Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El reto y el decálogo de los alimentos funcionales

El reto y el decálogo de los alimentos funcionales

En un artículo anterior analizábamos la definición y principales características de los alimentos funcionales (AF), o productos alimenticios que son adicionados o enriquecidos con algún componente con el alegato de que el resultado será una acción beneficiosa para la salud. Hoy estudiaremos cuál es su gran reto. Deseo agradecer a los doctores Castillo y Benavente, de la empresa Nutrafur, por su colaboración en el suministro de la información precisa para ello.

CAUSAS
El origen de los alimentos funcionales ó AF es la "nutracéutica" o uso funcional de un buen número de productos de origen vegetal, presentados en forma de cápsulas, tabletas o sobres, con pretendidos efectos saludables. Aunque su éxito fue y es grande, sin embargo, su ingesta se parecía bastante a una aproximación farmacéutica lo que les hacía perder atractivo en un sector de posibles consumidores. Por ello, la inclusión de esos ingredientes funcionales en diversos tipos de alimentos parecería constituir una forma más directa, sencilla y atractiva de consumo.

Su mayor atractivo comercial ha originado un buen número de nuevos productos y consumidores, por lo que la irrupción de los AF puede ser un nuevo motor para la industria de alimentaria. Muchos de los compuestos, extractos o sustancias, que ahora se incluyen en los AF, son los mismos que ya habían demostrado, con dosis correctas, ser eficaces como nutracéuticos.

El consumo de AF se incrementa rápidamente y sus posibles aplicaciones son muy variadas. Según varios grupos de expertos europeos las más prometedoras son las siguientes: 1. Cardiovasculares: homeostasis de lipoproteínas, integridad endotelial o antitrombogénesis; 2. Desarrollo fetal y niñez: crecimiento, desarrollo y diferenciación del sistema nervioso central y otros sistemas y órganos; 3.Metabolismo de macronutrientes: mejora de la resistencia a la insulina, mantenimiento del peso y la composición corporal,  rendimiento óptimo de la actividad física; 4.Metabolismo xenobiótico: control de la toxicidad o carcinogénesis provocada por algunos contaminantes químicos presentes en los alimentos; 5.Neurología: estados de ánimo, instintos (apetito/saciedad), estrés emocional, nivel cognitivo, 6.Tracto gastrointestinal: modificación y recuperación de la microflora colónica, incremento en la biodisponibilidad de nutrientes,  mejora del tránsito y la motilidad, fermentación de sustratos, inmunidad.

RETO
Ante la avalancha y variedad de AF que se presentan ante consumidor éste se encuentra, justificadamente, indefenso y desorientado. La legislación existente es escasa o nula.  El principal problema, y a la vez reto, para los AF es bien sencillo de definir y  muy complicado de comprobar: demostrar realmente su eficacia. ¿Valen para algo?, ¿para mucho?, ¿para poco?.

El caso del consumo de isoflavonas de soja para reducir las complicaciones menopáusicas puede ser significativo. Su importancia comercial es enorme a nivel mundial. ¿Y su efectividad o, incluso, sus efectos indeseables?. Siguen produciéndose documentación científica pero, por ahora no existen evidencias, o son muy débiles las aducidas, respecto a cualquier impacto clínico sobre los tejidos mamarios que sea debido a efectos potenciales de las isoflavonas en la dieta.

Volvamos a nuestro tema y partamos, lo que no siempre es cierto, de que el ingrediente añadido, como nutracéutico haya demostrado su valía y de que la tecnología de incorporación sea la correcta. Para que un alimento pueda ser comercializado como funcional por sus efectos saludables, las autoridades responsables deberían desarrollar sistemas adecuados de comprobación de lo que podríamos denominar el decálogo de los alimentos funcionales, con carácter previo a su comercialización.

DECÁLOGO
El siguiente podría ser una propuesta de tal decálogo:

  • El alimento funcional (AF), ¿tiene realmente una composición distinta al mismo alimento no funcional?. Los excesos de la publicidad llegan a veces al extremo de ofrecernos como novedad “agua sin contenido en colesterol”. ¿Dónde se ha visto que el agua tenga colesterol?.
  • ¿Está claramente definida esa diferencia de composición en la etiqueta del AF?. Lo frecuente es que no existan datos precisos.
  • ¿Está correctamente identificada la/s sustancia/s añadida al AF?.  Lo usual es que no. Por ejemplo, la denominación omega-3 es genérica y lo adecuado sería detallar y cuantificar los ácidos particulares adicionados.
  • ¿Está correctamente definida la funcionalidad que aporta/n dicha/s sustancia/s al considerado AF?. No basta con expresiones indefinidas como mejora el crecimiento, mejora la salud, o combate el envejecimiento.
  • ¿Se encuentra/n presente/s dicha/s sustancia/s en el AF en cantidad suficiente para conseguir la funcionalidad mediante su consumo durante un cierto periodo de tiempo?. El de los ácidos omega-3 es un ejemplo significativo. La OMS recomienda el consumo diario de 0.3-0.5 gramos de EPA + DHA y de 0.8-1.1 gramos de ácido a-linolénico (todos ellos son omega-3). Sólo cien gramos de salmón fresco nos proporcionarían 5,18 g de aceites EPA y DHA, 100g de bonito 2,33 g y 100g de trucha, 1,47 g. En algunas las leches y lácteos comercializados con la etiqueta de enriquecidos con omega-3, su única adición es de ácido linolénico (no de EPA ni DHA) y la cantidad total de omega-3 que contienen es de 0,01-0.09 g por cada 100g, es decir que sería necesaria la ingesta de varios litros para igualar a 100 g de pescado.
  • ¿Se indica cuál es el periodo de tiempo mínimo para poder observar los efectos beneficiosos del AF?. Usualmente la información es nula o escasa.
  • La/s cantidad/es de sustancia/s funcional/es adicionada al AF, ¿están definida teniendo en cuenta su metabolismo y biodisponibilidad, ya que estos parámetros determinan su verdadera eficacia?. Por ejemplo, los flavonoides son sustancias escasamente absorbibles, por lo que su adición en cantidad reducida puede ser ineficaz.
  • Si la/s sustancia/s se adiciona/n en cantidad suficiente ¿está suficientemente contrastada la ausencia de toxicidad después de un consumo prolongado?, ¿se requiere la participación de otros elementos o sustancias?.
  • ¿Se da, sin enmascaramiento toda la información?. Por ejemplo, es evidente el éxito de los preparados tipos yogurt líquido adicionados con fitoesteroles con el reclamo de la reducción de la colesterolemia. Efectivamente, esos fitoesteroles reducen la absorción intestinal del colesterol, pero suele ocultarse que: a) una buena parte de las hipercolesterolemias son ocasionadas endógenamente, por la propia biosíntesis intracelular de colesterol, aunque la dieta sea muy baja en su contenido, b) del colesterol que se ingiere en la dieta sólo es normalmente absorbido una pequeña proporción.
  • Cuando se aducen la existencia de estudios científicos de apoyo hay que exigir que se indiquen con claridad cuáles son a fin de que puedan evaluarse científicamente. En todo caso, si al comprar un electrodoméstico, mediante una serie de letras A, B, C, D, podemos conocer previamente su eficacia energética, ¿por qué los organismos responsables no diseñan algo parecido que asegure la eficacia saludable de los alimentos funcionales?. No todo debe quedar al riesgo de la agresividad comercial y publicitaria
Mientras tanto, siga tranquilo/a si se alimenta usualmente con una buena dieta mediterránea. Probablemente no necesite nada más, y …es más barata.