Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Los terremotos, ¿son impredecibles?

Para la Humanidad los terremotos han constituido una permanente fuente de temores y supersticiones pues ningún otro desastre natural puede ser tan dañino en tan corto tiempo. Antiguas civilizaciones atribuyeron su origen a los temblores de los dioses, mientras que el clásico poeta latino Lucrecio lo achacaba al hundimiento de tremendas cavernas subterráneas azotadas por el viento.

Actualmente aun nos seguimos preguntando sobre sus causas, su deseada predicción e, incluso, su soñada prevención. Los recientes, pero afortunadamente moderados, seísmos ocurridos en el sureste español nos han avivado temores y preocupaciones al respecto.

LAS CAUSAS. La teoría de las placas tectónicas explica que la superficie de la tierra está recubierta de grandes placas móviles, que se deslizan unas respecto a otras con velocidades del orden de unos pocos centímetros anuales. Ello hace que, con el tiempo, las placas se acerquen, se alejen o se solapen. El nacimiento de las montañas del Himalaya se interpreta, por ello, que es una consecuencia del desplazamiento hacia el interior asiático de la gran placa sobre la que se asienta la India. Las placas no son estáticas ya que nacen en los dorsales de grandes flujos ascendentes y continuos de materia caliente, ligera y delgada y las placas jóvenes al contacto con las aguas oceánicas se enfrían, pero, conforme envejecen, engrosan y compactan, tendiendo a hundirse. En todo caso, el roce entre los bordes de placas puestas en contacto ocasiona alteraciones tales como compresiones y fracturas o fallas. Algunos terremotos tienen lugar cuando se desplazan los bloques que delimitan una falla, para liberar la energía acumulada por las tensiones acumuladas. Pero la mayor parte de los seísmos se producen como consecuencia de la subducción, es decir, el roce y solapamiento de una placa por otra.

La sismicidad de nuestra cuenca mediterránea se debe a que, desde hace 80 millones de años, Africa y Europa se enfrentan, acercándose a una velocidad media cercana al centímetro por año. Concretamente, según datos de los satélites Landsat y Spot, a nivel del meridiano de Argel, se aproximan 6 mm por año, mientras que, a nivel del Cairo, lo hacen a 11 mm. Ese acercamiento y encabalgamiento progresivo de las placas, de los bordes irregulares de los dos continentes, es el que en el pasado formó los Alpes en Europa o las montañas del Atlas en Africa.

En la cuenca mediterránea la localización de las fallas activas se complica ya que la red de las mismas es compleja y difusa. Así, aunque en 1980, un terremoto ocasionó 28.000 muertos en El Asnam, al norte de Argelia, la falla correspondiente fue identificada y estudiada solo una vez ya producida la catástrofe. Y ello, a pesar de que 26 años antes, en el mismo lugar, otra sacudida había devastado Orleansville, como entonces se conocía la población allí existente, provocando más de 1.200 víctimas. El registro y catalogación sistemática de todos los seísmos importantes que ocurren tan solo se realiza a partir de los años 50, tras la instalación de una red sismológica mundial. Por ello los datos anteriores a esa fecha son poco fiables.

Las fallas productoras de terremotos son de tres tipos según sus desplazamientos relativos: en las normales los dos bloques se alejan entre sí, engendrando un ensanchamiento y hundimiento. Las fallas inversas o de cabalgamiento se caracterizan por las fuerzas de comprensión que empujan un bloque sobre el otro. El gran terremoto de Lisboa de 1755 fue debido a una falla de este tipo. En cuanto a las fallas de desplazamiento están acompañadas de deslizamientos horizontales, con encogimiento y extensión. A esta clase corresponde la falla que recorre el sureste español.

PREDICCIÓN Y PREVENCIÓN. Es frecuente escuchar que la mejor prevención es conocer las zonas de riesgo y cultivar el recuerdo histórico, ya que donde se ha dado un terremoto, antes o después, se produce otro. Realmente los mayores seísmos, frecuentemente, están precedidos de ciertos cambios físicos medibles en los lugares cercanos a sus epicentros. Desde 1960 se vienen dedicando grandes esfuerzos científicos a estos temas pero muchos científicos creen que no hay ningún método, con un alto grado de seguridad, capaz de predecir el tiempo, lugar y magnitud de un terremoto

Esa seguridad la proporcionaría el conocimiento exacto de cada falla y de su evolución, pues de acuerdo con el sismólogo David Schwartz "en mayor o menor escala existen hechos físicos que son los que controlan donde tiene lugar una ruptura y cuáles serán sus dimensiones". Para conseguirlo sería preciso detectar y cartografiar las redes de fallas existentes, descifrar los indicios de su existencia, estudiarlas in situ y usar masivamente las nuevas técnicas de imágenes de los satélites que pueden percibir, si es preciso, deformaciones milimétricas del suelo.

Panayiotis Varotsos y sus colegas griegos, los físicos Alexopoulos y Nomicos, se vienen enfrentado a los sismólogos oficiales de su país, protestando por el rechazo a su método VAN de predicción de terremotos. Este se basa basado en su observación de que los materiales bajo estrés emiten señales eléctricas características que se pueden recoger y estudiar. Convencidos de ello, en 7 localizaciones diferentes de Grecia, han montado una estaciones de predicción consistente, cada una de ellas, en una serie de pares de electrodos conectados al suelo, separados por cables de 3-4 kilómetros de longitud, capaces de registrar señales eléctricas claras, desprovistas de ruido de fondo y de efectos ionosféricos. La alteración de la normalidad y periodicidad de las señales la interpretan como signo de estresamiento y de que puede ocurrir un seísmo, dentro de un periodo entre 3 y 6 semanas. Según los autores del método VAN, en los pasados 9 años hasta 11 seísmos de magnitud igual o superior a 5,8 han sacudido Grecia en las zonas que cubre su red y en ese tiempo dieron dos falsas alarmas, pero fueron capaces de predecir 10 de los 11 terremotos con semanas de antelación, fallando solo uno de ellos.

Muchos científicos ponen en duda esos datos. Para discutirlos, el pasado verano se organizó una reunión científica auspiciada, entre otros, por la Royal Society británica. Aunque la controversia continua, el interés se ha avivado, ya que la Agencia Meteorológica japonesa va a invertir cerca de 300 millones de yenes en montar una red de 20 estaciones VAN en una zona, tan sísmicamente peligrosa, como Kobe. Por otra parte el Ministerio de Educación japonés financiará con 20 millones de yenes otras instalaciones VAN de la Universidad Hokkaido e, incluso una Universidad privada, la Tokai, gastará otros 30 millones de yenes en investigaciones sobre el método VAN de predicción de terremotos.