Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¡Que calor!

En esta semana se ha celebrado el Día Mundial del Medio Ambiente y 17 grandes Academias científicas mundiales han elaborado un editorial sobre el tema que se ha publicado en las principales revistas científicas del mundo, como Science, relacionado con el cambio climático y el calentamiento de nuestro planeta.

Entre las Academias firmantes se encuentran la Royal Society del Reino Unido, la Academia francesa de las Ciencias, la Academia Alemana Leopoldina de Científicos Naturalistas, la Real Academia Irlandesa, la Academia Nacional Italiana, la Real Academia Sueca de las Ciencias o la Real Academia Flamenca Belga de las Ciencias y de las Artes. Y, entre las ausentes, la más significativa, sin duda, es la Academia Nacional USA de las Ciencias. Mientras, el presidente Bush, que nos visitará estos días, sigue doblegado a los intereses económicos de las grandes empresas petroleras, que apoyaron su campaña electoral, manteniendo su oposición a la ratificación del Protocolo de Kyoto.

MANIFIESTO. La declaración mundial apoyada por esas prestigiosas Instituciones comienza recordando que el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) representa el consenso de la comunidad científica internacional sobre la Ciencia del cambio climático, constituyendo la fuente mundial más fiable de información sobre el cambio climático y sus causas. Que sus procedimientos son prudentes y seguros, aunque la complejidad del tema siempre deja abiertas ciertas incertidumbres. Pero que hay que aceptar la conclusión del IPCC de que, como mínimo con un 90% de probabilidad, las temperaturas continuarán aumentando, con un incremento en la temperatura superficial terrestre, que en el año 2100, respecto a las existentes en 1999, estará comprendido entre 1,4 ºC, en el caso del mejor escenario de los posibles, y 5,8 ºC, si el escenario previsto empeora notablemente. Y que esta mayor temperatura vendrá acompañada de un aumento en el nivel de las aguas marinas, unas más intensas precipitaciones en ciertas áreas geográficas y unas sequías más intensas y pronunciadas en otras áreas. Todo ello se traducirá en efectos adversos sobre la agricultura, la salud humana y los recursos hídricos. Recordemos que más de 2.500 científicos trabajaron en el informe del IPCC durante tres años, lo que le constituye en un consenso internacional global en el tema del cambio climático.

También se destaca el precedente de que, en mayo del 2000, en la reunión de Tokio del IAP (InterAcademy Panel), 63 Academias científicas de todo el mundo apoyaron una declaración sobre la sostenibilidad, ya que "las tendencias globales del cambio climático... hacen crecer la preocupación", urgiendo a trabajar por encontrar un desarrollo sostenible que compagine las necesidades humanas con la preservación del ambiente y de los recursos nacionales necesarios para las generaciones futuras. Y se dejaban claramente establecidos dos principios: que las actividades humanas están contribuyendo adversamente al cambio climático y que, en la actualidad, mantener las actividades contaminantes existentes no puede constituir una opción viable

SOLUCIONES. El manifiesto científico mundial que hoy estamos comentando URGE A TODOS, individuos, empresas, gobiernos, a tomar acciones inmediatas para reducir los gases causantes del efecto invernadero. En 1992, en una reunión convocada por las Naciones Unidas, nada menos que 182 países participantes apoyaron una petición global "para estabilizar las concentraciones atmosféricas de los gases invernaderos en niveles seguros". Como consecuencia de ello se estableció, en 1997, el conocido como Protocolo de Kyoto, firmado por 84 países, en el que, concretamente, se estableció que los países desarrollados tendrían que reducir sus emisiones anuales agregadas para el periodo 2008-2012 en un 5,2% respecto a las emisiones existentes en 1990.

