Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El florígeno

El florígeno

Heinrich Heine (1797-1856), nacido en Dusseldorf, es considerado como uno de los más grandes poetas alemanes. La Universidad de Dusseldorf, que lleva su nombre, así lo testimonia. De vida agitada y carácter apasionado, su obra poética, plena de referencias míticas y paisajes fantásticos, dejó una profunda huella en la lírica posterior.

FLORES
Se cuenta de Heine que ya muy enfermo, momentos antes de su fallecimiento, el Dr. Gruby, gran amigo suyo, entró en su alcoba y lo miró en silencio, con tanta tristeza que Heine le preguntó: “¿Voy a morirme ya?”. El médico contestó :“Sí, llegó la hora. Usted me hizo prometerle que se lo diría y cumplo mi promesa. ¿Desea algo de mí?”. El poeta le indicó : ”Sí, mi mujer duerme, no la despierte; pero coja esas flores, que compró esta mañana. Yo adoro las flores…¡Póngalas sobre mi pecho!. ¡Gracias, muchas gracias!."  Y, tras aspirar por última vez el perfume de aquellas flores, exclamó antes de fallecer “¡Flores, flores!...¡Qué bella es la naturaleza!”.

El poeta español Ramón de Campoamor publicó sus PEQUEÑOS POEMAS en 1872, es decir 16 años tras la muerte de Heine pero posiblemente no conocía la historia anterior cuando escribió en el poema XV, titulado La utilidad de las flores: “ ¡Morir con una flor en las manos es morir abrazado con el cielo!”, poema que se inicia con la advertencia de: “No lo dudéis, lectores,  si hay un cielo, hay en él aves y flores”.
 
Realmente las flores conmueven a los poetas, son la expresión material del cariño, del amor o de la veneración, del recuerdo a los que no están, embellecen el entorno en el que se encuentran, sus aromas son por todos apreciados e impregnan universalmente las representaciones artísticas de la humanidad.

Para la Ciencia las flores poseen también un gran interés ya que todavía no está aclarado totalmente cómo y por qué ocurre el proceso de la floración. Y a nadie se le oculta las profundas implicaciones económicas que tendría el saber controlar con precisión el proceso de floración de las plantas.

FLORACIÓN
En 1865, el botánico alemán Julius von Sachs observó que la iluminación de una simple hoja de una cierta planta estimulaba su florecimiento... En 1938 dos grandes fisiólogos vegetales Karl C. Hamner y James Bonner publicaron una investigación titulada (original) PHOTOPERIODISM IN RELATION TO HORMONES AS FACTORS IN FLORAL INITIATION AND DEVELOPMENT demostrativa de que las  hojas “percibían” la luz, y ello provocaba el desarrollo de la yema floral. Aparentemente, de la hoja a la yema se transmitía alguna sustancia con profundos efectos sobre el crecimiento y desarrollo, es decir, una hormona de la floración.

Chailakhyan, un gran investigador de la floración de plantas de día corto, como los crisantemos, indicó que realmente las hojas producían una hormona que se dirigía al ápice e iniciaba la floración. Chailakhyan denominó a esta hipotética hormona florígeno, “el hacedor de flores”. Aunque durante muchos años se pensó que la duración del día era determinante para inducir la floración, interrumpiendo alternativamente la longitud del día o de la noche en condiciones controladas de invernadero, se demostró que es la duración de la noche quien determina la inducción de la floración.
El comportamiento de distintas especies en respuesta al fotoperiodo, clasifica a la mayoría de las plantas en tres grupos:
* Plantas de Día Largo (PDL) o Plantas de Noche Corta (PNC), que florecen tras una o varias noches cortas (ej. espinaca, trigo, avena, cebada, guisante, remolacha, nabo).
* Plantas de Día Corto (PDC) o Plantas de Noche Larga (PNL) que lo hacen tras una o varias noches largas (ej. cebolla, soja, algodón, arroz, caña de azúcar, maíz).
* Plantas Neutras al Fotoperiodo (PNF), insensibles al fotoperíodo (ej. pepino, tomate, judía) . Mientras algunas plantas necesitan de un sólo periodo de inducción para florecer mientras otras necesitan de varios periodos inductivos.

Otros experimentos demostraron que la respuesta floral no tiene lugar si inmediatamente después de la fotoinducción se quitan las hojas. Pero si se dejan las hojas en la planta durante unas pocas horas después de completarse el ciclo de inducción, pueden quitarse entonces sin que la floración se vea afectada.  La interpretación es que la duración del fotoperíodo se percibe en las hojas, que generan una señal que se transmite al meristemo apical. Esta señal o “florígeno”, es transportada a través del floema (la floración se interrumpe interceptando esta circulación) y puede pasar de una planta fotoinducida a una planta no fotoinducida, pero siempre que entre ambas haya conexiones anatómicas de tejido vivo. Aunque se acumularon las evidencias de la existencia de sustancias tanto inductoras como inhibidoras de la floración, sin embargo, los intentos de aislarlas fueron infructuosos hasta tiempos recientes.

FLORÍGENO
En el año 2005 pareció que se había conseguido la meta anhelada, el descubrimiento del florígeno. Dos artículos publicados en la revista SCIENCE por científicos de la Universidad de Kyoto (Japón),  del Instituto Max Plank de Tubingen (Alemania) y de la Universidad de  Ciencias Agrícolas de Umea (Suecia) indicaban que, cuando las condiciones ambientales son las propicias para que se inicie la floración, la planta envía desde las hojas al ápice un ARNm (ácido ribonucleico mensajero) que codifica la producción de una proteína FT. La proteína FT interacciona físicamente con otra proteína FD que sólo se produce en el ápice y, de un modo aún desconocido, ello activa el programa de construcción de las flores en la punta del tallo.  Es decir, que las dos proteínas por separado no funcionan, y tienen que juntarse físicamente para  activar a los genes de floración. Este descubrimiento se inscribió como uno de los más importantes científicamente del año 2005.

Pero hace unos días, a inicios de mayo del 2007, de nuevo las revistas SCIENCE y NATURE retomaban el tema ante la aparición de dos artículos que rectifican y completan los datos publicados. Por una parte, parece ser que. Tao Huang, uno de los investigadores participantes en el grupo sueco, actualmente en China, no fue muy escrupuloso en los análisis de los resultados, omitiendo algunos y llegando a conclusiones erróneas. Los otros cuatro participantes del grupo investigador sueco así lo han denunciado. Las ideas actuales de los equipos de investigadores y de otros nuevos equipos que intervinieron o que han intentado confirmar los hallazgos es de que el papel de florígeno lo realiza no el ARNm de la proteína FT, sino la propia proteína FT, que es la que físicamente viaja desde las hojas a los ápices donde se producirá la floración. Así lo han demostrado científicos alemanes, con la planta Arabidopsis thaliana,  fusionando la proteína FT con otra proteína fluorescente lo que permitió la visualización del transporte  de FT desde las hojas en la savia del floema hasta las células meristémicas generadoras de los tejidos que florecerán.