Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Quiere arrugar su piel?: ¡Fume!

Por estas fechas en las que, con motivo del aniversario de la muerte de Cervantes, anualmente se celebra el Día del Libro, podríamos recordar la recomendación epistolar que sobre la importancia del cuidado de la apariencia le hacía D. Quijote a Sancho Panza, gobernador de la isla de Barataria: "Vístete bien; que un palo compuesto no parece palo".

En nuestro aspecto externo, la piel es nuestro órgano más visible y el que mayor papel juega en relación con nuestro entorno sicosocial. De ahí la importancia de intentar que conserve un aspecto joven y con las menores arrugas posibles. Recordemos, además, que es el mayor órgano, en tamaño, del cuerpo, representando en el adulto unos dos metros cuadrados y un peso de 3 ó 4 kilos. Dentro de su compleja estructura se distinguen 3 zonas principales: epidermis, dermis y tejido subcutáneo. La epidermis, más externa, a su vez está estratificada en 4 capas, constituyendo la externa el estrato córneo, con células muertas destinadas a ser desechadas. El estrato córneo actúa de barrera retentiva del agua y protectora contra la entrada de tóxicos y microorganismos. La segunda capa es la granular, la tercera la espinosa y la cuarta la basal, con células en continua división que migran hacia la superficie para reemplazar las continuas pérdidas producidas por descamación.

RENOVACIÓN. Para la conservación de una piel lo más fresca posible es muy importante que el proceso de la renovación celular de las células de nuestra piel se realice adecuadamente. Los procesos de división celular permiten la obtención de dos células iguales descendientes de una progenitora. Pero este proceso no tiene lugar de un modo indefinido. Cuando en el laboratorio se realizan cultivos celulares en medios de cultivo que permiten la división celular, se puede comprobar que, dependiendo de la naturaleza de las células, el número de sus divisiones celulares consecutivas es limitado, conduciéndolas hasta una situación final de senescencia y muerte, en un proceso en el que concomitantemente se va acortando unos extremos cromosómicos denominados telómeros. Las células de la piel normales suelen llegar a la senescencia tras unas 60 divisiones.

Continuamente tenemos que eliminar externamente las células viejas e inservibles de nuestra piel, fundamentalmente mediante la descamación, pero simultáneamente hemos de ir sustituyéndolas por otras células jóvenes situadas más internamente. El 80% de la composición de la piel es colágeno, una proteína fibrosa muy característica y estudiada, del tejido conectivo, de gran protagonismo en la estructura fibrosa de la matriz extracelular que se ha de desmoronar para permitir el proceso de eliminación celular pero que se ha de reconstruir en el proceso de formación de nuevas células. Ello significa que en el fenómeno dinámico de renovación celular de la piel el metabolismo del colágeno ha de tener una gran trascendencia.

TABACO. Aparte de otros muchos efectos negativos del tabaco, por todos conocidos, hace bastantes años que múltiples estudios vienen señalando la existencia de una relación directa entre el tabaco y un acelerado envejecimiento de la piel y una mayor aparición de arrugas.

La acumulación anormal de fibras elásticas se denomina elastosis. El Sol provoca elastosis solares ubicadas en la dermis externa, pero en el caso de los fumadores se dan las elastosis tabáquicas, con aparición de fibras elásticas anormales en la dermis interna. Diversos componentes del tabaco pueden afectar otros aspectos fisiológicos de la piel, por ejemplo, la nicotina, que reduce el flujo sanguíneo capilar y arteriolar en la piel, dañando el tejido conectivo y favoreciendo el típico aspecto cetrino que suele tener el fumador.

El daño en el tejido conectivo podría ser la causa del favorecimiento de las arrugas faciales que, desde los años 70, vienen señalando la mayoría, aunque no todas, de las investigaciones realizadas sobre la relación tabaco y arrugas. Una de ellas es el conocido como Estudio Osterbro, publicado en 1991, realizado en Dinamarca sobre unas 4.500 mujeres y 2.500 hombres, confirmativo de dicha relación. Otras investigaciones han llamado la atención de la acción multiplicativa que sobre las arrugas ejercen los efectos combinados de tabaco y Sol. En España también se han realizado investigaciones de este tipo, sobre todo en el departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico de Barcelona, sobre mujeres posmenopáusicas, con el resultado de que el riesgo de las arrugas faciales es más alto en las fumadoras y que la terapia hormonal sustitutiva usada en el tratamiento de la menopausia no disminuye ese riesgo.

A pesar de todo lo anterior, lo cierto es que, hasta ahora, se desconocían los mecanismos íntimos que pudieran relacionar entre sí al tabaco con el envejecimiento de la piel o las arrugas. Un grupo de investigadores japonés de la Facultad de Medicina de Nagoya ha sido el primero en descubrir algunos de estos mecanismos.

METALOPROTEINASAS. Las metaloproteinasas de matriz (MMP) son un grupo de enzimas de gran actualidad científica que, en general, catalizan la degradación de la matriz extracelular, esa especie de cemento fluido que mantiene a las células en sus lugares correspondientes y que permite su intercomunicabilidad. El papel biológico de estas enzimas hidrolíticas de proteínas es esencial por su capacidad de ruptura del colágeno y de otras proteínas que conforman el tejido conectivo, lo que hace posibles importantes consecuencias como: la remodelación continua de nuestros órganos y tejidos, y de nuestro cuerpo durante todo el desarrollo embrionario o permitir la emigración de las células a lugares donde sean necesarias; por ejemplo, las células del sistema inmune para luchar contra ataques externos, o las células que taponarán y repararán una herida. Por ello, en los vertebrados como el hombre, las MMP se expresan principalmente en las células del tejido conectivo y en las células de la médula ósea.

En el último número de la revista Archives Of Dermatological Research, el Dr. Akimichi Morita y sus colegas japoneses han demostrado que el tabaco altera el proceso de renovación de las células de la piel al afectar al metabolismo del colágeno mediado por esas enzimas metaloproteinasas. Mediante una máquina fumadora recogieron el humo de los cigarrillos en una disolución y comprobaron que las sustancias presentes en la disolución tenían un doble efecto sobre los cultivos de células de la piel productoras de colágeno. El primero de ellos es que se producían unas cantidades mucho mayores de enzimas MMP degradativas, es decir, que los componentes del tabaco aceleraban el proceso normal de destrucción de las células. El segundo efecto fue que el tabaco también ocasionaba una fuerte reducción del más del 40% en la producción renovadora de colágeno por las células. Y cuando mayor era la exposición mayor fue la consecuencia encontrada.

Por tanto, se puede establecer una relación temporal sucesiva entre tabaco, productos de su combustión, incremento anormal degradativo de las células de la piel, menor colágeno, disminución anormal de la renovación de las células de la piel, arrugas y envejecimiento de la piel. Con una clara conclusión final: si quiere arrugar su piel, fume lo más posible.