Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un chocolate peligroso

Una rueda de prensa internacional que se celebrará, hoy, en Madrid dará a conocer unas importantes investigaciones sobre la marihuana. En gran parte, una de ellas la ha realizado un equipo investigador español. El interés radica, entre otras facetas, en que las opiniones respecto a las drogas blandas, como la marihuana, frecuentemente se basan en condicionamientos de carácter político o social, que pretenden cubrir el vacío científico existente respecto a sus mecanismos de acción y consecuencias biológicas.

El cannabis es la droga de abuso de mayor consumo en el mundo. La marihuana consiste en la mezcla de hojas, tallos y flores de Cannabis sativa o cáñamo indico. El producto, seco y triturado, se puede fumar en pipas o cigarrillos. Con otros nombres o presentaciones (hierba, chocolate, grifa, etcétera) se puede aspirar, masticar o adicionar a bebidas y alimentos. Su ingrediente activo es el tetrahidrocannabinol, más abundante en la resina (cannabina) obtenida de los ápices florales de las plantas hembras. La resina es recolectada, secada y mezclada con colorantes y aromas constituyendo el chocolate o hachís. La concentración en tetrahidrocannibol de este último es 8 veces superior a la existente en la marihuana normal.

EFECTOS. La marihuana ya se conocía en China unos tres mil años antes de Cristo, utilizándose como sedante o analgésico. A comienzos del presente siglo comenzó su consumo como droga y, a partir de las décadas de los 60 y los 70, su uso se extendió grandemente entre la juventud, sobre todo tras conseguirse la síntesis química del componente activo. En los efectos producidos por la marihuana se describen dos fases, dependientes de la cantidad consumida, las circunstancias acompañantes o la experiencia del consumidor. En la primera fase lo que predomina es la estimulación, la euforia y el mareo. A ella sigue otra fase, caracterizada por la sedación y la tranquilidad placentera. A menudo, se refieren aumentos de percepción sensorial y sensación de placer, acompañados de cambio de humor y de percepción del tiempo, espacio e, incluso, las dimensiones del propio cuerpo. La marihuana posee algunos usos médicos específicos en casos de glaucoma, enfermos terminales u otras circunstancias.

Los efectos negativos incluyen confusión, ataques de ansiedad, miedo, desamparo y pérdida de autocontrol. Las intoxicaciones agudas conducen, entre otras complicaciones, a alucinaciones visuales y reacciones paranoides. Los efectos físicos incluyen enrojecimiento de los ojos, sequedad de boca y garganta, mayor frecuencia cardíaca y descoordinación muscular. El consumo crónico de marihuana no parece producir fuerte adicción física ni su abandono suele ocasionar un típico síndrome de abstinencia, aunque si existe una fuerte dependencia y habituación psicológicas en su consumo.

COMPLICACIONES. La cesación en el consumo de marihuana o hachís produce problemas de dependencia aproximadamente en un 9% de los casos, y los consumidores que han sido habituales suelen presentar irritabilidad, agresividad e inquietud. Usualmente, ello se ha atribuido a que las sustancias cannaboides poseen una vida media muy larga, lo que hace que los efectos de la droga se desvanezcan de un modo muy lento. Otro motivo adicional de preocupación para los consumidores de estas drogas es que, hace unos pocos años, se descubrió, en animales de experimentación, que su consumo incrementaba los defectos de nacimiento en la descendencia, ya que afectaba al material genético, dañándolo. En todo caso, la marihuana, considerada como una droga blanda, tiene despenalizado su consumo en muchos países.

En el último número de la revista SCIENCE, dos investigaciones diferentes proporcionan nuevos datos sobre la marihuana que, a partir de ahora, obligarán a dudar muy seriamente de su carácter de droga aparentemente inocente. Ambos trabajos de Investigación apoyan la idea de que, en el cerebro, la marihuana actúa primando, favoreciendo, la dependencia hacia otras drogas adictivas más peligrosas como la cocaína o los opiáceos.

La primera Investigación se ha realizado en la Facultad de Psicología de la UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, por los investigadores Fernando Rodríguez de Fonseca y Rocío Carrera, con los que han colaborado miembros del Departamento de Neurofarmacología del SCRIPPS RESEARCH INSTITUTE de la Jolla, California. Han investigado, en ratas, los cambios químicos ocasionados en el cerebro con el consumo y posterior retirada de un fuerte cannaboide sintético, el HU-210. Al cesar el consumo, los animales presentan un fuerte incremento cerebral del CRF o factor liberador de la corticotropina, sintetizado en el sistema hipotalámico-hipofisario cerebral. El CRF es una molécula hormonal muy activa del sistema límbico que, investigaciones previas, han demostrado que está relacionada con los síndromes de abstinencia de drogas como el alcohol, cocaína y opiáceos, así como con sus manifestaciones físicas más usuales. También se ha detectado, en esas mismas ratas, un patrón conocido como activación FOS del núcleo central de la amígdala cerebral. Este patrón es idéntico al observado al ocasionado tras la retirada del consumo de drogas fuertes adictivas.

De acuerdo con los autores, ello conduce a pensar que el consumo prolongado de sustancias cannaboides, como la marihuana y el hachís, altera la función del CRF en el sistema límbico cerebral, induciéndose un proceso neuroadaptativo, que puede aumentar la futura vulnerabilidad del individuo hacia la dependencia de otras drogas más potentes.

LOS MECANISMOS. La segunda Investigación, al respecto, también aparecida en SCIENCE, corresponde a unos prestigiosos neurofarmacólogos italianos de la UNIVERSIDAD DE CAGLIARI. Han comprobado la similitud de los mecanismos moleculares de actuación existentes entre la sustancia activa de la marihuana, otro cannaboide sintético diferente y la heroína. En los tres casos se incrementaron los niveles del neurotransmisor dopamina en el nucleo accumbens, una región del sistema límbico cerebral asociada a las acciones adictivas de drogas como la nicotina y la cocaína. Cada droga puede tener un receptor molecular diferente pero, tras el reconocimiento entre droga y receptor específico, en todos los casos, parece activarse, con mayor o menor intensidad, un mismo mecanismo neurotransmisor, mediado por la dopamina.

En resumen, por primera vez, existen fuertes evidencias científicas indicadoras de que la diferencia entre drogas blandas y duras puede ser únicamente un problema de matiz cuantitativo. Existe una gran similitud entre los correspondientes mecanismos moleculares de su actuación y, peor aun, el consumo de las primeras puede predisponer al sistema neuronal cerebral al consumo posterior de otras drogas, más duras y adictivas.