto a este tema, las referencias más precisas a las que acudir serían las evangélicas, más concretamente las de los relatos de San Mateo y San Lucas. De ellas, Mateo (2, 1-3) y Lucas (2, 1-8), se puede deducir que, coincidiendo con el nacimiento de Jesús, reinaba en Judea Herodes el Grande, se estaba realizando un censo y que Cirinio era gobernador de Siria.

Según la Investigación histórica, Herodes murió antes de la Pascua Judía, pocos días después de un eclipse de Luna que pudo verse en Jericó. Astronómicamente, ello es congruente con el eclipse que tuvo lugar, según nuestro actual calendario, el 13 de marzo del año 4 a.C. Por otra parte, el evangelista San Mateo (2, 16) afirma que, en vida, Herodes mandó matar a todos los niños menores de dos años de edad que había en Belén y alrededores, lo que obliga a pensar, atendiendo a este evangelista, en un nacimiento de Jesús acaecido entre los años 7 a. C y 5 a.C. Respecto a los censos, en sus 40 años de gobierno, Augusto César mandó hacer tres censos tributarios cuya confección sería, lógicamente, lenta: en los años 28 a.C., 8 a.C. y 14 d.C. Y en cuanto a Cirinio, aunque según los datos históricos no fue gobernador de Siria hasta el 6 d.C., es cierto que había desempeñado varios cargos gubernamentales desde los años 6 a.C y 5 a.C. El margen, pues, siguiendo a Lucas, se ampliaría hasta cubrir desde el 8 a.C. al 14 d.C.

CALENDARIO. Hasta el siglo VI se usaba el calendario romano, basado en los años transcurridos desde la fundación de Roma. En el año 532, Dionisio el Exiguo, monje y astrónomo, propuso al obispo Petronio un nuevo calendario cristiano que tuviese como base el nacimiento de Jesús. Para confeccionarlo, el método empleado por Dionisio fue el de escribir una relación de todos los emperadores romanos, desde adelante hacia atrás, contabilizando los años de gobierno de cada uno de ellos. Aunque el principio utilizado era válido, Dionisio cometió dos equivocaciones fundamentales: La primera fue la de marcar la fecha del nacimiento de Jesús como año 1, en lugar de 0. (Obsérvese que la consideración de este hecho resuelve las polémicas sobre si el inicio de siglo y milenio era el 1 de enero de 2000 o el 1 de enero de 2001. También ello significa que la Navidad de 2000 conmemora 1999 años transcurridos, no 2000, tras la primera Navidad). La corrección de este error, a fin de que el calendario actual sea más preciso, nos llevaría a cambiar de fecha para la primera Navidad, que tendría que ser la del año -1, a fin de que la Navidad 2000 celebrase realmente los 2000 años transcurridos tras la primera. El segundo error, más importante, consistió en que Dionisio no tuvo en cuenta que Augusto César había gobernado con su verdadero nombre, Octavio, durante 4 años. Por tanto, es necesario realizar otra nueva corrección, que significaría que nos llevaría a que el nacimiento de Jesús tuvo lugar en el año 5 a.C. de nuestro calendario actual.

En cuanto a la fecha del 25 de diciembre, o próximas, se corresponde a las de las fiestas paganas, conmemorativas del solsticio del invierno, cuando comienza el renacimiento del Sol y el alargamiento de los días. Frecuentemente se asociaban esas fechas a los nacimientos de los dioses: Horus (Egipto), Dionisio (Grecia), Baco (Roma), Mitra (India), Buda (Oriente). Fue a mitad del s. IV cuando la Iglesia decidió absorber y cristianizar las fiestas paganas, unificando la fecha del 25 de diciembre, que en España ratificó, en el año 380, el Concilio de Zaragoza. Antes del s. IV, por ejemplo, los armenios celebraban la Navidad el 6 de enero y los egipcios y griegos el 8 de enero.

Entonces, ¿en qué día y mes se debería celebrar la Navidad?. Se carece de datos para responder con una contestación fundamentada, pero el Evangelio de San Lucas señala la falta de sitio en la posada y que los pastores de la región velaban la noche vigilando el ganado. Los alojamientos ocupados sugieren una época próxima a la Pascua Judía, días en los que el pueblo se trasladaba a las ciudades para celebrarla. En cuanto a los pastores, en invierno guardaban el ganado en corrales, y para pasar al raso la noche sería más congruente pensar en los meses primaverales, en los que los rebaños pacen y tienen lugar los partos.

LA ESTRELLA. El Evangelio de San Mateo (2, 1-9), el protoevangelio de Santiago (Evangelios apócrifos), y una epístola de San Ignacio de Antioquia (s. I) son los documentos más importantes de este extraordinario hecho astronómico que guió a los Tres Reyes Magos, quienes a la luz de diversos estudios posiblemente no eran Reyes, ni tampoco Magos, aunque sí personajes importantes en aquella época, unos astrólogos procedentes de Babilonia, en número igual o diferente a tres.

Las posibilidades que se han manejado para explicar el relato son variadas: la de un cometa, una supernova, un planeta, una conjunción de planetas, una lluvia de estrellas fugaces, una nova, etcétera. Varias de ellas se han desechado por razones diversas. Algunos astrónomos como los prestigiosos Mark Kidger, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, y Dr. Humphreys de la Royal Astronomical Society, ofrecen una posibilidad más completa, que también se ajusta a la cronología comentada anteriormente. En el año 7 a.C. tuvo lugar una conjunción triple planetaria (estudiada por Kepler) durante un espacio de 6 meses, a la que se refiere una reciente arcilla de la época encontrada en Babilonia. Ocurrió entre Júpiter y Saturno, en la constelación de Piscis, de gran importancia para los judíos. Este hecho alertaría a los astrólogos sobre un acontecimiento importante por ocurrir. Y en el año 6 a.C. Marte, Júpiter y Saturno se agruparon muy próximamente, en la constelación de Piscis. Era la nueva señal de alarma, que llegaría a su culminación cuando en la primavera del año 5 a.C. tuvo lugar un acontecimiento astronómico crucial recogido en las crónicas coreanas y chinas de la época, posiblemente originado por la observación de una nova, entre las constelaciones del Águila y Capricornio. Las nova son estrellas que producen un gran brillo como consecuencia de las reacciones nucleares explosivas que tienen lugar en sus capas externas. Según los relatos, conservados hasta hoy, permaneció visible durante 70 días, tiempo suficiente para que los Magos realizasen el desplazamiento desde Babilonia a Belén.