Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Quién fue el asesino?

Grandes, exóticos y vistosos mamíferos así como tremendas aves no voladoras deambulaban por las superficies terrestres. Entre los grandes mamíferos, muy abundantes, destacaban los mastodontes, los perezosos y los tigres diente de sable. En el Norte de América existían llamas, camellos, tapires, caballos y yaks, así como gigantescos antílopes y lanudos bisontes y mamut. Y en otros lugares del mundo la situación era similar. En Australia habitaban unos terribles canguros de más de 300 kilos de peso dotados de grandes zarpas y los Genyornix, enormes pájaros no voladores de más de 100 kilos.

Los mastodontes podrían ser un buen ejemplo representativo de esos grupos de animales, por otra parte tan distintos entre sí. Estaban distribuidos por los bosques del planeta por lo que sus restos, frecuentemente bien conservados, se han encontrado en todo el mundo. De pelo lanoso, con tamaño y aspecto situados entre los actuales elefantes y los extintos mamut, su dentadura era diferente, con colmillos superiores largos y curvados y con crestas transversales sobre los dientes molares. En cuanto al tigre con dientes de sable, un sanguinario carnívoro, no era realmente un tigre sino un félido, cuyos rasgos más llamativos eran, por un lado, el estar dotado con unos enormes caninos superiores con forma de sable, que se prolongaban casi 20 cm por debajo de su mandíbula inferior, además de que caminaba apoyando la planta de los pies, como lo hacen los osos.

PLEISTOCENO. Todos ellos existieron hasta el final del Pleistoceno y, entonces, sorpresivamente, en un periodo relativamente corto de tiempo, desde hace unos 50.000 años hasta hace unos 11.000 años, misteriosamente desaparecieron. Lo mismo sucedió con los gliptodóntidos, un grupo de mamíferos parecidos a los armadillos, que contaban con una armadura corporal protectora, formada por placas óseas fusionadas y cuyo caparazón medía más de 1,5 metros. Sus falsos dientes, parecidos a ganchos, carecían de esmalte.

En total, el número de víctimas fue colosal, desvaneciéndose 28 géneros y 55 especies. ¿Quién o qué los hizo desaparecer?. Situémonos en el tiempo. El Pleistoceno es una parte del periodo Cuaternario, iniciado al final del periodo Terciario, hace 1,64 millones de años. Concretamente el Pleistoceno se refiere al primer y más largo periodo del Cuaternario, extendiéndose hasta hace unos 10.000 años. Durante el Pleistoceno tardío los sistemas montañosos alcanzaron su altura y configuración aproximada por acción de la erosión y, en cuanto al clima, se caracterizó por la extensión de los glaciares sobre más de una cuarta parte de la superficie terrestre del planeta. Por otra parte, hay que recordar que, a veces, se le llama al Pleistoceno la Era del Hombre porque se cree que los primeros seres humanos evolucionaron profundamente durante el mismo.

En uno de los últimos números de la revista Science se publican los resultados de varias investigaciones relacionadas con las causas del fenómeno. Dos de ellas culpabilizan al hombre, pero otros investigadores piensan en las variaciones climáticas como el origen del proceso devastador. El dilema continuará hasta que sea posible disponer de datos más completos aunque, sea cual sea la causa, lo que se hace evidente con este fenómeno es la constatación de la fragilidad de cualquier ecosistema ante una actuación externa.

HUMANOS. El grupo dirigido por el Dr. John Alroy, un biólogo de la evolución, ha desarrollado un detallado modelo informático de la ecología de América del Norte durante el Pleistoceno. Allí, los humanos pudieron llegar hace unos 14.000 años. El modelo es capaz de simular la dinámica poblacional de los humanos y de 41 grandes herbívoros, así como las acciones de los cazadores virtuales humanos en un territorio virgen, con variables como velocidad de desplazamientos, eficacia en la caza y competencia por el alimento entre las especies de presa. El resultado obtenido, fijando el comienzo del estudio en hace unos 14.000 años, ha sido de que se ajusten como se ajusten las variables, la consecuencia final es coincidente con lo conocido por los registros existentes, es decir, que hace unos 11.000 años más de las dos terceras partes de los mamíferos habrían perecido, como consecuencia de la actividad de la caza. La devastación ecológica ocurriría aun en el caso de la simulación con los cazadores menos activos, siendo más sensibles a la desaparición los grandes animales de lenta velocidad de crecimiento y largo periodo de gestación.

En Australia otra Investigación diferente la ha realizado el equipo del Dr. Richard Roberts, de la Universidad de Melbourne, y del Dr. Flannery, un gran experto en mamíferos del Museo de Adelaida. Para ello han estudiado las rocas y sedimentos dejados por la megafauna en 28 lugares diferentes de Australia, usando sistemas de datación de torio-uranio que son más precisos que los del carbono-14, cuando superan los 40.000 años de antigüedad. Los resultados finales combinados han demostrado que los grandes animales quedaron depositados en los lugares en los que se han encontrado sus restos en un periodo corto de tiempo que va desde hace 51.200 hasta hace 39.800 años, es decir, que la extinción masiva coincide exactamente con la época inmediatamente posterior a la extensión del hombre por la zona. Los investigadores creen que aquellos primitivos aborígenes alteraron la vegetación con sus incendios, provocados para que la caza y los desplazamientos fuesen más fáciles. Ello condujo, sucesivamente a los desastrosos resultados finales.

ALTERNATIVAS. Sin embargo, no existe unanimidad científica respecto al problema. Los biólogos del Museo de Historia Natural de la ciudad de Nueva York atacan el modelo informático de Alroy señalando que carece de una explicación de por qué las extinciones se detuvieron hace 10.000 años, cuando el Pleistoceno dio inicio a la moderna Era del Holoceno. Entre las alternativas que proponen señalan la posibilidad de que los grandes animales sucumbiesen ante una "hiperenfermedad", por ejemplo, ante alguna forma de virus contagioso y letal que acompañase a los humanos recién llegados.

Otros científicos piensan en la responsabilidad de los cambios climáticos. Durante el Pleistoceno el clima mundial experimentó unos 20 ciclos en los que se alternaban periodos fríos o glaciales (caracterizados por la expansión de los mantos de hielo) con otros más cálidos o interglaciares (que provocaban su retroceso). El último periodo glacial comenzó hace unos 120.000 años y terminó precisamente hace unos 10.000, cuando se inició el holoceno. El Pleistoceno se caracterizó por la extensión de los glaciares sobre una buena parte del planeta. En Norteamérica, por ejemplo, un sistema glacial cubrió Canadá y se extendió hasta Estados Unidos. Por tanto sería esa glaciación la responsable del exterminio.

La Ciencia abarca problemas actuales, futuros y pasados. A veces, como en el caso comentado, aun no puede ofrecer resultados definitivos, sino nuevas y sugerentes posibilidades que, sin duda, posteriormente podrán ser confirmadas o modificadas con el resultado de nuevas investigaciones.