Por ello, la ratificación del Protocolo de Kyoto sería una mínima medida, pero esencial, para una primera etapa con el objetivo de estabilizar la concentración atmosférica de los gases del efecto invernadero. Además, ello ayudaría a crear las bases sobre las que construir un equitativo acuerdo entre los países del mundo desarrollado y del subdesarrollado, a fin de que, a mitad del presente nuevo siglo, se pudiesen adoptar otras medidas complementarias más drásticas que serán imprescindibles.

Las Academias antes citadas estiman que se pueden realizar muchas cosas, sin grandes costos, para reducir las emisiones de los gases perjudiciales, que se deben coordinar mejor todos los esfuerzos, responsabilidad sobre todo de los países desarrollados, que deben estar siempre apoyados en los desarrollos científicos y tecnológicos, con una conclusión final clara: "El balance total de las evidencias científicas demanda que iniciemos inmediatamente etapas efectivas para evitar los cambios dañinos al clima de la Tierra"

USA. Robert May, presidente de la Royal Society del Reino Unido ha declarado que el Manifiesto Mundial de las Academias ha sido provocado, al menos parcialmente, por el reciente rechazo del presidente Bush a la ratificación del Tratado de Kyoto y por la cierta resistencia para hacerlo por parte de otros países, como Australia. La ausencia, entre las Academias firmantes, de la importante NAS (Academia Nacional USA de las Ciencias), no es irreversible. Entre las excusas que han manifestado desde la NAS figuran la premura en la decisión, que el Protocolo de Kyoto es más regulador que científico y, sobre todo, que esa Academia está realizando una evaluación científica propia del informe del IPCC, por lo que no quieren prejuzgar los resultados.

Así es, ya que durante los próximos días, un panel de 11 miembros de la NAS tratará de estudiar si sus deducciones coinciden con las del resto del mundo científico, evaluando si el cambio climático ya está teniendo lugar, cuál es la contribución de la actividad humana y cuál será el incremento previsible de la temperatura. Entre los participantes se incluyen a 7 académicos de la NAS, como el Dr. Rowland, Premio Nobel por sus descubrimientos sobre las sustancias químicas que destruyen la capa de ozono y muy señalado por sus demandas de tomar medidas al respecto; como el Dr. Hansen, quien recientemente ha sugerido la adición del hollín a la lista de contaminantes recogidos en Kyoto; pero también como el meteorólogo Richard Lindzen, un escéptico del calentamiento global. Y Jack Townsend, ex director del Centro Espacial Goddard de la NASA, ha resumido una preocupación generalizada de que "la NAS no es independiente en el sentido de que reciben financiación gubernamental para realizar sus estudios. Y no pueden golpear demasiado a sus clientes".

Mientras tanto, las noticias científicas sobre el calentamiento global siguen sucediéndose continuamente. Por ejemplo el célebre explorador Boerge Ousland, quien posee varias marcas mundiales de esquí de larga distancia, acaba de recorrer más de 2.000 kilómetros, durante 82 días, desde el Norte de Rusia al Polo Norte y Canadá. Por encargo del Instituto Polar de Noruega ha realizado medidas del espesor de la capa de hielo polar. En los últimos 30 años la disminución ha sido del 40%, y en los últimos siete años el proceso se ha acelerado. Por otra parte, en el reciente Congreso celebrado en Boston por la AGU (American Geophysical Union) se han presentado los resultados obtenidos mediante observaciones con satélites comparando la situación actual de todos los glaciares montañosos del mundo en relación con los registros fotográficos históricos existentes. Y la conclusión ha sido clara: los glaciares montañosos están en clara recesión, con significativas disminuciones de sus tamaños en la última década, ocurriendo el proceso en casi todas las zonas geográficas estudiadas, siendo el proceso más acelerado para los glaciares montañosos que para los polares.

Es bien conocida la idea de que poseemos la Tierra como un préstamo de nuestros hijos y descendientes. Oigamos las advertencias de los científicos y exijamos a nuestros gobernantes que tomen medidas positivas contra la degradación del medio ambiente, a fin de que las generaciones futuras no sufran las consecuencias de una herencia indeseable.