Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La fertilización oceánica

¿Será posible corregir el cambio climático mediante la fertilización de los océanos? Lo cierto es que existen diversas investigaciones realizadas al respecto así como varias empresas interesadas en grandes proyectos basados en esa idea, que pretende conseguir un incremento de la cantidad de fitoplancton y, por ende, de su capacidad de fijar dióxido de carbono, el principal gas invernadero, a fin de corregir el aumento de temperaturas del cambio climático.

En su origen griego la palabra plancton significa "ir a la deriva" y, desde 1887 se viene utilizando para describir a todos los seres vivos, animales (zooplancton) y vegetales (fitoplancton) que viven flotando en el agua. El fitoplancton está formado por algas microscópicas unicelulares, que viven en zonas iluminadas del mar, pues son fotosintéticas y usan como fuente de energía el sol y como fuentes materialrs el dióxido de carbono y las sales minerales disueltas, con lo que sintetizan compuestos orgánicos más complejos. La clorofila proporciona el color verdoso del fitoplancton en el que se pueden distinguir diatomeas, dinoflagelados, silicoflagelados y cocolitofóridos.

CICLOS. El fitoplancton es uno de los más poderosos agentes reguladores del dióxido de carbono libre. Cada año transforma unas 45.000 millones de toneladas de carbono orgánico. Al servir de alimento para otros seres vivos, una buena parte pasa a la cadena alimentaria, por lo que vuelve a reconvertirse y liberarse como dióxido de carbono a través del proceso respiratorio, pero se estima que cerca de 16.000 millones de toneladas de carbono orgánico acaban sepultadas en el fondo oceánico y no vuelven a ponerse en recirculación hasta pasados miles de años. Por ello, los combustibles fósiles que hacen funcionar actualmente al mundo industrializado proceden realmente de los restos del fitoplancton prehistórico hundido en los fondos marinos de entonces.

El papel que juegan los océanos en el ciclo del carbono y en la regulación del clima es muy complejo, con muchas facetas aun sin aclarar, interviniendo la atmósfera, el medio ambiente físico y los organismos vivos. Actualmente están en marcha varios grandes proyectos europeos a fin de investigar algunos puntos desconocidos. El proyecto ESCOBA, entre otros fines, pretende comprender cómo el aumento del dióxido de carbono atmosférico se relaciona, sin que ello suela suponer un incremento de fitoplancton, con determinadas variaciones de la circulación del agua en los océanos. Por otra parte, los investigadores del proyecto europeo ASGAMAGE pretenden desarrollar métodos de medición del intercambio del dióxido de carbono entre la atmósfera y los océanos a fin conocer sus tasas de intercambio reales.

OMEGA. La actividad biológica del fitoplancton requiere el aporte de energía luminosa (aguas superficiales) y nutrientes inorgánicos fertilizantes de nitrógeno, fósforo, etcétera, usualmente producidos en aguas profundas como consecuencia de la actividad de las bacterias sobre la materia orgánica sedimentada. Por tanto, simplificando, donde hay luz no hay nutrientes y donde hay nutrientes no hay luz. Por ello, son muy importantes los movimientos verticales ascendentes del agua que permiten hacer llegar los nutrientes hasta las zonas de crecimiento del fitoplancton, con la aparición de "zonas de afloramiento" muy ricas en fitoplancton y biomasa en general. Es lo que se denomina, de forma simplificada, la "bomba biológica" de importancia vital para atrapar al dióxido de carbono de la atmósfera. En este contexto, dentro del proyecto europeo OMEGA, científicos españoles de las Universidades de Málaga, Baleares y Cádiz, así como del centro mixto IMEDEA del CSIC realizaron una campaña oceanográfica de investigación a bordo del buque oceanográfico Hespérides, en la región nord-occidental del Mar de Alborán, que es como un océano en miniatura. Sus resultados, publicados no hace mucho en la revista Nature, demostraron que conforme aumenta la velocidad ascendente del agua era mayor la proporción de células grandes, atrapadoras de dióxido de carbono, en las aguas superficiales.

CARUSO. Llama la atención que los océanos absorban más carbono en el hemisferio sur que en el hemisferio norte, ya que, los inviernos antárticos y sus noches son muy largos y sus mares muy tempestuosos. Además sus aguas profundas son muy frías y al ascender y calentarse liberan buena parte del dióxido de carbono que tienen disuelto. Como consecuencia del proyecto CARUSO se ha demostrado que la alta capacidad de captura del dióxido de carbono por el océano austral se debe a que las aguas ascendentes del fondo arrastran una alta concentración de elementos nutritivos minerales como nitrógeno, fósforo y silicio, así como a que tiene lugar una liberación de hierro desde las márgenes continentales próximas.

La idea de enriquecer, de fertilizar, las aguas marinas, para estimular la producción de fitoplancton y la captura de dióxido de carbono, no es nueva. Hace unos años ya la investigaron científicos del Moss Landing Marine Laboratories, esparciendo sulfato de hierro en una superficie marina de unos 259 kilómetros cuadrados. La biomasa vegetal se incrementó casi 40 veces y se redujo el nivel del dióxido de carbono de la atmósfera en la zona tratada. Los resultados le hicieron exclamar a John Martin, director del proyecto: "Denme medio carguero con hierro y crearé una era glacial".

Sin embargo, los científicos en general son más cautos y advierten sobre la necesidad de realizar importantes investigaciones aclaratorias de lo qué realmente pueda suceder con una práctica de ese tipo. Muy recientemente se han repetido otros ensayos y diversas empresas anuncian nuevos proyectos. ¿Existen peligros si se realizase una superproducción localizada de fitoplancton?. Muchos científicos lo piensan así. Por ello, antes de lanzarse a la fertilización oceánica masiva hay que pedir exigir muchas precauciones, pero, sobre todo, más y mejores investigaciones.