Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Internet y los piratas

Desde la pantalla de su ordenador personal, en cualquier ciudad holandesa, un joven de menos de 20 años puede estar accediendo ahora mismo a los datos más sofisticados de una importante compañía, la disposición de la porción de cabeza de un transbordador espacial, etcétera. Y quizá lo hace como un simple ejercicio académico, estimulado por su profesor, para demostrar sus conocimientos de las redes y servicios informáticos.

Y esta situación, con variantes, al final del año 1994, puede estar repitiéndose innumerables ocasiones, ya que se alcanzarán por esa fecha los cincuenta millones de usuarios de ordenadores de más de 50 países del mundo que estarán conectados entre sí, mediante la red Internet. En ella participan 30.000 instituciones como grandes empresas y organismos estatales y privados, inmensas bases de datos, universidades, institutos, colegios, medianas y pequeñas empresas, particulares, etcétera., en lo que constituye ya una verdadera autopista global de la comunicación mundial, sometida a tres grandes principios: 1. Debe procurarse que el acceso a los ordenadores tenga las menores limitaciones posibles; 2. Toda información obtenida o enviada a través de la red ha de ser gratuita; y 3. Debe rechazarse cualquier intento de organización autoritaria, debiendo procurarse, por el contrario, la descentralización.

COMIENZO. La historia comenzó hace unos 10 años en los ambientes próximos a la Universidad de California, en Berkeley, y al Instituto de Tecnología de Massachusetts, con el apoyo de compañías como Apple, Sun y ATT. Hubo ayuda económica de la agencia científica estatal norteamericana para establecer las precisas redes de conexiones regionales que operaban a la entonces velocidad vertiginosa de 56.000 bits por segundo (1 bit es una unidad binaria de información). Muy pocos años después, ante la demanda de servicios y los avances tecnológicos en materia de fibras ópticas, se multiplicó esa cifra por un factor de 30, alcanzando la denominada velocidad T1, equivalente a 1.540.000 bits por segundo. Pero, recientemente, la Fundación Nacional de la Ciencia, en Estados Unidos, hubo de encargar a una compañía privada, que la desarrolló en muy poco tiempo, una nueva estructura de comunicación. Será capaz de funcionar a 45 millones de bits, a velocidad T3, aunque ya se sueña en un futuro previsible en alcanzar un gigabit por segundo, o sea, los mil millones de bits. Todo ello ha significado que, por un costo mínimo (en Europa existe financiación de la Unión Europea), e instantáneamente, contando con un ordenador personal y la conexión a la red, prácticamente cualquier usuario pueda conectarse e incluso introducirse en ordenadores que pueden estar situados en los antípodas. Ello permite acceder a ficheros que pueden ir desde el contenido de una revista científica al listado de los restaurantes de un país o los detalles de organización de una agencia estatal, ya que todos los ordenadores funcionan como si fuesen parte de un inmenso ordenador global mundial.

UTILIDADES. Los servicios existentes a través de Internet son muy variados y destacan entre ellos: el correo electrónico, para enviar y recibir mensajes utilizando la clave o dirección electrónica de cada usuario, de modo semejante al correo tradicional, pero instantáneo y más barato; las tertulias o conversaciones, que permiten la intercomunicación entre usuarios, simultáneamente, aunque en lugar de ser oral hay que teclear los contenidos; el FTP o protocolo de transferencia de archivos, que permite obtener programas, entre ellos copias de casi todo el software existente, incluyendo programas antivirus actualizados casi mensualmente, documentos, libros, etcétera.; Telnet, que sirve para operar desde el propio ordenador con otros ordenadores remotos; Archie, Veronica, etcétera., conjunto de herramientas que posibilitan la búsqueda en las inmensas bibliotecas de información almacenadas en la red; Gopher (ardilla) para ayudar a dirigirse rápidamente desde un lugar de la red a otro; varios procedimientos organizadores clasificatorios por materias, etcétera., e, incluso CuSeeMe, un servicio que establece un verdadero sistema de videoconferencias para 8 personas repartidas por todo el mundo, que se ven y escuchan unos a otros en sus respectivas pantallas. También es muy característica la existencia de muchísimos grupos voluntarios o clubes agrupados por su interés en las más variadas actividades de tipo científico, cultural, social, recreativo, etcétera. que van, por ejemplo, desde el estudio de la flora de una determinada región hasta el intercambio de chistes o imágenes eróticas.

PIRATAS. Es lógico que un sistema como el Internet sea vulnerable y apetitoso para los piratas cibernéticos y para los delincuentes. Con mensajes alevosamente codificados, consiguen tener acceso casi ilimitado a los ficheros del destinatario, particular, empresa, banco, institución, etcétera., para introducir en ellos órdenes alteradoras precisas. La situación ha llegado a ser de tal tipo que el científico Denn B. Parker la describe como semejante a la ley del Oeste donde solo rige el rápido crecimiento y la aventura. Para contrarrestar el problema se han constituido diversas asociaciones como el CERT o grupo de emergencia informático, que recientemente alertó a todas las estaciones tipo multimedia de Sun Microsystems, dotadas con un micrófono incorporado. La razón es que habían quedado vulnerables para que cualquiera que accediese informáticamente a una de esas estaciones pudiese escuchar a través de la red todas las conversaciones que tuviesen lugar alrededor de todas las terminales. Asimismo hubo que cambiar programas relativos a las pantallas de estaciones, cajeros automáticos, cajas de seguridad, etcétera. vigiladas por vídeo, para evitar su acceso a través de terminales en los que los delincuentes conseguirían conocer las respectivas claves secretas. Por otra parte, en muchos casos, la ingenuidad de los usuarios es muy elevada cuando han de inventar una clave, como demostró recientemente una estudiante de postgrado de la Universidad de Michigan que trabajaba en un grupo de estaciones informáticas. Con un sencillo programa de adivinación de contraseñas, consiguió acceder a casi la cuarta parte de las cuentas bancarias de los usuarios. En otro orden de cosas, un caso llamativo de mal uso ocurrió hace tres meses cuando unos abogados americanos ofrecieron sus servicios a inmigrantes ilegales para lograr la carta verde legalizadora. El aviso, a través de Internet, lo colocaron de modo que se introdujo informáticamente en casi todos los boletines de noticias transportadas por la red, por lo que llegó a miles y miles de personas. Aunque, por mal uso, se les cortó el servicio, en muy pocos días sus beneficios, por servicios demandados, superaban los 100.000 dólares. En boca de los conocedores del tema también se indica que en la actualidad los delitos informáticos contra los bancos son de gran importancia, al menos los que se descubren, ya que muchos de ellos posiblemente permanecerán desconocidos para siempre merced a la habilidad informática de sus autores.

Por todo ello, las redes internas de ordenadores de cada institución o compañía tienden a ser defendidas mediante los titulados ordenadores cortafuegos. Se trata de protectores contra intrusiones pues examinan todos los paquetes informáticos que entran y salen, evaluando las posibilidades de peligro que cada uno de ellos representa. Pero hay cosas que no pueden hacerse con toda seguridad como afirma nada menos que Marcus J. Ranum, uno de los responsables de la instalación del correspondiente sistema informático cortafuegos en la propia Casa Blanca americana.

Otra posibilidad de protección sometida a fuerte debate es la del uso de procedimientos criptográficos, de cifrado, con codificaciones que identifiquen al expedidor y al destinatario. Por lo pronto ello ha abierto un gran debate por parte de los defensores de las libertades cívicas, que se oponen a una regulación de tal guisa. Mientras tanto, los beneficios del sistema Internet superan a sus desventajas, por lo que la red sigue creciendo de un modo imparable.