Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Cambio climático: ¿Ciencia o demagogia?

Cambio climático: ¿Ciencia o demagogia?

El gran científico y divulgador de la Ciencia Carl Sagan afirmó que no hay un solo tema científico que no pueda ser explicado a nivel popular pero, aunque el cambio climático es un hecho dependiente de parámetros científicos, realmente sería complicado responder con rotundidad afirmativa o negativa a la pregunta del encabezado. ¿Hemos de aceptar las predicciones catastrofistas que, nos dicen, hacen multitud de científicos?. ¿Hemos de ignorarlas, como nos indican otros científicos que piensan que, o bien no hay cambio climático o que, si lo hay, la participación antropogénica de los gases invernadero es mínima?. Ante tal embrollo, ¿cuál sería la postura adecuada?. Y, sobre todo, ¿seremos capaces de delimitar los aspectos científicos y objetivos, más o menos claros, de los que siempre son turbios manejos de las posturas subjetivas ideológicas, frecuentemente politizadas?.

HISTORIA. El cambio climático no es un fenómeno característico de la época que vivimos Dejando aparte las glaciaciones, diversas investigaciones recientes muestran que hace 5200 años hubo una gran fluctuación de la actividad solar y se produjo un extraordinario cambio climático que afectó profundamente a los aproximados 250 millones de seres humanos que poblaban el planeta. Esta es la datación de los restos de algunas plantas que vivían en la zona hoy situada bajo las profundas capas de hielo del glaciar Quelccaya, en los Andes peruanos. La civilización Escita, nombre dado por los escritores griegos clásicos, había desarrollado hacia el año 800 a.C una rica cultura en el sur de Siberia. Los científicos holandeses y rusos que están investigando el tema creen demostrado que ello fue posible por un cambio climático que afectó favorablemente a esa zona. También está documentado que hace unos 1000 años la Tierra estaba mucho más caliente que hoy día, permitiendo ciertas actividades agrícolas y ganaderas de los vikingos en Groenlandia. Por el contrario, durante la así llamada Pequeña Edad de Hielo (del año 1600 al 1800), tras una disminución de la actividad solar, Europa estuvo sometida a fríos intensísimos. Y, más recientemente, los registros nos demuestran que la Tierra se calentó las primeras décadas del siglo XX, se enfrió en las décadas intermedias y comenzó a calentarse de nuevo a partir de 1980. Más aún, estas fluctuaciones climáticas, ocurridas ya en plena etapa del conocido como efecto invernadero, siguieron un curso totalmente paralelo a las que sufrió la actividad solar durante esos mismos años.

La actividad solar, traducible en múltiples consecuencias (radiaciones UV, radiación cósmica, formación de nubes, viento solar, etc.), con independencia de su discutible mayor o menor porcentaje de participación, es un factor a tener en cuenta en el clima. El lector que lo desee puede consultar en la versión electrónica de este periódico (www.laverdad.es, en el portal Ciencia y Salud) un reciente artículo con la opinión de quienes defienden su papel fundamental, por encima del debido a los gases de efecto invernadero. Lo curioso es que en tantas discusiones y especulaciones sobre el tema muchas veces ni siquiera es citado este factor solar.

CIENCIA. ¿Se puede realizar una aproximación científica al problema?. Una afirmación previa importante. Actualmente, las conclusiones hechas en nombre de la Ciencia han de estar basadas, necesariamente, en publicaciones realizadas en revistas científicas de solvencia, tras la correspondiente aprobación de sus jueces editores. La Ciencia ha de basarse en la objetividad, no en la opinión, prejuicio o autoridad. En la disputa histórica entre Galileo Galilei y el Vaticano la objetividad era el arma de Galileo mientras que la del Vaticano era la autoridad. Y ha sido la objetividad la que ha permitido que fenómenos que van más allá de la experiencia humana y del sentido común, como son la antimateria o la curvatura tiempo-espacio, puedan ser descubiertos, investigados y hasta explotados.

En el tema de hoy muchas afirmaciones son realizadas en nombre de la Ciencia cuando más bien son hechas por científicos subjetivamente contaminados por ideologías conservacionistas a ultranza o, por el contrario, protectoras de las peores prácticas capitalistas. Más aún, buena parte de ellos no son siquiera expertos en Clima sino en materias más o menos relacionadas con el mismo.

Lo cierto es que la Ciencia del clima es extraordinariamente compleja. Influyen múltiples factores naturales y otros antropogénicos. Entre los primeros se encuentran la actividad solar ya citada, los volcanes y huracanes, la capacidad de los océanos de actuar como sumideros de dióxido de carbono, la actividad biológica de los seres vivientes o las variaciones de las órbitas terrestres y del campo magnético terrestre. La muestra de los segundos es amplia: modificaciones de la superficie terrestre, emisión de gases invernaderos, formación de aerosoles, etc. Más aún, algunos de estos factores poseen un efecto retroalimentador positivo o negativo. Por ejemplo, un calentamiento inicial hace incrementar el vapor de agua atmosférico lo que amplificará el calentamiento por las fuertes propiedades invernadero del vapor de agua.

COMPLEJIDAD. ¿Cómo puede influir cada uno de los factores anteriores y la suma de todos ellos en un posible cambio climático?. Este es el nudo gordiano del problema. Sin duda, el Organismo internacional más escuchado al respecto es el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change). Sus expertos han elaborado diversos estudios abonando la primacía de la acción de los gases de efecto invernadero. Sin embargo, al analizar sus informes más científicos, en la mayoría de los casos las cifras porcentuales que ofrecen fluctúan en un amplio margen de incertidumbre y sus particularidades están repletas de conjeturas sin resolver. Por otra parte, se suele mostrar al IPCC como un organismo puramente científico y técnico. Es indudable que el trabajo del IPCC se basa en el de relevantes expertos sobre el clima, pero no se puede olvidar que, en sí mismo, el IPCC se compone de representantes gubernamentales, por lo que sus actuaciones no son puramente científicas. En la otra orilla, los condicionamientos pueden ser peores. Algunos estudios, contrarios a los del IPCC, avalados por el aparentemente independiente ESEF (Foro Europeo de la Ciencia y el Ambiente) auspiciado por el Instituto C. Marshall de Washington, han sido financiados, parcialmente, por grandes compañías petroleras contrarias a los compromisos de Kyoto.

En resumen, en el tema del cambio climático intervienen numerosos factores que ni cualitativa ni cuantitativamente están aún bien evaluados. Cualquier afirmación tajante al respecto, en nombre de la Ciencia, es apresurada. Tanto en un sentido como en el opuesto. No existe una base suficiente de doctrina científica comprobada que avale totalmente una teoría. Sin embargo, lo que no tiene discusión, es la procedencia de la adopción de medidas prudentes, como las contempladas en los acuerdos de Kyoto, a fin disminuir los gases invernaderos, pero no sólo del dióxido de carbono. Y no estaría de más que los hombres, que somos capaces de explorar el espacio, pusiésemos, al menos el mismo empeño, en el desarrollo de las energías renovables no contaminantes. Y en especular menos e investigar, investigar mucho más sobre el clima.