Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Dioxina: ¿cuáles son los riesgos?

El caso de la contaminación avícola belga ha puesto en alerta a los consumidores de todo el mundo sobre los peligros de la dioxina. Pero, ¿qué es la dioxina?, ¿cómo se produce?, ¿cómo se extiende su acción?, ¿cómo se acumula?, ¿cuáles son los mecanismos de su actividad?, ¿y sus efectos sobre la salud?. Y lo más importante, ¿cómo podemos disminuir sus riesgos?

"Tras comprobar la existencia de la extensión de contaminación de la dioxina de los piensos hasta los pollos y los huevos, la administración ha prohibido su comercialización a centenares de productores". Aunque nos parezca extraño la frase anterior no se corresponde a los acontecimientos de esta última semana: los pollos y cerdos de Bélgica alimentados con piensos contaminados con grasas que contenían dioxina, sino a algo ocurrido, hace ahora casi dos años, ampliamente, en los estados americanos de Arkansas y Tejas y, de un modo más reducido, en los estados de Carolina del Norte, Indiana y California. La prohibición se extendió hasta que los niveles de dioxina en los productos bajaron a cifras inferiores de una parte por billón (ppb). Y en la memoria de muchas personas queda el recuerdo de los efectos tóxicos debido a la dioxina del Agente Naranja, usado en las deforestaciones de la guerra de Vietnam. O las evacuaciones y efectos sobre las poblaciones cercanas a ciertos desastres industriales como el que ocurrió en Seveso, Italia, el 10 de julio de 1976.

PROCEDENCIA. Los centenares de sustancias que se agrupan bajo el nombre común de dioxina, fundamentalmente se forman durante la combustión de compuestos químicos hidrocarbonados clorados. La principal fuente de dioxina ambiental (95%) procede de la incineración de residuos y basuras cloradas. Asimismo, la contaminación con dioxina se relaciona con las empresas papeleras que usan el cloro como agente blanqueante así como con las factorías que producen los plásticos de polímeros de cloruro de polivinilo (PVC).

Refiriéndonos a ese 95% de dioxinas producidas por la incineración de las basuras sólidas municipales, ello sucede tras la ruptura térmica de los restos metálicos, compuestos clorados y material orgánico, cuando los gases dejan la cámara primaria de combustión a unos 1000 grados centígrados y tales gases se enfrían y condensan, alcanzándose la producción máxima hacia los 300 grados centígrados. El aerotransporte de las dioxinas contamina aguas y plantas que son ingeridas por los animales domésticos, permitiendo la entrada de la dioxina a la cadena alimentaria.

Las normas suecas de emisiones de dioxina de los incineradores de basuras son de las más estrictas, no pudiendo superar la cantidad de 0,1 nanogramo por metro cúbico. Aparte de buscar métodos alternativos para la eliminación de las basuras, los conocimientos tecnológicos actuales, aplicados adecuadamente, permiten controlar y reducir grandemente las cantidades de dioxina producidas en las incineraciones, tal como sucedió en Québec, con una reducción obtenida del 99%.

SALUD. La generalizada distribución de las dioxinas en el ambiente y en los animales hace que "normalmente" cada persona ingiera diariamente unos 120 picogramos de dioxina (1 pg es la billonésima parte de un gramo) a través de su alimentación "normal", no contaminada, de los que, como media, 38 pg corresponden al consumo de vacuno, 24 pg a los productos lácteos, 17 pg directamente de la leche, 13 pg de pollos, 12 pg del cerdo, 8 pg del pescado, 4 pg de los huevos y 2 pg por inhalación. También, como media, el contenido de dioxina en una persona está en el rango de unas pocos ppb, es decir, unos 100 millones de pg.

En los restos arqueológicos antiguos humanos las cantidades halladas de dioxina son mucho más bajas que las actuales, pero no todo lo que ocurre al respecto es negativo, ya que los controles existentes en los últimos años han hecho que la concentración humana de dioxina haya disminuido desde las 18 ppb en 1976 a las 5 ppb de hoy día.

La dioxina, a ciertas concentraciones, causa una serie de problemas en los humanos y animales, incluyendo cáncer, problemas de comportamiento y aprendizaje, desórdenes inmunológicos, diabetes, cloracne, endometriosis, empobrecimiento espermático, disminución de hormonas sexuales femeninas, etcétera. Un reciente trabajo publicado en la revista Environmental Health Perspectives, compara los niveles mínimos de dioxina que ocasionan problemas de salud, con los actuales niveles medios de dioxina (NM) en la población. Los resultados, como mínimo son preocupantes, más aun si se tiene en cuenta que, por diversas razones, muchas personas poseen valores muy superiores a los NM: el cáncer se produce con concentraciones 10.NM; en monos los desórdenes de comportamiento también aparecen a concentraciones 10.NM; en monos y ratones los problemas inmunológicos ocurren a concentraciones semejantes a NM; la disminución de hormonas femeninas a 1,3 NM; la diabetes, la disminución de esperma y la endometriosis a 10 NM. Y no podemos olvidar a los colectivos más expuestos: ciertos trabajadores, pescadores de agua dulce, lactantes de leche materna, etcétera

ACCIONES. Para intentar hacer disminuir los peligros de la contaminación por dioxinas hacen falta que las diferentes administraciones intensifiquen sus esfuerzos normativos y controladores sobre las diversas actividades industriales. Aparte de ello, también caben otras muchas medidas preventivas individuales, de las que citaremos algunas.

Teniendo en cuenta que las papeleras que usan el cloro como blanqueante son una de las primeras fuentes de contaminación, podemos intentar sustituir, al menos parcialmente, el papel blanqueado con cloro por papel reciclado sin blanquear, o por papel reciclado blanqueado por procesos basados en sustancias oxigenadas, o por papel no reciclado pero también blanqueado con sustancias oxigenadas.

Como nuestra exposición potencial a la dioxina se realiza fundamentalmente a través de la alimentación, el consejo general es el de consumir dietas compensadas y bajas en grasas. Ello incluye acciones como las siguientes: seleccionar la carne de vacuno, cerdo o pollo que compremos con el menor contenido posible de grasa; antes de comerlas, eliminar cualquier porción de piel y de grasas; escoger los productos lácteos, incluidos la leche, con un bajo contenido graso; realizar una alimentación variada y moderada incrementando lo más posible el porcentaje de frutas, vegetales, legumbres y cereales.

En conclusión, debemos ser conscientes de los peligros contaminantes de la dioxina y exigir a nuestros gobernantes que se tomen las medidas legislativas y sancionadoras necesarias. Pero, salvo en casos particulares, la situación no solo no debe considerarse como alarmante, sino que ha mejorado de modo importante en los últimos 25 años.