Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Guerra biológica e historia

Guerra biológica e historia
Ilustración :: ÁLEX

El reciente anuncio de que miembros del FBI van a visitar a una buena parte de los científicos americanos para asegurar su colaboración contra el bioterrorismo me ha hecho recordar. Sucedía hace unos 20 años. Gorbachov iniciaba su etapa de Presidente de la Unión Soviética (1988-1991). Había propuesto poner en marcha sus conceptos de Perestroika y Glasnost, con una cierta democratización de la vida política, transformando el férreo sistema de gestión centralizado en otro menos rígido. La URSS era un hervidero crítico. En el año 1991 se producía su colapso.

VISITA
En ese entorno, mi amigo Manuel Cortijo, entonces catedrático de Química Física de la Universidad de Granada y presidente del Comité de amistad hispano-soviético, me propuso formar parte de una pequeña delegación científica española, para visitar ciertos centros soviéticos científicos de vanguardia, en un viaje subvencionado parcialmente por la que era poderosísima Academia de Ciencia de la Unión Soviética, así como por nosotros mismos.

Aparte de vivir in situ la calamitosa situación soviética tuvimos ciertos privilegios, impensables hasta entonces: una relativa libertad de desplazamientos, visitar a algunas personas libremente o permitirnos la entrada a algunas ciudades científicas prohibidas. De todo aquel cúmulo de experiencias destaco sólo dos.

La primera, una visita. Los científicos rusos eran pioneros en algunas aplicaciones físicas para instrumentos usados en el estudio de macromoléculas. El profesor Cortijo era un gran amigo personal de uno de ellos, quien unos años antes había sido galardonado con el Premio Nobel de Física. Sin ser un claro disidente no gozaba de los favores oficiales por haber expresado ciertas críticas al sistema. Dos de nosotros acompañamos a Manolo al bloque de viviendas de la Academia de Ciencias de la URSS donde el físico soviético tenía adjudicada la suya. La entrada del bloque era deprimente y la vivienda, de menos de 60 m2, de una tremenda modestia espartana, consistía en una habitación dormitorio-comedor-cocina-despacho. Tras una agradable tarde de charla científica y social, delicadamente, al marcharnos, el profesor Cortijo depositó sobre la mesa un pequeño paquete conteniendo algunos alimentos de los que los moscovitas carecían.

La segunda, otra visita. A una de las varias ciudades científicas prohibidas y a uno de sus más importantes centros investigadores. Tras la impresión recibida al recorrer decenas de kilómetros de una carretera solitaria, con innumerables controles para impedir la circulación, la llegada a una ciudad a la que no se podía entrar ni salir sin unos permisos especialísimos. Tras ello, una interesante visita científica por las imponentes instalaciones y las correspondientes explicaciones oficiales. Pero a la hora de la escueta comida pudimos hablar libremente con nuestros colegas soviéticos. Ante nuestras preguntas, como la ciencia no tiene fronteras, reconocieron que buena parte de su actividad se dedicaba a investigar en guerra biológica, a desarrollar nuevos y más poderosos vectores biológicos capaces de diezmar las tropas y/o la población enemiga. La justificación: la de que en secreto, muchos otros países, como EEUU, lo estaban haciendo también.

PRECEDENTES HISTÓRICOS
Los atentados del 11S aterrorizaron al mundo. Y lo que produjo una verdadera psicosis mundial fue la comprobación de que los grupos terroristas también podían usar las armas biológicas, con la aparición del ¿nuevo? concepto de bioterrorismo tras que, inmediatamente, en otoño del 2001, 12 cartas con ántrax recibidas por medios de comunicación americanos y dos por políticos, produjesen un balance de 5 muertos y 17 heridos y la sensación generalizada de indefensión.

Una cosa son los logros científicos y otra el control de sus aplicaciones, pero la pregunta inmediata es ¿el uso de las armas biológicas y el bioterrorismo son recientes, frutos de los modernos avances científicos?. En absoluto es así.

