Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Fuentes de juventud

Al comenzar el aun presente siglo, en los países desarrollados, la expectativa de vida de un varón, al nacer, era de unos 45 años. En un siglo se ha producido un incremento del 60%, es decir, que la actual expectativa de vida, al nacer, supera los 75 años. ¿Qué está en nuestras manos, en nuestros hábitos de vida, para poder incrementar aun más estas cifras?

El tema de la longevidad, desde el punto de vista biológico es muy complejo. Existen condicionamientos genéticos evidentes (una de las mejores garantías para vivir muchos años es que los padres, abuelos, tatarabuelos, etc. , hayan sido longevos), pero otros muchos factores son de naturaleza ambiental. Sobre algunos de ellos podemos incidir y modificarlos. Otros escapan de la esfera individual de actuación. Pero en lo que sí parecen estar de acuerdo muchos científicos, es que, en las mejores condiciones, no parece disparatado pensar que el ser humano posee un potencial de vida alcanzable de unos 120 años y que, para lograrlo, posiblemente los factores ambientales posean un poder determinante tan importante, al menos, como los genéticos.

INVESTIGACIONES. Son numerosas las investigaciones experimentales y epidemiológicas realizadas sobre animales y seres humanos a fin de cuantificar relativamente adecuadamente el papel que sobre la longevidad poseen los distintos factores ambientales. En ellas se han estudiado aspectos alimenticios, actividad física, entornos de trabajo, vida sexual, actitudes mentales, etcétera.

Hoy vamos a tratar de los aspectos más relacionados con la comida y la bebida, intentando cuantificar cada uno de los resultados. Sin embargo, hay que tener en cuenta un aspecto previo, importantísimos. Todos los datos corresponden a investigaciones realizadas, pero no son acumulativas, es decir, que si el factor A contribuye, teóricamente a alargar la vida x años, y el factor B contribuye al mismo fin en forma de y años, la suma de A más B no significa en absoluto una prima adicional de x más y años.

Empecemos con la vitamina C. Investigaciones realizadas en la UCLA School of Public Health han demostrado que un varón de 35 años de edad tome diariamente 300 mg o más de vitamina C (mejor aun procedente de frutas y vegetales) posee unas expectativas de vida superiores en 5,5 años a las de otro varón similar pero cuya ingesta de vitamina C sea inferior a los 50 mg diarios.

COMER MENOS Y MEJOR. Según un estudio publicado en la revista New England Journal of Medicine, un varón de 35 años de edad cuyo peso sea superior en un 30% a su peso normal ideal, por el hecho de volver a su peso normal vivirá casi un año más adicional. Y si hace lo mismo, pero partiendo de un sobrepeso superior al 30%, la mejora de expectativas de vida casi llega a los dos años.

Si puede conseguirlo, baje su ingesta calórica en un buen porcentaje (igual o superior al 10%). Puede hacerlo quemando las calorías equivalentes con ejercicio, pero si no es posible, basta con restringir la ingesta alimenticia. Muchos investigadores piensan que son extrapolables resultados obtenidos con animales de modo que una dieta hipocalórica se podría traducir en un incremento de hasta el 20% en las expectativas de vida.

Si Ud. es adicto a las hamburgueserías vaya pensando en cambiar de hábitos alimenticios. La alimentación ideal posee un alto contenido en fibras y en ella las proteínas representan un 15% de la ingesta energética, los hidratos de carbono un 60% y las grasas menos del 30%. En un estudio realizado sobre más de 3.000 personas se llegó a la conclusión de aquellos individuos cuyos hábitos alimenticios se acercaban más a los teóricos recomendados, en un periodo de 20 años, tuvieron una mortalidad un 13% inferior a la de los individuos con los peores hábitos alimenticios.

Siguiendo con las hamburguesas y la carne. Según el Dr. Somer la sustitución de buena parte de la carne presente en nuestras comidas por legumbres y vegetales puede incrementar la expectativa de vida hasta en un 13%. La recomendación consiste en limitar la carne a una cantidad de unos 100 gramos y a dos o tres veces por semana.

GRASAS Y COLESTEROL. Hay que ser moderado en todo, incluso con el chocolate. Una Investigación realizada en Harvard sobre cerca de 8.000 estudiantes demostró que los jóvenes que nunca comían chocolate poseían una expectativa de vida un año inferior. Pero la cantidad recomendable es la de tan solo de una a tres barritas al mes. Si el consumo se incrementa hasta alcanzar o superar las tres barritas a la semana, entonces la situación cambia drásticamente: el riesgo de muerte temprana se incrementa en un importante 30% . El relativo papel beneficioso del chocolate se debe a su contenido en sustancias fenólicas antioxidantes que ayudan a evitar el depósito de grasas en las arterias.

Tiene una gran importancia el control de la colesterolemia (mediante fármacos, ejercicio o dieta). Con un colesterol moderadamente alto (hasta 239 mg/L) solo se ganan unos seis meses adicionales de vida. Pero si su cifra actual supera los 300 y consigue rebajarla hasta los 200, estadísticamente Ud. habrá ganará 4 años adicionales de vida.

Como una última recomendación alimenticia, una relacionada con la bebida. Desde 1993 los investigadores llegaron a conclusión que el beber moderadamente, unas dos copas diarias, podría aumentar las expectativas de vida en un 3%, es decir, entre 2 y 3 años. Más recientemente numerosas investigaciones han confirmado estos datos y, concretamente, científicos de Harvard han concluido que los varones que ingerían de 2 a 6 bebidas a la semana mostraban del 21 al 28% menor riesgo de muertes debidas a todas las causas que los varones totalmente abstemios.

En un próximo artículo abordaremos el resto de investigaciones más relacionadas con otro tipo de actividades físicas y mentales, no relacionadas con la alimentación, pero que también han demostrado poseer una influencia notable sobre la longevidad.