Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La europeización de Galileo

En estas mismas páginas nos hemos ocupado en el pasado de un gran proyecto Galileo. Hasta hace unos días, ello era una referencia obligada al proyecto americano de la NASA de reconocimiento del planeta Júpiter. Desde ahora, con tanta o mayor importancia el proyecto Galileo será para nosotros otra cosa, un proyecto europeo, el gran proyecto europeo tecnológico para el desarrollo del mejor sistema mundial de radionavegación y posicionamiento por satélite.

En su puesta en marcha la contribución española está siendo importante. Su aprobación no hubiera sido posible sin la tenacidad y esfuerzo desarrollado por Loyola de Palacios, Vicepresidenta de la Comisión Europea. En segundo lugar, porque el proyecto ya se había paseado por las cumbres comunitarias previas de Colonia, Feira, Niza, Estocolmo y Laeken, pero no ha sido hasta la reciente de Barcelona cuando se ha desbloqueado, por lo que el pasado 26 de abril los ministros de transportes ya pusieron en marcha sus estatutos y los primeros fondos económicos para su desarrollo. Y, en tercer lugar, España tendrá una participación real de peso en el proyecto ya que el grupo de empresas GSS, recién creado a tal fin, ha adquirido el 14% de participación del consorcio europeo Galileo Industries.

El nuevo gran proyecto europeo Galileo nos suscita diversas preguntas: ¿Por qué?. ¿Para qué?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Cuánto?, o ¿Quiénes?. Hoy intentaremos resumir algunas de las respuestas a estas preguntas y la semana próxima nos ocuparemos de las restantes.

¿POR QUÉ?. No es una pregunta gratuita, sobre todo sabiendo que ya existen funcionando otros dos sistemas de radionavegación por satélite: el americano GPS (Globing Positioning System) y el ruso Glonass. Ambos fueron creados con fines militares, lo que ha marcado sus peculiaridades. El ruso ya no está totalmente operativo y el americano no cubre bien ciertas regiones de poco interés estratégico de nuestro planeta. Otras veces, se producen fallos en su precisión dependiendo del lugar y del tiempo, lo que conduce a errores posicionales de decenas de metros. En ocasiones de conflictividades bélicas ha dejado de operar sin previo aviso. Existen decenas de casos de aeronaves que se han visto privadas del servicio o que han tenido señales erróneas durante periodos prolongados de tiempo. La finalidad prioritaria militar conduce a una notable ausencia de garantías y responsabilidades en relación con los usos civiles en los que unos pocos metros pueden ser vitales, por ejemplo en una maniobra de atraque a un muelle de un superpetrolero. Por tanto las dos principales características del sistema europeo serán su primordial destino civil y su mayor precisión (unos mínimos metros) y seguridad (funcionamiento asegurado).

Otra circunstancia es que este proyecto es vital para que Europa consiga una adecuada independencia tecnológica y política. En este punto son muy significativos los excelentes resultados obtenidos con otros grandes proyectos europeos previos, como los aviones Airbus, los cohetes de lanzamiento Ariane, o la Física de partículas de alta energía en las instalaciones de Ginebra. No es de extrañar que los Estados Unidos se hayan opuesto fuertemente al proyecto europeo Galileo logrando mantener hasta hace poco las reticencias de países como Alemania, Inglaterra y Holanda. El ejemplo de las lanzaderas Ariane es un gran precedente. En los años 60 los Estados Unidos ridiculizaron el proyecto, sobre todo sus aspectos económicos, ofreciendo gratis sus propios cohetes para el lanzamiento de los satélites europeos. Sin embargo la perseverancia europea logró desarrollar el sistema Ariane que actualmente es una gran fuente de beneficios económicos ya que los Ariane son utilizados, por su excelente resultado, para el lanzamiento de multitud de satélites de múltiples países, incluyendo los de algunas grandes empresas americanas que los escogen por su seguridad y competitividad. No es necesario comentar que la posibilidad de que Europa pueda tener alguna vez una política geoestratégica propia ha de pasar por su independencia respecto al sistema americano GPS de posicionamiento y navegación.

¿PARA QUÉ?. Las posibilidades de utilización son ilimitadas, con la popularización de terminales de bajo precio miniaturizados, con previsiones de mercado para el año 2005, que indican que la mayor parte (un 73%) se adosarán a teléfonos móviles, mientras que más del 23% se incluirán en los salpicaderos de los automóviles, para facilitar la conducción, y el restante 4% se dividirá en multitud de diversas aplicaciones. De acuerdo con su finalidad, sus principales usos comerciales serán los de localización, navegación, rastreo y cartografía; entre los usos militares la guía de misiles, la localización y seguimiento de los efectivos militares, los movimientos de tropas o el control de los vehículos y naves militares. Sin hablar de los diversos usos científicos, deportivos, personales y recreativos

A título de ejemplo se puede indicar que los beneficios que el sistema reportará tan solo a la aviación se calculan en unos quince mil millones de euros para el periodo entre el año 2002 y 2020, ya que las aeronaves ya no tendrán que ir pasando de una zona de control de radar hasta otra y los espacios aéreos podrán ser aumentados considerablemente. El incremento de precisión en la posición derivará en menores congestiones de tráfico, control terrestre más eficaz, menores retrasos, etcétera. Todo este tipo de ventajas pueden ser extrapoladas a otras actividades: taxis, flotas de vehículos de transporte, control de tráfico ferroviario, navegación y atraque de barcos (un 80% de los accidentes marítimos se deben a errores humanos), menores congestiones de tráfico en las carreteras y menos accidentes, más rápidos y eficaces servicios de emergencia, más seguridad en las actividades recreativas, etcétera.

Cuando el sistema esté operativo el resultado será un mercado de equipos y servicios equivalentes a unos 10.000 millones de euros anuales y la creación de más de 150.000 puestos de trabajo cualificados.

¿CÓMO?. La primera finalidad es la de que el sistema sea compatible totalmente con el existente GPS, sin interferencia entre las señales respectivas, de modo que en cada receptor se pueda recibir y comparar la información de ambos sistemas.

Esos objetivos son difíciles de alcanzar por lo que su definición tecnológica ha supuesto la conclusión y coordinación de diversos proyectos europeos previos tales como los GALA (estructural), GEMINUS (servicios), INTEG (integración), SAGA (estandarizaciones), GUST (receptores), GALILEOSAT (órbitas y satélites) y SARGAL (aplicaciones de búsqueda y rescate). En particular, la estructura y diseño de la frecuencia de las señales la realizaron los miembros de la Galileo Signal Task Force, dependientes de la propia Comisión Europea, entre cuyos 6 componentes se encontraba el español Rafael Lucas Rodríguez, Ingeniero de Sistemas de la Agencia Espacial Europea. La Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones ya ha concedido la autorización para esas frecuencias determinadas,

El núcleo fundamental del sistema Galileo estará constituido por 30 satélites distribuidos en tres planos en órbitas MEO (Medium Earth Orbit). Las posiciones relativas entre ellos se mantendrán estables, aunque existe la posibilidad de que si un satélite falla sea sustituido por otro próximo que esté situado en su plano. Los lanzamientos de los satélites iniciales y los de sustitución se harán en series de 2 a 8 satélites simultáneamente, a través de un sistema competitivo que ofrezca las mejores condiciones económicas y de seguridad.

El control de los satélites, la sincronización de los relojes atómicos y el procesamiento y manejo de datos se efectuará a través de dos centros de control redundantes, en conexión con todas las antenas terrestres receptoras de señales.