Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Se podrían predecir los maremotos?

¿Se podrían predecir los maremotos?

¿Es inexorable el Destino?. Así parecen indicarlo las palabras bíblicas (Eclesiástico, III,I): Ómnibus hora certa est, et tempos suum cuilibet caepto sub caelis, es decir, para todo hay un momento marcado, y cada hecho tiene marcado su tiempo en el cielo. Es el mismo fatalismo que le hace decir a Lope de Vega (en su obra Lo que ha de ser, acto III, escena XII): Siempre fue lo que ha de ser, por más que el hombre se guarde. Y es también la misma actitud que muchos ciudadanos y víctimas han tenido ante la terrible y cercana catástrofe del reciente maremoto que ha asolado los países del sudeste asiático provocando unas trescientas mil víctimas.

¿Se puede hacer algo para prevenir los maremotos?. Hace unos días, Robert Sanders, responsable de relaciones informativas de la universidad californiana de Berkeley, emitía un comunicado (http://www.berkeley.edu/news/media/releases/2005/01/20_marshes.shtml) señalando que un equipo de investigadores, entre los que se encontraban algunos de esa Universidad había descubierto que suelen producirse señales de alerta observables con una antelación de entre dos y cinco años antes de que suceda la catástrofe, lo que permitiría adoptar ciertas medidas preventivas.

MAREMOTOS. Como acertadamente señalaba en una Zarabanda publicada en este periódico por el periodista García Martínez, maremoto y tsunami significan lo mismo, en español y japonés, respectivamente. Describen las grandes olas marinas de origen sísmico, causadas normalmente por terremotos submarinos con una magnitud superior a 6,5 en la escala Richter que ocurren a menos de 50 km por debajo del nivel marino. En bastantes casos, el suelo del océano sufre el fenómeno denominado subducción, que según define el diccionario de la Real Academia Española, consiste en el deslizamiento del borde de una placa de la corteza terrestre por debajo del borde de otra.

En efecto, recordemos que la corteza terrestre consiste en placas tectónicas que flotan sobre el magma. Las placas tectónicas continentales son más ligeras que las oceánicas y se sitúan en niveles superiores, mientras que las oceánicas, más pesadas están en el fondo de las aguas oceánicas. Cuando dos placas tectónicas de densidad semejante chocan o se deslizan rozándose, sus "arrugas" hacen aparecer las cordilleras, bien sean éstas marinas o terrestres, mientras que la separación de las placas tectónicas ha posibilitado la formación de continentes.

En cuanto a la subducción, tiene lugar tras el choque de una placa oceánica, más densa, con una continental, más ligera, con lo que aquella se desliza bajo ésta, terminando por producir un seísmo, con las correspondientes alteraciones y movimientos, que da lugar a la ola inicial.

OLAS. Desde el lugar de origen del tren de ondas oscilatorias progresivas se propaga una ola de poca magnitud, inferior a un metro, y una gran longitud de onda (100 a 200 kms) que puede viajar en forma de círculo paulatinamente mayor, cientos de kilómetros por alta mar y alcanzar velocidades en torno a los 800 km/h. La transmisión también se realiza verticalmente, pero a menor velocidad. Todo ello hace que la baja altura sobre el nivel normal del mar, su gran profundidad y el elevado periodo de la onda (de 5 minutos a 1 hora) provoquen que la ola pase desapercibida en medio del océano, por lo que un buque sólo experimenta una subida de altura próxima al medio metro debida a la del nivel del mar, elevación que permanece durante un largo periodo de tiempo (desde minutos a casi una hora). Existe una relación matemática entre la velocidad de la ola y la profundidad marina, por lo que si se conoce ésta y se sabe que está teniendo lugar el movimiento de la ola es posible calcular el tiempo que necesitará para llegar a las costas vecinas. Cuando la ola llega a las aguas poco profundas de la costa, la tremenda masa se transforma súbitamente en un muro de agua de 15 a 30 metros de altura que inunda las costas y es capaz de destruir las poblaciones que encuentre en ella. El proceso suele repetirse varias veces.

PREVENCIÓN. La investigación comentada se basa en que cuando tiene lugar la subducción entre la placa continental (por encima) y la oceánica (por debajo) las características de las placas y sus irregularidades y protuberancias hacen que se produzcan deformaciones en sus roces lo que, a final de cuentas, conduce a un cambio en la inclinación en la placa continental que desciende en la zona inmediata a la costa. Este es un proceso lento, de años, y la variación podría medirse con inclinómetros especiales situados en las zonas costeras lo que alertaría sobre la posibilidad de un posible maremoto, con años de antelación.

Los investigadores lo que han comprobado es que tales desviaciones de inclinación se dieron en las zonas afectadas por maremotos, como el de Alaska de 1964, con esos años de antelación. ¿Cómo lo han hecho?. Los especialistas en micropaleontología han comparado las microfaunas foraminíferas y arcellaceánicas unicelulares que habitaban la zona. Estos organismos poseen conchas que, al morir, se quedan en los sedimentos arenosos. La idea es sencilla. Las formas de agua dulce suelen encontrarse en la costa, cerca del agua, bastantes años antes del maremoto. Pero si se produce el fenómeno de subducción, previo en unos años (2 a 5) al posible maremoto, la bajada del nivel del suelo unos pocos centímetros, hace que vaya muriendo la microfauna de agua dulce y se recupere con otra de agua salobre, todo ello antes de que ocurra el maremoto. Efectivamente así lo han encontrado los investigadores con diferentes muestras recogidas en zonas donde se saben hubieron maremotos, no solo el relativamente reciente de Alaska, sino en otros tres lugares donde el fenómeno se había dado hace 1.670, 1.840 y 3.000 años respectivamente. Todo ello abre buenas perspectivas para la predicción de futuros maremotos en zonas potencialmente peligrosas, midiendo con antelación la variación de la inclinación del borde costero, su descenso, mediante sistemas físicos o biológicos.