Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Objetivo: la inmortalidad

Hasta ahora, solo las religiones ofrecen la posibilidad de derrotar a la muerte, pero en el mundo terrenal cada vez más científicos se preocupan seriamente no ya de retrasar el envejecimiento, sino de la perdurabilidad de ciertas características biológicas, de alcanzar alguna forma de inmortalidad.

Últimamente, uno de los libros que ha alcanzado más éxito en los Estados Unidos es el que, traducido, se titula RETRASANDO EL ENVEJECIMIENTO, escrito por el neurólogo Michael Fossel, quien predice que, antes de veinte años, habrá comenzado el cambio más radical conocido en la historia de la Humanidad. Ello será posible gracias al conocimiento y control de los principales factores que ocasionan el envejecimiento, entre ellos una enzima, la telomerasa, de la que ya nos ocupábamos en otra ocasión previa. La telomerasa está íntimamente relacionada tanto con el envejecimiento como con la malignización celular. Y vale la pena no olvidar que en laboratorios de todo el mundo existen, y se experimenta con ellos, cultivos celulares humanos que son prácticamente inmortales puesto que, en condiciones adecuadas, esas células, tales como las existentes en muchas líneas celulares cancerosas, crecen y se multiplican de un modo temporal prácticamente ilimitado.

REENCARNACIÓN INFORMÁTICA. Los técnicos de la compañía inglesa de telecomunicaciones BRITISH TELECOM lo han denominado, pretenciosamente, EL CAPTURADOR DE ESPÍRITUS. Se trata solo de un proyecto, pero de un serio proyecto a cargo del equipo de vida artificial de esa compañía. El objetivo es conseguir grabar en un microchip de memoria todos los pulsos eléctricos que pasan por nuestro sistema nervioso, por ejemplo, cuando miramos algo, los que van desde el ojo al cerebro. El supuesto consiste en que una vez hayan quedado grabados podrían ser reproducidos usando el cerebro de otra persona. Más aun, piensan los ingenieros que, en el futuro, será posible hacer lo mismo con todas las señales sensoriales de cerebro, es decir todo lo que una persona ve, oye, huele o saborea. Todo podría ser capturado en uno o varios microchips de memoria de un poder inimaginable, con lo que la experiencia humana podría digitalizarse y transferirse de un cerebro hasta otro. Los ingenieros de la BRITISH TELECOM piensan que, al igual que ha sucedido en los últimos veinte años, la capacidad de memoria de los microchips seguirá multiplicándose al menos por cien cada década que transcurra, por lo que llegará el momento en que unos pocos microchips puedan almacenar toda la inmensidad de datos que procesa un cerebro humano.

¿Piensan Uds. que éstas son elucubraciones de unos pocos científicos algo locos?. Pues bien, este mismo año, en Tucson, Arizona, tuvo lugar una convención titulada HACIA UNA CIENCIA DE LA CONSCIENCIA. En ella, más de un millar de científicos y filósofos se dedicaron a analizar cuestiones como la que estamos tratando, que de tener algún día éxito significaría algo muy parecido a la reencarnación, al menos la reencarnación informatizada de la experiencia de una persona en el cerebro de otra persona diferente.

GENES DE VEJEZ Y ANTIVEJEZ. El síndrome de Werner es una rara forma de enfermedad genética. Quienes la sufren, hacia los veinte años comienzan a envejecer velozmente y van adquiriendo todas las secuelas características de la vejez, aquejándoles una gran frecuencia de cánceres y muriendo prematuramente. Sin duda, el conocimiento del gen o genes implicados sería de gran valor ya que ello abriría las puertas, en un plazo por ahora impredecible, a la posibilidad de controlar tales genes y su posible deterioro y, con ello, regular el propio proceso del envejecimiento. Esta primavera, el genetista Gerard Schellenberg, de la Universidad de Washington, pudo encontrar a un gen ligado con la enfermedad de Werner, ubicado en el brazo corto del cromosoma 8: por primera vez, en humanos, se había identificado un gen asociado al envejecimiento. ¿Cuál es el cometido de este gen, cuyo deterioro conduce a la vejez prematura?. Se sabe que el gen normal codifica la biosíntesis de una proteína que es una enzima del tipo helicasa, de las que se conocen una media docena de variedades. Las helicasas, todas muy parecidas entre sí, catalizan que se desenrollen las dos ramas que, enrolladas entre sí de forma helicoidal, conforman la estructura del ADN, es decir, de nuestros genes. El desenrollado del material genético es un paso previo para que ocurran acontecimientos tan esenciales como la reparación de los genes cuando se estropean, la replicación o duplicación del material genético durante la división celular, así como la propia expresión de los genes.

Hay que tener presente que en los últimos años también se han descubierto otros genes antivejez o de envejecimiento en muy diversos modelos animales.

COMPLEJIDAD. Realmente, estamos comenzando a recorrer un largo camino en el conocimiento de las circunstancias que afectan al envejecimiento. El final parece aun lejano, pero el camino ya está trazado. Se estima que, en los humanos, una buena parte de sus genes (de un total supuesto cien mil) participan en mayor o menor grado en ese fenómeno. Y, por ahora, como comentábamos antes, tan solo se ha caracterizado totalmente uno de ellos. Otros, aun sin caracterizar, se deben relacionar con el sistema inmune, con el metabolismo oxidativo, etcétera.

Aparte de ello, la degeneración celular que conduce al envejecimiento consta, además de con las causas genéticas, con otras de tipo epigenético y ambiental. Por ello, no parece inminente el que alguien pueda ganar el premio de cien mil dólares que el millonario tejano Miller Quarles ha instituido para la primera persona que descubra la forma definitiva de curar la vejez.

Hasta tanto, lo que podemos hacer es recordar, actuando en consecuencia, una frase del que fue primer creador negro de un musical, el centenario músico americano Eubie Blake: "Si hubiera sabido que iba a vivir tanto tiempo, yo mismo me hubiese cuidado mucho mejor".