Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Radicales en los templos

Opción 1: Situarse durante 8 horas en las cercanías de una congestionada autopista por la que lleguen a circular hasta 45.000 vehículos diarios con su correspondiente expulsión y diseminación de los gases de combustión. Opción 2: Permanecer durante 8 horas en la tranquila quietud del interior de una iglesia en la que los dormidos sentidos se activan sólo por la luz de las velas encendidas ante los altares y por el intenso aroma del incienso quemado.

¿Cuál de estas dos actividades será más peligrosa para la salud?. Según un artículo que se publicará los próximos días, en el número del mes de diciembre de la prestigiosa revista European Respiratory Journal, fruto de la investigación realizada por un equipo de científicos holandeses, dirigidos por el doctor Theo de Kok de la Universidad de Maastricht, la respuesta es clara y contundente: son mucho más peligrosos para la salud los contaminantes ambientales de la iglesia que los de la autopista.

Como suele ocurrir cada mes y con suficiente antelación un avance de ésta y otras investigaciones incluidas en el número de diciembre de la revista fue ofrecido, por parte de la Oficina de prensa de la publicación a los periodistas y divulgadores científicos que estamos suscritos a su servicio, advirtiendo que la fecha del embargo era la del 24 de noviembre, es decir, que hasta esta fecha no se debería hacer ninguna referencia. Sin embargo, la agencia holandesa de noticias ANP rompió el embargo lo que significó, como es habitual en estos casos, la suspensión del embargo y el que a la citada Agencia se le retire el servicio de prenoticias de la revista.

PM 10. La poco usual investigación realizada por el grupo del Dr. Kok consistió básicamente en medir la calidad del aire de una pequeña capilla y una gran basílica de la región de Maastricht intentando identificar la calidad y cantidad de los principales contaminantes ambientales para compararlos con las medias usuales europeas de lugares que se podrían calificar de normales.

Un cabello humano tiene un diámetro de unas 50 micras (Una micra es la milésima parte de un milímetro). En el aire, una de las principales contaminaciones es debida a su contenido en partículas suspendidas, procedentes de los procesos de combustión, conocidas como PM 10 debido a que su diámetro no supera las 10 micras. En ambientes tranquilos, cuando no son dispersadas por el viento, un gran número de estas partículas se inhalan por la respiración y se alojan en todo el tracto respiratorio atacando e inflamando los tejidos. Por su tamaño mínimo pueden profundizar en los pulmones y dañar a los pequeños conductos de los bronquiolos. Los macrófagos pulmonares que forman parte del arsenal inmunológico de defensa atacan a las PM 10 y estimulan la liberación de ciertas células inflamatorias de la médula ósea. En la intensa contienda algunas partículas PM 10 son capaces de destruir a los macrófagos y de instalarse en los pulmones causando inflamaciones y problemas respiratorios. Otras pueden pasar a la circulación sanguínea y causar daños en el sistema nervioso, corazón y otros tejidos. Por todo ello, su efecto negativo sobre la salud es múltiple: agravamiento del asma, daño pulmonar, complicaciones cardiorrespiratorias, mayores ingresos hospitalarios.

¿Qué sucede con los PM 10 en las iglesias poco ventiladas en las que suele haber velas encendidas o quema de incienso. Kok y sus colegas comprobaron con asombro que a las 9 horas de estar quemando velas el aire de las iglesias llegaba a alcanzar unos niveles de PM 10 de 600 a 1000 microgramos por metro cúbico, es decir, más de cuatro veces superior a los existentes antes de que se oficiase la primera misa matinal. Ello representa de 12 a 20 veces la concentración permitida por las normas europeas para una exposición de 24 horas. Recordemos la relación entre calidad del aire y cantidades de PM 10: Bueno (menos de 60); moderado (61-120); insano (121-350); muy insano (321-425); peligroso (por encima de 425).

PAH. No acaba todo aquí. PAH son las iniciales en inglés de Polycyclic Aromatic Hydrocarbons, es decir, hidrocarburos policíclicos aromáticos, sustancias de muy contrastado efecto cancerígeno. La posibilidad de que la quema de incienso en el interior de las iglesias pudiese aumentar la concentración de los peligrosos PAH ya fue observada años atrás por algunos investigadores. Así, unos científicos de la Universidad suiza de Lausana, un artículo publicado en 1991 en la revista SCIENCE OF THE TOTAL ENVIRONMENT, lo titulaban con la frase "la combustión de velas e incienso como fuente de contaminación".

Se referían en el mismo a una parroquia de Ginebra que para reducir los costos de calefacción fue aislada muy eficazmente, con lo que a los tres años la superficie interior de sus naves estaba ya polvorienta comparada con los normales 10 a 12 años en que solía ocurrir ello en las condiciones previas. La investigación concluía que la causa era la combustión de las velas y del incienso y, de modo particular, que el incienso constituía una importante fuente de PAH.

La EPA, la principal agencia ambiental americana, en 1991, ya publicó un dossier relativo a la contaminación ambiental producida por la combustión de velas e incienso, y en la reciente y comentada investigación de Maastricht también se ha comprobado una clara asociación entre la combustión del incienso y la presencia de altas y peligrosas concentraciones de los PAH o hidrocarburos policíclicos aromáticos.

RADICALES. ¿Y qué sucede con los peligrosos radicales libres tan ligados a todo tipo de patologías y fenómenos degenerativos?. Estas moléculas altamente reactivas afectan y alteran a todo tipo de biomoléculas incluyendo a a nuestros genes. De modo especial dañan al tejido pulmonar y disparan diversas reacciones inflamatorias incluidas varias de ellas muy conectadas a situaciones como el asma o la bronquitis.

Según el doctor Kok, en su investigación también han encontrado en las iglesias examinadas altas concentraciones de varias clases de radicales libres oxidantes, incluso algunos de ellos poco documentados hasta ahora.

A pesar de todo lo expuesto hasta ahora los resultados no deben alarmarnos demasiado. Primero, porque las personas normales, aún las mas devotas religiosamente, no suelen pasar un gran número de horas en el interior de las iglesias. Segundo, porque en España, las tecnologías parecen ganar terreno a las tradiciones y la proporción entre velas eléctricas y velas de cera es cada vez más favorable a las primeras. Lo que si se puede hacer, para disminuir el peligro de los radicales en nuestras iglesias, es reducir en lo posible el abuso del incienso y procurar una mínima aireación de los templos.