Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Conducción y fármacos

Anualmente, en España, se producen alrededor de 6000 muertes consecuencia de accidentes de tráfico y, debido a ello, casi medio millón de personas llegan a necesitar algún tipo especial de atención. ¿Cuántos de esos accidentes son consecuencia de alteraciones psicomotoras en el conductor, debidas al consumo de fármacos y sustancias análogas, aparte del peligroso y conocido efecto del alcohol?.

Los expertos señalan que las cifras de siniestralidad de la Dirección General de Tráfico son en exceso oficiales, quedando muy por debajo de otras, como las de la Encuesta Nacional de Salud. Sea como fuere, se acepta generalmente que el 15% de todas las discapacidades tienen como causa los traumatismos y que la mitad de éstos lo son por accidentes de tráfico. Asimismo, los años de vida perdidos en los varones, como consecuencia de accidentes de tráfico son un 80% superiores a los perdidos por las isquemias cardíacas, un 100% mayor que los derivados por el cáncer de pulmón y un 150% de los causados por el SIDA o el resto de enfermedades cardiovasculares.

Más aun. Diversas encuestas demuestran que casi un 30% de los conductores de nuestro país toman fármacos regularmente, la mayor parte de ellos de forma crónica, con dos medicamentos diferentes por término medio, aparte de que un 25% de ellos reconocen beber alcohol con cierta regularidad. Se sabe que numerosos fármacos afectan al comportamiento psicomotor de quienes los toman, habiéndose calculado que, hasta el 10% de todas las muertes consecuencia de accidentes de tráfico, tienen su causa última en las desviaciones del comportamiento provocadas por los medicamentos. Sin embargo, cuando ocurre un accidente e interviene la Guardia Civil, aunque suele ser usual realizar unas pruebas de alcoholemia, prácticamente nunca se efectúa una evaluación analítica de medicamentos o drogas. Está claro que, desde el punto de vista científico y sanitario, se hace urgente establecer las oportunas relaciones entre conducción, fármacos, rendimiento psicomotor y accidentalidad.

ENCUENTRO. La importancia de estos hechos hizo que, hace meses, la FUNDACIÓN DR. ANTONIO ESTEVE, de Barcelona, auspiciara una reunión de expertos sobre estos temas. Participaron científicos básicos, investigadores clínicos, médicos asistenciales, representaciones de las administraciones, farmacéuticos, etcétera. El contenido de las ponencias y discusiones habidas acaba de publicarse, en forma de una monografía, titulada FÁRMACOS Y CONDUCCIÓN DE VEHÍCULOS. En ella se recogen planteamientos, evaluaciones, esquemas de Investigación, aspectos normativos, etcétera, ya que, como uno de los participantes, el Dr. Rodriguez Artalejo, señala, la magnitud del tema de los medicamentos y de la conducción dentro de la accidentalidad de tráfico constituye realmente un problema de salud pública, con características de auténtica epidemia, pero con posibilidades de ser previsible.

En Holanda, donde estos aspectos son más estudiados, se ha comprobado recientemente que el riesgo de sufrir un accidente de circulación, por parte de los sujetos que estaban en tratamiento con algún fármaco, con folleto explicativo que alertaba sobre sus posibles efectos en la conducción, fue casi el doble que el riesgo de accidentes en conductores consumidores de otros fármacos sin tales riesgos. Resulta llamativo que, en España, de 100 conductores que declaran tomar medicamentos, el 77% afirman no haber recibido ningún tipo de indicación al respecto, por parte del médico que los recetó y, solo el 4%, admite que tales indicaciones les son hechas con frecuencia. Pero, en absoluto, podemos ser ajenos a los diversos efectos que pueden producir los medicamentos: euforia, sedación, excitabilidad, somnolencia, alteración de criterios evaluadores de riesgo, de personalidad y comportamiento, etcétera.

INVESTIGACIÓN. El problema presenta múltiples facetas, que incluyen aspectos científicos, normativos, formativos, divulgadores, y otros. No es de extrañar que, hace poco, finalmente, se crease la AGENCIA EUROPEA DE EVALUACIÓN DEL MEDICAMENTO. Para comenzar habría que conocer, con más exactitud que en el presente, qué patologías, por sí mismas, contribuyen al problema. Algunos datos recientes muestran que muchos pacientes con demencias clínicas son conductores, y que los componentes de un grupo de personas con demencia de tipo Alzheimer, habían tenido, en un período de cinco años, un 500% de accidentes más que los del grupo control normal de edad similar. Otras muchas son las patologías de riesgo, pero hay qué saber exactamente cuánto y cómo influyen diversos trastornos psiquiátricos, neurológicos (como Parkinson, epilepsia y otros), el sueño o hipersomnio diurno, así como otro largo etcétera.

Las investigaciones sobre fármacos y sus efectos psicomotores son muy variadas y abarcan estudios epidemiológicos, pruebas de laboratorio, cambios en las habilidades psicomotoras, pruebas simuladas de conducción e, incluso, conducción real en circuitos cerrados, lo que se hace en algunos países en autopistas especiales de grandes tramos rectos, con dos o tres carriles. El conductor, sometido al medicamento, tiene como acompañantes al profesor de autoescuela y a un técnico, quien controla una multitud de parámetros, entre ellos, mediante una cámara de infrarrojos, las desviaciones del vehículo respecto a la línea media de la autopista. La Unión Europea, de acuerdo con la intensidad de sus efectos, que van de menos a más, clasifica los medicamentos en tres categorías.

Entre las investigaciones más interesantes al respecto figuran las realizadas en la UNIVERSIDAD DE LIMBURG, en Alemania, en colaboración con numerosos expertos internacionales, elaborando categorías que comprendían los efectos de más de 200 efectos activos contenidos en un gran número de medicamentos comerciales. Así, dentro de los antidepresivos, la Buspirona 5 mg se incluyó como bastante segura, el Oxazapam 10 mg, con efectos moderados y el Bromazepam 12 mg, con grandes efectos. En Inglaterra, preocupados por los costos de los medicamentos, han concluido que los nuevos antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, aunque son varias veces más caros que los clásicos, producen una buena rentabilidad económica, debido a la reducción de los accidentes que se derivan de su uso alternativo. Análogas conclusiones sirven para otros fármacos, como los inhibidores de la enzima convertidora, en el tratamiento de la hipertensión arterial, o el de la Buspirona en el tratamiento de la ansiedad.

Indudablemente, conforme el conocimiento científico al respecto sea más intenso, se harán más necesarias las adecuadas acciones formativas, informativas y divulgadoras. Ello significa, en España, la dificultad adicional de coordinar la acción conjunta del Ministerio de Sanidad y Consumo, la Dirección General de Tráfico y todas y cada una de las 17 Comunidades Autónomas. Al respecto, el mejor ejemplo lo están dando, por ahora, Canarias, Cataluña, País Vasco y Castilla-León. Mientras tanto, léase cuidadosamente la información de cada medicamento consumido por cada conductor y, si es preciso, consulte al médico que lo prescribió.