Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Homo Artisticus en el espectómetro

Homo Artisticus en el espectómetro
Ilustración :: ÁLEX

Todos los homínidos parecen haber sido capaces de mostrar alguna actividad de tipo artístico y, por ello, nos caben las dudas de si nuestros criterios artísticos dependen de los genes o son modelados por la cultura, o de si la actitud artística forma parte de la naturaleza humana porque de algún modo es beneficiosa para la supervivencia. En cualquier caso, el impulso que nos lleva a perfeccionar objetos y acciones y a embellecerlos es universal y humano, es decir, que pertenece a nuestra especie, con independencia de la raza y cultura, siendo innegable que la perfección y la belleza de muchas acciones humanas sociales e individuales aumentan el éxito social de quienes las ejecutan.

ANTECESORES
Hace más de 20.000 años que nuestros antecesores comenzaron una experiencia importante en su camino hacia la hominización moderna. El puente de tránsito fue el arte. Los neandertales habían sido sustituidos por el Homo sapiens sapiens y estos comenzaron a mostrar una nueva cualidad, la del sentido artístico y ornamental. Durante mucho tiempo Altamira, en España, y Lascaux, en Francia, parecieron ser las dos únicas y grandes catedrales del arte prehistórico. Sin embargo, en los últimos años los arqueólogos de todo el mundo han ido enriqueciendo el catálogo artístico prehistórico conocido con decenas de nuevos e importantes hallazgos, que nos hacen plantear preguntas sobre su cuando, su cómo, su por qué y su para qué, ya que, sin duda, los artistas creadores eran ya capaces de comunicarse oralmente, de expresar ideas o de transmitir habilidades. Entonces, ¿por qué y para qué la creación artística?. Sólo en Europa, existen más de 300 cuevas con contenidos artísticos parietales (en las paredes) adecuadamente catalogados

La respuesta a la primera pregunta, el cuándo, es esencial para establecer nuestra evolución cultural y de especie. Por ejemplo, hace pocos años se hizo el gran descubrimiento francés, en el cañón del río Ardeche, de un conjunto subterráneo de cuevas con más de 300 pinturas de animales, manos humanas (¿las firmas?) y figuras animales, posiblemente ceremoniales. La confirmación de una alegada datación de 20.000 años de antigüedad sería esencial para ir recomponiendo el puzzle prehistórico de la hominización. O la de los 35.000 años de la Venupaleolítica encontrada en Hohle Fels, en Alemania. O la trascendencia de un caso reciente, el gran bloque decorado de Fariseu, localidad portuguesa perteneciente al conjunto de arte rupestre al aire libre de Foz Côa (Portugal), que cuenta con bastantes figuras zoomorfas. Allí estaba prevista la construcción de una presa que hubiera cubierto gran parte de los grabados, lo que dio lugar a un intenso debate popular y científico sobre la oportunidad de la obra. La datación de algunos materiales líticos, realizada por termoluminiscencia, confirmó su presunta cronología paleolítica, con una antigüedad de más de 14.500 años. Resultado: la conservación del yacimiento e interrupción de las obras de la presa. Y una gran revolución conceptual podría ocurrir si los datos de datación de la Venus de Berejat Ram (Altos del Golán) y de la Venus de Tan-Tan (Marruecos) fuesen tan antiguos como los inicialmente propuestos para ellas.

DATACIONES
Son múltiples y, a veces, complementarias las técnicas que permiten datar e una obra de arte tal como una pintura prehistórica, una tarea que, la mayoría de las veces, constituye un reto científico difícil de resolver.

Por una parte existen los llamados métodos de datación estilística, basados en que un conjunto de figuras pertenecen a un período y grupo humano específico y que, por tanto, las diferencias entre estilos de figuras indican períodos de elaboración distintos. Sin embargo, ello viene dificultado por factores como las diferencias entre artistas, diferencias sociales, sistemas de elaboración o distintas intencionalidades.

Por otra parte, tenemos a las dataciones semi o absolutas, que suelen proponer una franja de fechas. Como apoyo para conseguirlo se acude a múltiples conocimientos: representación de algún hecho astronómico datable, identificación de fauna extinta, análisis de los pigmentos usados, análisis de crecimiento o alteración de líquenes,  relación con eventos geológicos datables, asociación directa con otros vestigios arqueológicos excavados, datación de grafismos o fragmentos enterrados, etc., aparte del análisis de los pigmentos y sus aditivos.

En cuanto a las dataciones relativas, establecen el orden de realización. Se acude a la diferencia entre el grado de patinación, a la alteración entre grafismos de un mismo conjunto, a la superposición entre motivos de un mismo conjunto, al estudio de los sectores escamados mas recientemente, a la posición topográfica de la obra, etc.

Y nos restan los que podemos denominar potentes métodos científicos de análisis de los que existen variados, con aplicaciones y limitaciones específicas: resonancia paramagnética electrónica, la espectrometría de masas, espectrometría de masas por acelerador (AMS), espectrometría infrarroja, análisis de microerosión, emisión de rayos X de protoninducido, radio-carbono, microscopía electrónica, difracción de rayos X, etc.

AMS
Para ser utilizado adecuadamente el método de datación absoluta por carbono-14 consume una considerable cantidad del material analizado, lo que le impide ser usado en determinadas ocasiones. La alternativa podría ser el uso de la AMS (Accelerator Mass Spectrometry) o Espectrometría de masa por acelerador, que necesita solo precisa de unas mínimas porciones (miligramos) para obtener una datación fiel, lo que ha está extendiendo a nivel mundial su empleo en el arte rupestre, ya que es bastante efectivo en pinturas de origen orgánico, lo que permite obtener una visión diacrónica del arte paleolítico rupestre.

Con relación a la espectrometría de masas tradicional, la de AMS consiste en el acoplamiento de un espectrómetro de masas a un acelerador, generalmente del tipo Van de Graaf o Cockroft-Walton, con lo que la sensibilidad de la técnica aumenta mucho. Al operar se desprenden de la muestra una serie de iones, entre los que se encuentran los del isótopo deseado. Durante  un proceso denominado  sputtering, se bombardea la muestra a tratar con Cs+ dentro de la fuente de iones.
Estos iones son sometidos a una diferencia de potencial y después se introducen dentro de unos deflectores donde campos eléctricos y magnéticos consiguen separar el isótopo que nos interesa de aquellos iones que no tengan la misma relación energía/carga y/o momento/carga.

El sistema aún se encuentra en la etapa de continuos perfeccionamientos para resolver deficiencias como las que ocurren con la contaminación de las muestras con ácidos húmicos. En cualquier caso ya ha sido posible aplicar esta técnica en algunas de las obras del arte rupestre más emblemáticas como Chauvet, Pech-Merle, Altamira, El Castillo, etc.

También se ha modificado la AMS con nuevas técnicas indirectas, sobre todo a través del plasma de oxígeno y fotooxidación inducida por láser. En cualquier caso dado el elevado número de yacimientos arqueológicos conocidos y el gran número de preguntas históricas que restan para ser contestadas, los resultados de los que disponemos son todavía escasos, pero una conclusión es evidente: la necesidad, como en tantos otros campos, de plantear las investigaciones con planteamientos multidisciplinares.