Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Pescar o no pescar: he ahí la cuestión

La pesca se está convirtiendo en un espinoso problema fuente de graves conflictos entre nuestro país y aquellos otros en cuya proximidad se encuentran caladeros importantes en los que faenan los pescadores españoles. Por ello se hacen inevitables preguntas cómo ¿son ilimitados los recursos marinos? o. por el contrario ¿ se están esquilmando tales recursos por la actividad masiva de las pesquerías industrializadas?.

Sin duda hacen falta más investigaciones científicas al respecto, pero quizá no sería mala cosa el que los países involucrados fuesen pasando desde planteamientos más pasionales a otros más racionales y científicos. Evidentemente, en el tema de los recursos marinos algunas señales de alarma han comenzado a encenderse. Así, los últimos años han significado una profunda inflexión negativa en el aumento de las capturas de las diferentes flotas pesqueras del mundo. La situación no se ha traducido en un gran descenso de productividad merced al incremento de recursos tecnológicos, humanos y de tiempo utilizados. Ello ha llevado a pensar a muchos que el nivel actual de las capturas debe estar próximo, si no lo supera, al máximo capaz de ser sostenido constante a lo largo del tiempo.

VOLÚMENES. Un primer punto a valorar sería el del volumen actual mundial de pesca. Existe cierto acuerdo en las cifras. La doctora Rita R. Colwell del Instituto Biotecnológico de Maryland, EE.UU, el doctor D. Pauly de la British Columbia University en Canadá, y el doctor V. Christensen en el Centro Internacional para el Estudio de los Recursos Acuáticos Vivientes de Manila, así como la propia FAO, recientemente han coincidido. Sus datos indican que, durante el periodo 1988 - 1992 las capturas anuales mundiales de peces y similares han sido de casi 100 millones de toneladas, de las que, aproximadamente el 27 %, son descartadas, sin aprovecharlas, principalmente por motivos económicos. Ello significa, por tanto, unas 73 millones de toneladas para ser utilizadas.

El problema radica, entre otras causas, en que, debido al aumento de población, se estima que, a comienzos del próximo siglo, la demanda alcanzará las 150 millones de toneladas, es decir, el doble de la cantidad disponible actual. Inmediatamente se abre la interrogación de si ello será posible o, incluso, de si se podrá mantener sostenidamente la cantidad actual, sin esquilmar los recursos existentes ni arruinar la biodiversidad.

Hace pocos días se ha publicado una aproximación científica al problema en la importante revista Nature por parte de los doctores Pauly y Christensen antes citados. Sus supuestos son sencillos de entender: existe una cadena trófica de alimentación, de modo que cada especie, en cada ecosistema individual, está situada en un determinado nivel de esa cadena, cuyo comienzo sería el nivel 1, continuando con el 2, 3, 4, etcétera. De acuerdo con su nivel trófico, la especie considerada consume el equivalente de una mayor (en niveles tróficos superiores) o menor cantidad (en niveles tróficos inferiores) de los alimentos primariamente producidos por el ecosistema. A este valor se le denomina producción primaria necesitada (PPN).

Quizá lo podamos entender mejor con el ejemplo de nuestro ecosistema de la superficie terrestre y con la especie humana. La superficie terrestre genera anualmente 134 mil millones de toneladas (como peso seco, sin agua) de material vegetal, de biomasa. Pues bien, los seres humanos utilizamos una cierta parte de ella: a) Primariamente, como alimentos o como fibra alimentaria; b) Indirectamente, a través de servir inmediata o no inmediatamente de alimento a los animales que nos comemos, es decir, a través de nuestra cadena trófica; y c) Con otros diferentes usos: muebles, papel, etcétera. Como, globalmente, ello significa casi 47 mil millones de toneladas, el uso humano supone el 35% de PPN respecto a la biomasa superficial terrestre.