Para buscar antecedentes retrocedamos hasta el s.V antes de Cristo, con tres ejemplos. 1. Sófocles, en su obra Filoctetes se refiere al mitológico protagonista griego como herido por una flecha envenenada; 2. Herodoto, describía que los escipianos, los arqueros del Mar Negro, usaban puntas de flechas y lanzas envenenadas. El veneno lo obtenían depositando en recipientes cerrados herméticamente algunos componentes venenosos con sangre humana y estiércol. Es indudable a la vista de nuestros conocimientos actuales que el producto obtenido contenía bacterias de la gangrena y el tétanos (Clostridium perfringins y Clostridium tetani), atacando a las células rojas, al sistema nervioso e induciendo una parada respiratoria; 3. Relata Tucídides que los espartanos, durante el asedio a Atenas en la Guerra del Peloponeso, envenenaron los pozos de agua griegos, provocando una epidemia devastadora en la que murieron miles de atenienses. ¿Cuál fue el agente usado?. Algunos investigadores/historiadores apuestan por una forma específica del virus de Ébola, mientras otros señalan a otro muy parecido, el virus Marlburg.
 
En todo caso, la palabra toxina (principio activo venenoso procedente de las bacterias) deriva de la palabra griega toxikon, derivada a su vez de la también griega toxon (flecha).

Otro ejemplo diferente de guerra biológica fue la del gran caudillo cartaginense Aníbal en su ganada gran batalla naval contra Eumenes II, rey de Pérgamo, en el año 190 a. C. Utilizó jarras conteniendo serpientes venenosas que lanzó contra las naves enemigas produciendo el terror y la muerte en sus tripulaciones y soldados.

EJEMPLOS
Las armas biológicas para uso violento son patógenos biológicos (derivados de organismos vivos, incapacitados o muertos) tales como toxinas, virus, hongos o bacterias. Su uso se ha extendido durante siglos, desde las flechas envenenadas de los escitianos o de las guerrillas del Viet Cong, a los pozos envenenados, las bombas con bacterias muertas (Japón, EEUU, Unión Soviética, Iraq), etc.

Saltando al año 1346, la abundancia de ratas entre las tropas tártaras que asediaban Kaffa (la actual Feodosia, en Ucrania) provocó la aparición de la peste bubónica entre sus soldados. Los tártaros catapultaron sus cadáveres al interior de la ciudad y la epidemia subsiguiente provocó el abandono de la misma por parte de sus defensores. La epidemia se fue extendiendo por Europa, llegando a Genova en 1347, poco después Italia, Francia y España. En 1350 había alcanzado Escandinavia y la mortalidad en las ciudades europeas más pobladas llegó a superar el 66%.

En 1710 el ejército ruso usó una táctica semejante en su asedio a Reval, en Estonia.

Con los fines genocidas de reducir la población india nativa, sir Jeffrey Amherst, el comandante de las fuerzas británicas en Norteamérica, en 1754, utilizó el pus y secreciones de sus propios soldados, enfermos de viruela, para distribuirlos en mantas y pañuelos que entregó como obsequios, a los dirigentes indios asistentes a una conferencia que convocó en el Fuerte Pitt.

Alemania, durante la primera guerra mundial inició otras nuevas formas de guerra biológica infectando ovejas, caballos y otros animales en los países enemigos. Los excesos más horribles los cometieron los japoneses desde 1932, en Manchuria, hasta el final de la II Guerra Mundial. Dedicaron a ello a varios miles de científicos y técnicos y muchos miles de prisioneros murieron de “infección experimental”.  Asimismo, lanzaron ratas infectadas sobre 11 ciudades chinas,  contaminaron aguas, y lanzaron agentes biológicos sobre la población desde aviones a baja altura. Gran Bretaña, secretamente, basó su propio programa en el ántrax y bombardeó experimentalmente una pequeña isla, Gruinard, en las costas escocesas. Hasta hoy, su descontaminación total ha sido imposible y se han desarrollado varias epidemias de ántrax en el ganado de las cercanas costas escocesas

Tras ello un interminable número de ejemplos: los experimentos nazis, los proyectos americanos incluyendo la producción de 5000 bombas de ántrax, la guerra de Corea (por parte de EEUU), la de Vietnam (por parte de la URSS), la de Irán-Iraq (por parte de Iraq), etc.

La semana próxima intentaremos analizar la realidad de las amenazas bioterroristas.