Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

De olvidos y memorias

De olvidos y memorias
Ilustración :: ÁLEX

El poeta-escritor José Manuel Caballero Bonald, nacido en Jerez de la Frontera en 1926, es un gran admirador de otro gran poeta-escritor, Mario Benedetti (Uruguay,1929-2009). Para Caballero Bonald, ‘La poesía de Benedetti es una crítica de la sociedad y de la vida impartida según dos espacios temáticos, el amor como programación solidaria de la existencia y la historia como experiencia moral’.  En 1973 Mario Benedetti partía a un exilio que duró 12 años por Argentina, Perú, Cuba y España. En ese periodo escribió una serie de libros, entre ellos, uno de sus más conocidos, donde muestra su dolor nostálgico, titulado ‘El olvido está lleno de memoria’. Sus versos encarnan la desdicha de la lejanía, del tiempo que quema los instantes posibles, pero muy distantes. Son olvidos que se llevan en la memoria, o memoria escondida en el olvido. Para Benedetti, el olvido pasa a ser un acto voluntario de los hombres, que en rigor son `No olvidadizos, sino olvidadores”.

Pero todo ello, ¿se trata sólo de bellas licencias poéticas, sin otro contenido?. No, ya que, asombrosamente, la ciencia nos está revelando la intensidad de la relación entre los mecanismos de memoria y olvido. Hoy comentaremos algunas investigaciones recientes al respecto.

MEMORIA
Los científicos admiten que aunque cada vez son más conocidas las bases biológicas y bioquímicas de la memoria, aún queda mucho, muchísimo, por investigar. La complejidad cerebral es enorme, con unos cien mil millones de células nerviosas. Además, existen memoria a corto y memoria a largo plazo que responden a esquemas diferentes.

Ya, en 1949, el psicólogo canadiense Donald O. Hebb, enunció su conocida regla  de aprendizaje, con los neurotransmisores como protagonistas, proponiendo que la memoria se produce cuando dos neuronas conectadas se activan a la vez, de manera que se refuerza su sinapsis, un proceso en el que  la información fluye de una neurona a otra a través de las sustancias llamadas neurotransmisores. Posteriormente se fue conociendo más sobre la `potenciación a largo plazo´ o aumento de la intensidad sináptica, sobre todo en el hipocampo, a veces durante horas, días e, incluso semanas. En la década de los 80 se estableció el importante papel tanto de de los receptores NMDA situados en las membranas celulares de las neuronas postsinápticas (las que reciben el flujo de información) como de los canales de calcio que controlan.

Aunque no es cierto el mito de que utilizamos sólo el 10% de nuestro cerebro, hace unos dos años investigadores de la Universidad de California y del Hospital for Sick Children de Toronto mostraron que el cerebro no suele usar más del 20% de sus neuronas formadoras de memoria. Lo más importante fue descubrir el papel clave que juega una proteína en el proceso. Se trata de la proteína CREB (del inglés cAMP Response Element Binding) que es un factor de transcripción, es decir, que específicamente controla la expresión de ciertos genes, con lo que su presencia activa la síntesis de unas proteínas determinadas y ello deriva en la formación de la memoria en los seres vivos. Así, en el laboratorio, ciertos ratones manipulados genéticamente, con menos CREB, presentaban problemas de memoria pero tras ser inyectados con un vector para recuperar la producción normal de CREB, su memoria se volvía normal. Usando sondas fluorescentes unidas a esos vectores comprobaron que su actuación en la zona conocida como amígdala lateral no superaba al 20% de las neuronas.

OLVIDOS
Hace pocos meses J. R. Minkel comentaba en la revista SCIENTIFIC AMERICAN las peculiaridades del proceso del olvido a raíz de un artículo publicado por dos sicólogos cognitivos en la revista PSYCOLOGICAL SCIENCE. Realizaron una investigación experimental (de recuerdos de cuadros de colores) mostrando que ciertas experiencias de memoria no se olvidan paulatina sino bruscamente. Más aún, en la mayor parte de los investigados esa pérdida de memoria tiene lugar rápidamente, entre 4 y 10 segundos después de recibir el estímulo.

Y la semana pasada, la reputada revista CELL publicaba una investigación del Dr. Yi Zhong y sus colegas de Universidad de Tsinghua en Beijing y Cold Spring Harbor Laboratory en Long Island, NY, demostrativo de que el olvido es un proceso bioquímico activo no muy diferente de la formación de la memoria. Usaron moscas de la fruta, creando variantes de Drosophila melanogaster que podían activar o desactivar una proteína llamada Rac, que juega varios papeles en la señalización intracelular. Para ello realizaron tres tipos de pruebas diferentes usando olores: En la primera, las moscas aprendían a asociar uno de dos olores con una consecuencia negativa (una débil descarga eléctrica en una pata). En la segunda, las moscas, tuvieron que aprender un nuevo par de olores y sus consecuencias en una prueba del tipo interferencia de aprendizaje (interferencia con la memoria de la primera prueba). En la prueba final, llamada inversión de aprendizaje, se invertían experimentalmente las consecuencias asociadas al primer par de olores.

En resumen, los investigadores encontraron que la inhibición de la producción de RAC desaceleraba la pérdida de memoria con el tiempo y anulaba el olvido, mientras que el aumento de la actividad de Rac ejercía el efecto contrario, acelerando la decadencia de memoria y promoviendo el olvido. Los efectos fueron independientes de la formación de los recuerdos, ya que todas las moscas habían adquirido por igual la memoria de la primera asociación.

REFLEXIONES
La ciencia de la memoria y del olvido se encuentra aún en su infancia. Recordar bien es un evidente factor positivo para la supervivencia, pero ¿qué beneficios podría tener el olvido?. Es clara la función de limpieza, cuando un cierto material en la memoria ya no es necesario. También puede ser conveniente olvidar cuando el recuerdo es inconsistente e, incluso, perjudicial respecto a las circunstancias actuales, como les sucede a las moscas en la tercera prueba de inversión, cuando conviene que olviden lo sucedido en la primera prueba.  

Asimismo, algunos científicos opinan que el almacenado de la memoria en los seres vivos guarda cierta similitud con lo que ocurre en el disco duro de un ordenador que vamos llenando y llenando de información. Cuando se completa ya no puede recibir más y, para continuar es preciso vaciarlo, al menos parcialmente. Buscando la analogía biológica de nuestras moscas Melanogaster, es como si  la memoria de almacenamiento de mosca de la fruta pasase por la ocupación o no de unos receptores por parte de moléculas de proteína Rac. Para almacenar una nueva memoria, los receptores ocupados durante la primera prueba deben ser reutilizados, lo que requiere su vaciado, el olvido de la primera memoria.

Conocer más sobre la memoria y el olvido es un requisito indispensable para que algún día, posiblemente todavía no muy cercano, podamos comprender las patologías del cerebro y aprendamos a corregirlas.