Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¡Caliente, caliente!

El próximo martes, día 28 de marzo, tendrá lugar en Berlín la solemne inauguración de la Conferencia mundial sobre el cambio climático, auspiciada por las Naciones Unidas. Simultáneamente, como un símbolo de su probable origen como consecuencia del calentamiento antártico, un gigantesco iceberg, se irá desprendiendo de la costa antártica. Tan grande como Luxemburgo y cinco veces mayor que Andorra, se alejará lentamente el inmenso bloque de hielo, con un espesor de 170 metros, una anchura de 37 kilómetros y una longitud de 77 kilómetros.

El científico Mike Thomson, de la base británica en la Antártida, relaciona este hecho con que en los últimos 50 años la temperatura media local haya sufrido un aumento de 2,5 grados centígrados. Alcanzar los -3ºC actuales ha ocasionado la aparición de amplias zonas de vegetación, en lugares previa y permanentemente helados. Otros datos complementarios, suficientemente contrastados, señalan el aumento de la temperatura media de nuestro planeta, en una cuantía superior al medio grado en el último siglo. Se estima que otro grado más podría transformar profundamente la vida sobre la superficie de la Tierra. Mientras, el nivel del mar se eleva, en algunos lugares, hasta un milímetro por año. Y, todo ello, se achaca al efecto invernadero producido por el acúmulo de gases, tales como el dióxido de carbono, en la atmósfera. Así, desde 1880, la concentración de este gas ha crecido un 25% y la mitad de ese incremento lo ha sido en los últimos 30 años, hasta alcanzar las actuales 335 partes por millón.

CALENTAMIENTO. Es evidente la existencia de una importante alarma mundial sobre el efecto invernadero y sus posibles derivaciones climatológicas. Además, en este siglo, al dióxido de carbono se le han sumado otros gases productores de ese efecto, tales como el metano, óxidos de nitrógeno y clorofluorocarbonados, que ya representan casi un 40% de todo el efecto invernadero. Algunos expertos temen que las inmensas cantidades de dióxido de carbono que, cada año, son captadas por los océanos, pudieran liberarse en un momento dado. No faltan los que especulan sobre las consecuencias del deshielo de grandes extensiones antárticas. Tampoco, quienes afirman ya que los fenómenos simultáneos de desertizaciones y sequías en el sur de Europa y buena parte de África, junto con las grandes lluvias del Norte de Europa, son demostraciones palpables de que el fenómeno invernadero está comenzando a tener consecuencias. Desde luego, es indudable, tal como evidencian algunos de esos hechos, que en las últimas décadas se ha producido un cierto calentamiento en la superficie terrestre. Ello afecta a toda la biosfera, traduciéndose en los Alpes en forma de avance de ciertas plantas hacia cotas cada vez más elevadas. Como el Dr. Beebee de la Universidad británica de Sussex acaba de estudiar, llega a alterar, asimismo, a los ciclos de apareamiento de anfibios tales como ranas. El ciclo se adelanta unos 9-10 días por cada incremento de un grado en las temperaturas máximas, tal como se ha comprobado cuidadosamente en los últimos 16 años en la comarca de Hampshire, donde se han producido incrementos de 0,1-0,2 ºC. anuales en esas temperaturas.

INCERTIDUMBRES. Pero, aunque todo ello sea cierto, no es tan claro que la causa directa sea la efecto invernadero y, aun es mucho más difícil, predecir lo que sucederá en el futuro. En efecto, los estudios sobre registros de temperaturas han de extenderse durante periodos muy largos para poder deducir que se trata de una tendencia estabilizada y no de un simple caso de oscilación temporal, que dura unos cuantos años. Por otra parte, los modelos informáticos desarrollados hasta la fecha sobre el efecto invernadero, son todavía imperfectos y no cubren toda la complejidad de factores existentes, muchos de ellos todavía desconocidos. Como ejemplo concreto podemos volver al inicial de la liberación del inmenso iceberg antártico, cuya desintegración podría hacer peligrosa la navegación por aquellas aguas. La península Antártica es especialmente sensible a fluctuaciones de temperaturas debidas a las complejas interacciones de vientos, corrientes oceánicas o hielos. Así, hace 9 años, en 1986, otros tres inmensos icebergs, mayores que los de este año, ya se desprendieron de modo semejante. Mientras que dos de ellos encallaron pronto, y todavía están allí, el tercero tomó rumbo norte y parte del mismo está alcanzando los trópicos donde finalmente se fundirá.

