Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Se nos mueren los corales

Los arrecifes de coral se conocen como "las selvas húmedas del mar", pues su papel ecológico es importantísimo, semejante al que, en tierra firme, juegan las selvas húmedas, como las amazónicas. Por ello, es esencial recoger el grito de alarma surgido con motivo de la celebración del último 9º Simposio Internacional de Arrecifes de Coral, en Bali, con la asistencia de más de 1.500 científicos de 52 países.

Los datos son elocuentes. En los últimos años han desaparecido más del 26% de todos los arrecifes de coral. En zonas muy afectadas, como las Islas Maldivas, una cadena de casi 2.000 pequeñas islas coralinas agrupadas en racimos de atolones, en el Océano Índico, o como las Islas Seychelles, en los pasados dos años han muerto más del 90% de los arrecifes de coral. Las poblaciones de coral de 93 países se han degradado gravemente y si continúa la situación actual, en pocos años se habrán destruido el 70% de todos los arrecifes de coral. La interdependencia ecológica que relaciona todos los lugares y seres vivos de nuestro planeta hace que este problema nos afecte intensamente a todos.

ECOLOGÍA. Los ecosistemas de arrecifes de coral están compuestos por una compleja variedad de especies que interaccionan entre sí y con el medio ambiente. El Sol es la fuente primaria de energía para el ecosistema. Por medio de la fotosíntesis, el fitoplancton, las algas y otras plantas usan la energía luminosa para sintetizar nutrientes que constituyen el aporte energético y material para otro gran número de especies (que algunos expertos calculan en cifras cercanas a las 950.000) participantes en el ecosistema: esponjas, anémonas tenticuladas, invertebrados microscópicos briozoos, gusanos de muy variadas clases, estrellas, erizos de mar, diversos mariscos y crustáceos, pulpos, multitud de peces, etc.

Globalmente, los arrecifes de coral representan un 0,1% de toda la superficie terrestre y albergan más del 25% de toda la vida marina. De ahí que constituyan una fuente de riqueza sin igual. Buena parte de los recursos pesqueros mundiales dependen de su buena salud. Se estima que los arrecifes de coral posibilitan medios de vida a unos 500 millones de personas en el mundo, calculándose que los arrecifes de coral suponen unos ingresos anuales, derivados de la pesca y el turismo, de unos 500 mil millones de euros.

Caracterizados por un modo de vida simbiótico muy complejo y versátil los corales constructores de los arrecifes de coral viven en una interfaz entre tierra, atmósfera y océano, en aguas pobres nutritivamente y se desarrollan óptimamente a temperaturas situadas entre 21 ºC y 29,5 ºC, creciendo hacia arriba a una velocidad de entre 1 y 100 cm al año. Un arrecife de coral posee aspecto y consistencia rocosa, con material de exoesqueletos calcáreos procedentes de animales de coral, algas calcáreas rojas y moluscos. Sobre los sedimentos de los esqueletos muertos de generaciones anteriores van creciendo las nuevas capas a una velocidad entre 1 y 100 cm al año. Por ello, algunos arrecifes actuales comenzaron a formarse hace millones de años. La capa externa del arrecife está constituida por pólipos vivos de coral. En el interior de los animales de coral viven ciertas algas unicelulares redondas. Por debajo de los pólipos vivos están los esqueletos calcáreos cubiertos de algas filamentosas y calcáreas. Desde el punto de vista de captación de energía solar, que luego es transmitida en forma de nutrientes a los otros pobladores de los arrecifes coralinos, destacan las algas unicelulares redondas zooxanthellas y las algas verdes filamentosas.

DESTRUCCIÓN. Hasta el año 1992, cuando se celebró en UAM el 7º Simposio Mundial sobre Arrecifes de Coral, se creía que las actividades humanas eran las únicas responsables de la alta degradación observada. Citaremos algunas: 1. La contaminación de los océanos con vertidos de petróleos, pesticidas, metales pesados, u otras sustancias, que envenenan a los pólipos coralinos; 2. Los fertilizantes usados en las prácticas agrícolas que son arrastrados por el agua a los mares y promueven el crecimiento exagerado de poblaciones de algas que pueden entorpecer la actividad biológica de los arrecifes coralinos; 3. Las grandes deforestaciones realizadas en los bosques tropicales que hacen que los ríos arrastren a las costas una gran cantidad de restos que oscurecen las aguas y bloquean la luz solar necesaria para que los corales vivan; 4. La sobreexplotación de materiales procedentes de los arrecifes; 5. La práctica de la pesca con dinamita, cianuro o sustancias cáusticas, que ha causado estragos en la región Indopacífica. Como muestra, ello fue responsable de que entre 1986 y 1991 se destruyesen la mitad de los arrecifes de coral en Filipinas.

Pero a estos peligros locales y regionales se sumó otro, cada vez más importante y frecuente: el del emblanquecimiento, que consiste en la pérdida de las zooxanthellas simbióticas, con lo que se rompe la cadena nutricional, y se decolora el sistema que muere. En 1980 se habían producido algunos casos en los arrecifes cercanos a la Isla de Pascua. El problema se recrudeció cuando en 1982 y 1983 quedó afectada la gran barrera de arrecifes de coral, en el Mar de Coral, cerca de Australia, que es el mayor depósito de coral del mundo, con una longitud de 2.000 km Los investigadores descubrieron que varios factores podían ser los responsables, siendo el más importante el del calentamiento de las aguas, que provoca la ruptura de la simbiosis entre las algas y las células animales que constituyen los corales. Ello da lugar a la expulsión de las algas simbióticas. Las que subsisten pierden sus pigmentos clorofílicos con lo que los tejidos se vuelven translúcidos. El proceso puede revertir con una bajada de la temperatura, pero si ello no ocurre y las algas no vuelven, el coral muere en pocas semanas.

BALI. En el reciente Simposio celebrado en Bali la situación se ha presentado como angustiosa. El episodio de la corriente de El Niño, de hace dos años, hizo aumentar la temperatura del agua en algunas zonas en casi 4 ºC, lo que ha causado grandes desastres en los arrecifes de coral. Y las perspectivas futuras no son muy buenas. De un lado está el efecto invernadero que puede estar provocando el calentamiento global de la Tierra. Por otra parte, el agujero de ozono, con el incremento en las radiaciones ultravioletas, que también favorecen el emblanquecimiento de los corales. Y un tercer nuevo factor, hasta ahora no tenido en cuenta, es el del aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, que afecta desfavorablemente a los procesos de calcificación de los corales. La destrucción acelerada de los corales también impedirá otra posibilidad interesante que se estaba poniendo en marcha: las grandes oportunidades de los ecosistemas marinos de los arrecifes de coral para obtener nuevas sustancias con aplicaciones médicas.

Se han propuesto diversas actuaciones internacionales para frenar los procesos degradativos, pero ninguna será de efectividad inmediata. El único consuelo, hasta que las medidas sean eficaces, es el de confiar en la capacidad de adaptación de los sistemas biológicos para resistir los influjos externos nocivos y para buscar nuevas adaptaciones.