Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Mosquitos: cómo controlarlos

Mosquitos: cómo controlarlos
Ilustración :: MIKEL CASAL

Las reacciones adversas de sus picaduras pueden ser graves y también pueden transmitir enfermedades muy peligrosas. De ahí la preocupación por combatirlos y controlarlos.En la colaboración anterior nos referíamos a posibles causas que fuesen capaces de explicar científicamente que unas personas más que otras sean los blancos preferentes de las picaduras de los mosquitos. En esta ocasión nos referiremos preferencialmente a los procedimientos para controlarlos, principalmente al conocido como control biológico.

IMPORTANCIA
Si la importancia de un tema guarda relación con el número de investigaciones científicas que se publican sobre el mismo en revistas contrastadas internacionalmente hemos de concluir que en una sociedad en la que intentamos frenar el uso excesivo de productos y venenos químicos el control biológico de los mosquitos es un tema importante y sobre todo actual, ya que (datos extraídos de Google Scholar) en la década 1990-2000 la media de investigaciones anuales sobre este tema fue el de unas 300, mientras que al final de la presente década la media anual estará situada por encima de las 2000, y en ritmo creciente, ya que en el año 2007 fueron 1.300, en el 2008 alcanzaron las 4.700 y en el 2009 superaron las 7.400.

Los mosquitos transmiten enfermedades a más de 700 millones de personas cada año en el mundo y son los responsables indirectos de las muertes de muchos de ellos. Aparte de la malaria, con más de tres millones de víctimas mortales anuales, transmiten los arbovirus responsables de la fiebre amarilla, de la fiebre hemorrágica del dengue, la poliartritis epidémica o varias formas de encefalitis. Sin llegar a esos extremos, la alergia a picaduras de insectos es una afección que afecta la calidad de vida de los que las padecen y en ocasiones puede derivar en un desenlace fatal. Aunque los principales insectos causantes de ellas son los himenópteros, otros insectos como los mosquitos también las provocan. Las reacciones más frecuentes son tóxicas pero también se pueden observar las de tipo alérgico, desde un ámbito local a las generalizadas y graves, tanto con manifestaciones cutáneas inmediatas como tardías. Se considera a la saliva de los insectos como la causante de las reacciones alérgicas, cuya intensidad es muy dependiente de la inmunorespuesta del receptor de la picadura.

REPELENTES
Muchos sistemas y sustancias son considerados como repelentes de los mosquitos, En algunos casos ello es totalmente incierto, como el uso de ultrasonidos, orina o amoniaco. Otras son de bajo efecto como ocurre con las personas que prefieren usar plantas como la citronela o el pelitre.

En el año 1957 apareció la sustancia estrella, base de todos los repelentes químicos, el DEET o N,N-dietil-toluamida, usado desde entonces por millones de personas, no sólo para repeler mosquitos sino garrapatas, pulgas, moscas, etc. Sigue siendo la más extendida de tales sustancias y su efecto se debe a que interfiere con el olfato del insecto (con una sensibilidad unas 10.000 veces superior al humano). Como es efectivo sólo a corta distancias de la superficie tratada, el usuario del repelente puede seguir observando a mosquitos volando cerca de él. Las formulaciones del DETT son múltiples, incluyendo lociones, cremas, gelatinas, rociadores, etc. Un contenido de repelente del 24% (la mayoría de las preparaciones contienen entre el 10% y el 30%) tiene un efecto protector de unas cinco horas según un estudio que publicó el investigador y dermatólogo Mark Fradin. El uso del DEET es bastante seguro ya que según la Academia Americana de Pediatría su utilización en concentraciones inferiores al 10% ya es segura, incluso para niños de más de dos años.

Como es lógico, a lo largo de los años transcurridos han aparecido nuevas sustancias químicas repelentes. Así sucedió, hace unos pocos con diversos derivados de las picaridinas, con un olor más atenuado, una sensación táctil más ligera y usables con seguridad aún en bebés de dos meses de edad. Ese es el caso de la icaridina, que es el nombre comercial para el carboxilato de sec-butil 2-(2-hidroxietil)-1-piperidina. En España forma parte de varios productos de la popular marca Autan.

También existen alternativas repelentes no químicas. Así ocurre con algunos derivados obtenidos de los aceites de soja, citronela, cedro, menta, limón o geranios, aunque en todos los casos, las protecciones tienen poca duración. El de mejores perspectivas es el de eucalipto, seguro de usar en niños de tres años y con efectividades similares a las del DEET en bajas concentraciones.

En los últimos tiempos también han aparecido otras variedades de repelentes en forma de parches sobre la piel, algunos conteniendo tiamina (vitamina B1), basados en unos resultados de que la tiamina produce en la piel un olor que no les gusta a los mosquitos hembra.

LUCHA BIOLÓGICA

El drenaje de las zonas de cría de mosquitos también es una actuación no química, amistosa medioambientalmente, porque es en el agua donde los mosquitos pasan todas sus fases de vida, excepto la de adulto. La eliminación de latas o de ruedas de coches y camiones abandonados es otro buen recurso, ya que acumulan agua de lluvia y favorecen la reproducción de los mosquitos. O el desarrollo de trampas estratégicamente situadas que emitan señales atractivas para los mosquitos (dióxido de carbono, humedad, calor, etc.) que son atraídos, atrapados y matados in situ.  

Pero sin duda, desde el punto de vista ecológico, lo más atractivo es el control biológico. Las posibilidades son muy variadas. La naturaleza puede ser de gran ayuda. Los predadores naturales de las larvas de mosquitos, como algunas especies de peces, o algunas bacterias, pueden ser utilizados como larvicidas ecológicos. Y la misma medida podría aplicarse con los mosquitos adultos, aunque entonces nos referiríamos a otro tipo de predadores.

Como un ejemplo reciente de las posibilidades abiertas en este campo, citaremos la investigación publicada hace unos días en la revista ECOLOGY por investigadores americanos e israelitas. En ella se realiza la primera identificación química estructural de dos cairomonas (sustancias del tipo de las feromonas) que son emitidas por depredadores  de los mosquitos haciendo que estos no coloquen sus huevos cerca del lugar de emisión. El director de la investigación, profesor Cohen, y sus colegas israelíes se centraron en la interacción entre dos especies de insectos de las lagunas temporales del Mediterráneo y Oriente Medio: las larvas del mosquito Longiareolata C. y su depredador, la Backswimmer N. Maculata. Cuando los mosquitos hembras llegan y detectan una sustancia química emitida por el Backswimmer, son menos propensos a poner huevos en ese lugar. Según Cohen, este hallazgo “podría ser una parte útil de una estrategia para controlar el tamaño de la población de mosquitos".