No podemos olvidar que el tratado de Río de Janeiro, firmado en 1992, ya alertaba firmemente sobre el calentamiento global. Como la próxima reunión de Berlín es una continuación, parece lógico esperar que se logren algunos acuerdos al respecto. Pero, ¿qué clase de acuerdos?. No podemos ignorar que, para algunos países pobres, la preocupación por los gases invernadero es como un lujo, mientras que los países desarrollados quemamos alegremente toneladas y toneladas de combustibles en nuestros automóviles y hogares. También existen otras complicaciones. Por ejemplo, el metano es actualmente un componente importante en el efecto invernadero y este metano se produce intensamente en los grandes campos de cultivos de arroz del Sureste asiático. ¿Se podrían poner límites a esos cultivos?. Incluso hay que tener en cuenta que para otros países, como Rusia, los cambios del efecto invernadero, en lugar de ser desfavorables, podrían resultar muy favorables económicamente, porque afectaría positivamente a su climatología.

COMPROMISOS. Posiblemente, una buena solución global consistiría en establecer, para cada país, una cuota máxima de producción de gases invernadero, cuota basada en su población, en su actual producción y en las expectativas de su crecimiento económico. Mas, hasta que ello sea posible ¿qué hacer?. Como precedente, el protocolo al Tratado de Viena sobre preservación de la capa de ozono, hizo disminuir la producción mundial de clorofluorocarbonados, tras los acuerdos de Montreal. ¿Podría hacerse algo parecido en Berlín?. Para intentarlo, los ministros con competencia en medio ambiente de los 15 países miembros de la Unión Europea, se reunieron hace unos días en Bruselas para procurar llevar a una propuesta conjunta a Berlín. La finalidad buscada es la elaboración de un nuevo protocolo destinado a reducir las emisiones de dióxido de carbono en el horizonte del año 2000. Posiblemente, incluso puedan llegar a pedir que disminuyan las emisiones a los niveles de 1990, cosa que probablemente no se podrá llegar en esta reunión pero que podría ser factibles en la siguiente conferencia, a celebrar en 1997. Para obtener su objetivo los ministros europeos han hecho un listado con medidas recomendables, tales como controlar las emisiones de las grandes plantas de combustión, el uso de instrumentos económicos, la promoción de nuevas fuentes de energía renovables, así como diversos controles que afectan a los transportes. Pero, aunque comenzase ya una acción decidida por parte de los países europeos, en el año 2000 los niveles de emisiones de dióxido de carbono en Europa serán entre el 5 y el 8% superiores a las existentes en el año 1990. Ello se debe al retraso temporal entre medidas y efectos correspondientes,

Otra cuestión crucial a resolver en la reunión de Berlín es cómo tomar, controlar e interpretar, a partir de ahora, todos los datos que deban obtenerse relacionados con el problema del calentamiento global. Hace unos años, la Organización Meteorológica Mundial (WMO) y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (UNEP) crearon el Panel Intergubernamental para el Control Climático (IPCC). Algunos países e instituciones piensan que esta organización debería ser la encargada de llevar a cabo esa importante tarea. Otros apuestan por el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas, ubicado en las cercanías de Viena. Sea cual sea la decisión que se tome, esta semana la reunión de Berlín podría considerarse un éxito si efectivamente sirviese para abordar este problema. Sobre todo, si se aprobase algún tipo de protocolo que permita en el futuro frenar o incluso reducir las emisiones de los gases originadores del efecto invernadero.