Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Los peces no comen árboles

Los peces no comen árboles

Al amable lector la lectura de este título en una divulgación científica le podrá sugerir o que se trata de una perogrullada o que con el mismo se recuerda algún relato mitológico o fantástico. Según el DRAE una perogrullada es una verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla. En España, desde el siglo XVI, las perogrulladas se atribuyen a Perogrullo o Pero Grullo, un personaje quizá imaginario, pero presente en las obras de muchos autores, incluyendo a Quevedo y Cervantes.

PLANCTON
No es una perogrullada. Tampoco la frase tiene nada que ver con la fantasía o mitología. La realidad es bien otra, ya que desde hace unos años los científicos la aceptaban plenamente. Pensaban que la mayor parte de la biomasa que contienen los peces procedía de la hojas y otros productos arbóreos.

La cuestión no sólo tiene importancia biológica sino industrial ya que, cada día, se va ampliando el porcentaje cuantitativo que representa la Acuicultura en la producción de peces y conocer bien cómo son y cómo funcionan las cadenas tróficas es de gran interés. En la Acuicultura, uno de los factores limitantes es la obtención y producción de alimentos que cubran todos los requerimientos para las especies de cultivo y que resulten costeables.

El alimento vivo (fitoplancton y zooplancton) es esencial durante el desarrollo larvario de peces, crustáceos y moluscos. El fitoplancton es capaz de sintetizar por fotosíntesis su propio alimento, a partir del agua, gas carbónico y energía luminosa. Está constituido principalmente por algas unicelulares microscópicas. El zooplancton, por el contrario, está constituido por organismos heterótrofos que no pudiendo sintetizar su propio alimento, la obtienen del medio exterior por ingestión de partículas vivas o muertas.  El zooplancton se alimenta de fitoplancton e incluye grupos animales muy diferentes, como medusas, ctenóforos, salpas y especialmente fases larvarias de esponjas, moluscos, anélidos poliquetos, crustáceos, etc., además de muchos protistas heterótrofos, los que comúnmente y con poca precisión son llamados protozoos.

INVESTIGACIONES
NATURE es una de las grandes revistas científicas mundiales y sus artículos merecen un gran respeto en el mundo científico. En el año 2004  un grupo investigador del Instituto de Estudios de Ecosistemas en Millbrook, en Nueva York, publicaba en esa revista los resultados de un experimento a gran escala que intentaba conocer cuál era el origen de los átomos de carbono que constituyen las biomoléculas de los peces, cuyo primer alimento es el zooplancton.

El trabajo fue realizado sobre tres lagos en Michigan y los investigadores “fertilizaron” la superficie de esos lagos durante más de un mes añadiéndoles una forma “etiquetada” de dióxido de carbono (conteniendo el isótopo C13). Tras ello, analizaron cuánto de ese carbono etiquetado aparecía en los animales, considerando su posición en la cadena trófica alimentaria acuática. Los resultados indicaron que los peces parecían estar compuestos, como mínimo, por un 50% de carbono terrestre, es decir, procedente de la materia vegetal terrestre. Ello ocurría incluso cuando el suministro de materia vegetal terrestre estaba limitado a aproximadamente solo el 20 por ciento de los alimentos disponibles. Por ello, no es extraño que, de un modo figurativo, científicamente fuese aceptada la frase de que los peces se alimentaban de los árboles, lo que reforzaba la existencia de un vínculo muy estrecho entre los ecosistemas terrestres y acuáticos. Dicho de otro modo lo que indicaban los investigadores era que el carbono procedente del material vegetal terrestre se incorporaba preferentemente al zooplancton consumido por los peces.

En los pasados años el estudio anterior ha venido teniendo un profundo impacto en el campo de la ecología acuática y son pocos los científicos que han evaluado críticamente a sus resultados.

ALTERNATIVA
Pero algunos investigadores no encontraban mucho sentido a esas conclusiones. Todos sabemos del alto contenido de los saludables ácidos omega-3 en muchos peces. Sin embargo, los peces, ni el zooplancton son capaces de sintetizar esos ácidos en sus células. La conclusión obligada es que los adquieren por la alimentación. Pero la paradoja es que materiales vegetales como son las hojas de los árboles poseen un bajo contenido en ácidos omega-3.

La solución parece radicar en la intermediación de las algas. Así lo afirmaba muy recientemente, en otra gran revista científica, los PNAS, de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, el grupo dirigido por el Dr. Bretta que trabaja en la Universidad de Washington, en colaboración con otros científicos americanos y europeos. El estudio, financiado por la Fundación Nacional de las Ciencias, tuvo un enfoque diferente al del trabajo comentado anteriormente y se realizó fundamentalmente en el laboratorio, alimentando zooplancton con una dieta de algas, carbono terrestre o diversas mezclas de los dos, encontrando que la dieta exclusiva a partir de carbono terrestre producía un zooplancton poco vigoroso mientras que si era alimentado con algas su cantidad se multiplicaba por 10 y su descendencia por 20. Asimismo se comprobó que los lípidos del zooplancton, incluyendo los omega-3, procedían exclusivamente de las algas. Por tanto, la conclusión final sería la del titular, los peces no se alimentan de árboles sino, mayoritariamente, de algas.

Para el Dr. Bretta el origen de los resultados tan diferentes anteriores de los investigadores neoyorquinos radicaría en que  no tuvieron en cuenta el fenómeno de la migración del zooplancton, que consiste en un movimiento diario mediante el cual durante el día se traslada hasta aguas más profundas para escapar de los peces predadores. Por ello, la mitad de su carbono añadido y realmente incorporado al zooplancton no se encontraba donde suponían sino en las profundidades de los lagos.

OMEGA-3
Los datos anteriores son de gran interés para la Acuicultura y para conseguir altos contenidos de ácidos omega-3. Recordemos algunos de los efectos saludables de los ácidos omega-3. Los compuestos denominados eicosanoides formados a partir de ácidos omega-3 son cardioprotectores, ya que reducen la cantidad de grasa en la sangre, ablandan las arterias y los vasos sanguíneos, disminuyen la coagulación sanguínea y formación de coágulos, facilitan la formación del ”colesterol bueno”, el HD e inhiben la deposición de colesterol en nuestras arterias. Además, cuando en el torrente sanguíneo se encuentran ácidos omega-6 y omega-3, éstos últimos dificultan la formación de los eicosanoides cardioantagónicos provenientes de los omega-6, que inducen la coagulación sanguínea, hacen que las arterias y los vasos sanguíneos se estrechen y endurezcan, y favorecen la deposición arterial del colesterol.

El papel primordial de las algas para conseguir altas tasas de ácidos omega-3 en los alimentos no se limita a las algas. No olvidemos que se comercializan huevos enriquecidos en omega-3, obtenidos mediante el sencillo expediente de incluir en la dieta de las gallinas una proporción de determinadas algas. Cada huevo contiene aproximadamente 150 miligramos del ácido omega-3 DHA y contiene un 500% más de ácidos grasos poliinsaturados que un huevo normal, todo ello sin merma para su sabor.