RECURSOS MARINOS. En el caso de los recursos marinos, hace algo menos de diez años, se realizó un intento de cuantificación, a partir de la conocida productividad global primaria de biomasa acuática. Esta es de unas 90 mil millones de toneladas anuales, en forma de peso seco, sin contenido en agua. En aquella ocasión se supuso equivocadamente que, por término medio, los peces capturados se situaban alimentariamente en un lugar equivalente a dos niveles tróficos por encima de la producción primaria. Ello condujo a deducir un PPN del 2,2%, es decir, que tan solo el 2,2% de la producción de biomasa primaria era utilizada para sustentar la pesca efectuada Consecuentemente se llegó a afirmar que: "La influencia humana sobre los niveles tróficos inferiores del océano, excluyendo las zonas severamente polucionadas, es mínima y la explotación humana de los recursos marinos parece insuficiente en si misma para alterar en gran escala las especies".

Sin embargo, la Investigación que hoy analizamos obliga a revisar y rebajar ese optimismo anterior. Hay que reajustar adecuadamente el concepto de nivel trófico y tener en cuenta que en el paso de un nivel trófico al siguiente se da un valor de eficacia medio del solo el 10% para las transformaciones energéticas. De este modo, se han podido establecer, de acuerdo con los datos de la FAO, los niveles tróficos de 39 grupos de especies de peces y asimilados. Las especies consideradas se encuentran presentes en alguno o algunos de los 48 modelos tróficos estudiados. Entre los mismos vale destacar el océano abierto, las aguas superficiales, las plataformas tropicales y las no tropicales, las costeras, los ríos y lagos, y otros. El nivel trófico 1 corresponde a la producción de fitoplancton, el siguiente (el 2) al zooplancton, a continuación estarían los pequeños pelágicos y en el nivel 4 o superior peces como el atún o el bonito. Situaciones intermedias serían el 2,1 para bivalvos y moluscos, el 2,4 para crustáceos y mariscos, alrededor de 3,0 para anchoas y sardinas o el 3,8 para el bacalao, aunque estos valores varían según sea el ecosistema que se considere. Por ejemplo, las sardinas poseen un valor trófico 3,2 en las costas, pero 3,0 en las plataformas no tropicales y tan solo 2,6 en las zonas superficiales. Conociendo estos niveles tróficos, para cada especie y cada ecosistema, sus características, y los registros de captura de cada agrupación de especie en cada ecosistema, ello permite calcular los correspondientes PPN por especie y ecosistema La media general global obtenida ha sido superior al 8%, es decir, cuatro veces mayor a la hasta ahora supuesta, lo que indica que, actualmente, la pesca que se realiza consume, por sí sola, casi la décima parte de toda la bioproducción primaria de ríos, lagos, mares, océanos, etcétera.

SUPEREXPLOTACIÓN. Más alarmante es que el PPN supera el 30% en los lugares en que operan las pesqueras industrializadas de algunos bancos, en plataformas tropicales, no tropicales o aguas superficiales. El mayor porcentaje de productividad acuática de biomasa, el 75%, está situado en el océano abierto. Sin embargo, allí solo es posible utilizar el 8% de esa producción ya que los depredadores impiden que se pueda disponer, en los niveles tróficos superiores, de la mayoría de la producción de zooplancton.

Como por ahora no tenemos capacidad de incrementar la producción primaria acuática de biomasa, los altos porcentajes encontrados de PPN significan que en algunos casos y ecosistemas ya se están activando las señales de alarma o peligro respecto a la posible extinción comercial de bastantes especies de peces. Por ello, haría falta realizar una Investigación cuantitativa de cada ecosistema particular hasta tanto que, probablemente en el próximo siglo, se pueda desarrollar más la acuicultura. Para ello hemos de conocer, con detenimiento, muchos aspectos todavía desconocidos, como el control hormonal del desove o producción de huevos, lo que facilitaría la explotación, en sistemas cerrados, de importantes especies comerciales. Asimismo cabe esperar que se desarrollen avances efectivos en las técnicas de cultivos de tejidos que posibiliten la máxima producción de proteínas de peces en sistemas de cultivos controlados exentos de patógenos. Mientras tanto, debemos ser cuidadosos con las sobreexplotaciones para que podamos seguir deleitándonos, lo más posible, con las delicias de un buen pescado natural.