Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Nazis, judíos y tabaco

A la edad de 77 años falleció recientemente el prestigioso epidemiólogo Ernst Ludwig Wynder, a quien el mundo científico considera como el gran iniciador y apóstol de la lucha antitabaco. Sin merma de ningún mérito al Dr. Wynder, la realidad es que los efectos nocivos del tabaco fueron puestos de manifiesto, con carácter pionero, por los científicos de la Alemania nazi.

Durante los últimos 50 años de su vida la cruzada del Dr. Wynder se basó en su incuestionable afirmación de que la prevención del cáncer, renunciando al tabaco, sería mucho más efectiva que cualquier nueva forma de tratamiento de la enfermedad.

WYNDER. Nacido en 1922 en Herford, Alemania, a finales de los 30, al crecer en ese país la persecución racial, su familia y él mismo emigraron a los Estados Unidos. Tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial estudió medicina en la Facultad de Medicina de St. Louis, de la Universidad de Washington, donde se había instituido un buen premio de Investigación, específico para sus estudiantes. Ello coincidió con la participación de Wynder en la autopsia de un paciente fallecido por un cáncer de pulmón. Interrogando a la viuda comprobó que el fallecido había fumado dos cajetillas de tabaco en sus últimos 30 años de vida. El entonces estudiante Wynder tuvo la corazonada de que existía una relación directa entre el tabaco y el cáncer de pulmón, e inmediatamente investigó las historias disponibles de 20 pacientes con esa patología, comparándolas con las de otros 20 controles. Y, a finales de 1948, pudo realizar un informe preliminar indicando que el cáncer de pulmón estaba muy extendido entre los fumadores. Desde luego, con su trabajo, Wynder obtuvo el codiciado premio de Investigación.

Sin embargo, sus datos fueron acogidos con escepticismo, incluso por la Sociedad Americana del Cáncer. No se desanimó Wynder y, en menos de un año, había acumulado los datos de otros 1.000 pacientes, publicando los convincentes resultados en la prestigiosa revista médica JAMA. No había duda de que el cáncer de pulmón era 40 veces más frecuente en los fumadores empedernidos que en los no fumadores. Poco después, un grupo investigador inglés llegaba a la misma conclusión. Al finalizar su formación universitaria Wynder prosiguió sus investigaciones en el Sloan-Kettering Institute de Nueva York, hasta 1969, cuando creó su propio centro, la American Health Foundation. En 1953 demostró que los condensados de los humos del tabaco, usados para manchar la piel de ratones, poseían una fuerte acción cancerígena. Su dilatada producción científica superó las 750 publicaciones sobre la epidemiología y la etiología de los cánceres, incluyendo numerosos estudios relacionados con las conexiones entre la dieta y ciertos tipos específicos de malignizaciones.

DIFICULTADES. La trayectoria de Wynder estuvo sujeta a continuas críticas. Parte de sus colegas lo consideraban como extravagante, pues, aunque casado, era un gran "bon vivant", siempre muy cercanamente acompañado de jóvenes y bellas señoritas. Asimismo, acostumbraba a defender enfáticamente sus creencias a través de los medios de comunicación, con lo que sus detractores cuestionaban su rigor científico. Además, en 1960, hubo de tener un debate público con la Dra. Clarence C. Little, importante científica de la que se podría denominar Ciencia oncológica oficial americana, descubridora de un virus tumoral mamario en ratón y defensora del origen vírico de los cánceres humanos.

Pero el problema principal fue que el Sloan-Kettering Institute estaba fuertemente financiado por las compañías tabaqueras que presionaban sobre su director, para que prescindiera de Wynder. Su crítica situación fue salvada por el apoyo recibido de otro prestigioso virólogo, el poco después Nobel Peyton Rous, quien defendió el derecho a la libertad científica de Wynder, que se consideraba él mismo como muy alejado de la corriente principal de Investigación oncológica, la del mundo reduccionista celular y molecular. Su opinión era que el mundo científico estaba demasiado extasiado con los últimos descubrimientos de la genética del cáncer, con lo que la consecuencia era perder de vista la obligación de promover la salud de las personas a través de medidas prácticas y asequibles.

LA GUERRA NAZI. Robert N. Proctor ha publicado recientemente dos libros en los que aborda diversos aspectos de la Medicina durante la Alemania nazi. El primero de ellos, editado por la Harvard University Press, tiene el título de "Racial Hygiene: Medicine under the Nazis" y analiza las relaciones de la profesión médica en los crímenes raciales nazis, incluyendo los experimentos a gran escala con humanos, principalmente judíos. El libro más reciente, editado por Princeton University Press, tiene el título de "The Nazi War On Cancer" y en el mismo se recoge el carácter precursor de la Alemania prenazi y nazi en el reconocimiento del papel de factores ambientales, entre ellos el tabaco, como causantes de los procesos cancerosos.

Ya hacia el 1900 se había estudiado en ese país el riesgo cancerígeno de diversos intermedios usados en la industria de los tintes anilínicos, de los que Alemania era el primer productor mundial. Más aun: en 1926, Alemania fue el primer país en indemnizar a los mineros de las minas de uranio que desarrollaban cánceres de pulmón. Y, en 1938, varias publicaciones alemanas, basándose en observaciones clínicas y patológicas, evidenciaban la relación existente entre el amianto y el cáncer de pulmón, es decir, 20 años antes que las investigaciones, epidemiológicas, de los Estados Unidos llegasen a resultados parecidos.

En 1939, Franz Hermann Mueller, en su disertación médica en la Universidad de Colonia, presentó un estudio epidemiológico controlado demostrativo de la relación existente entre tabaco y cáncer de pulmón, seguido de otras investigaciones similares realizadas por otros investigadores. En el año 1943, en Alemania, ya se consideraban el cáncer de pulmón y el mesotelioma como enfermedades indemnizables ocasionadas por el contacto con amianto. Ese mismo año de 1943 se creó en Jena el Instituto para la Investigación de los Riesgos del Tabaco, prohibiéndose el fumar en las Universidades y Centros de Salud de Jena. Más aun, en la Alemania nazi tuvieron lugar las mayores campañas antitabaco conocidas en el mundo. Ello hizo que se librasen importantes batallas entre las compañías tabaqueras y los responsables políticos nazis.

Y finalizaremos con dos constataciones. La primera, que el alto nivel de la medicina preventiva oncológica nazi adolecía de un grave pecado original: se basaba e inscribía en el contexto de su política racial asesina. De sus beneficios estaban excluidos los judíos y otros grupos raciales. La segunda constatación es que, durante muchos años, la industria tabaquera alemana ha venido gastando millones de marcos para apoyar las campañas informativas sobre los crímenes nazis dirigidas a los alemanes.