Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Errores antievolucionistas

Como recordábamos la semana pasada, en unos unos días se cumplen los dos siglos del nacimiento de Charles Robert Darwin. Su teoría de la evolución, basada en la selección natural, cambió el modo de entender los seres vivos y la propia vida, al establecer que toda la vida sobre la Tierra, incluyendo la humana, se ha desarrollado por medio de la selección natural.

Actualmente podemos afirmar rotundamente que la evolución es un hecho científico tan evidente como el que la Tierra sea redonda. Los fósiles nos indican el desarrollo de los organismos actuales a partir de otras formas más primitivas y las modernas técnicas de secuenciación del ADN confirman, fuera de toda duda, que las formas vivas compartieron un origen común y que la evolución es un proceso activo.

A pesar de ello, en una nación laica y culta como el Reino Unido, la propia patria de Darwin, un estudio reciente mostró que la evolución era aceptada por menos de la mitad de su población. Por ello, no es aventurado afirmar que la gran mayoría de los seres humanos tampoco lo hacen, lo que demuestra la necesidad de insistir sobre el tema.

RELIGIÓN.
Sin duda, una explicación de la situación no puede ignorar al componente religioso. Tras la publicación, hace 150 años, de su libro Sobre el origen de las especies Darwin fue objeto de múltiples objeciones religiosas que rechazaban la evolución a favor de posturas creacionistas, en las que un Dios crea el mundo y a los seres vivos individuales con un propósito divino. La naturaleza de esos ataques no era científica y, como ejemplo, el del obispo que, poco después de esa publicación, se dirigió al conocido científico Thomas Henry Huxley con estas indignas palabras: "Querría preguntar al profesor Huxley... acerca de su creencia de que desciende de un mono. ¿Procede estas ascendencia del lado de su abuelo o de su abuela?". La digna contestación de Huxley, fue: "No sentiría ninguna vergüenza de haber surgido de semejante origen; pero sí que me avergonzaría proceder de alguien que prostituye los dones de la cultura y la elocuencia al servicio de los prejuicios y la falsedad".

Algunos fundamentalistas cristianos, principalmente calvinistas, defienden una interpretación literal de la Biblia oponiéndose frontalmente a la enseñanza y la divulgación de la evolución, pero otras religiones como el catolicismo han sabido reconciliar parcialmente sus creencias con la evolución mediante un pensamiento de tipo pro-evolución teísta, y  teólogos y obispos, tanto católicos como protestantes señalan que no hay conflicto radical entre la ciencia y la fe cristiana, de modo que el propio papa Juan Pablo II afirmó, en un discurso a la Academia Pontificia de Ciencias en octubre de 1996, la validez científica de la teoría de la evolución.

El caso de Estados Unidos es asombroso pues es el país donde más premios Nobel de Química, Física y Medicina existen. Posiblemente allí el conflicto entre religión y ciencia tiene sus raíces históricas en su inicio colonizador, ya que los primeros colonizadores de Boston y Nueva Inglaterra, llegados a partir del año 1620, eran fugitivos de Inglaterra y Holanda, perseguidos por sus creencias religiosas fundamentalistas. Su estrategia más reciente, que alcanzó éxito en algunos estados americanos, ha sido la de conseguir aprobar leyes para que la teoría creacionista se enseñara conjuntamente con la teoría evolucionista, con el razonamiento de que aquella también es una hipótesis científica. Nadie discute el papel de la Biblia y o del cristianismo pero, con los conocimientos actuales, asimilar el origen del universo narrado en el Génesis a una teoría científica sería un insulto simultáneo contra la ciencia y contra la religión, y como decía Juan Pablo II el propósito de la Biblia no es enseñarnos astronomía, sino el camino de la virtud.

FÍSICA
Pasemos, pues a examinar algunas otras objeciones que pretenden un mayor contenido científico. Se han esgrimido y se esgrimen decenas de ellas. Sólo comentaremos, escogidas al azar, un par de ellas. La primera pertenecería a la Física afirma que la existencia de la evolución contradice los más íntimos fundamentos de la Física, en concreto, el Segundo Principio de la Termodinámica. Expresado coloquialmente este Principio indica que sólo son posibles y espontáneas las transformaciones que suponen una disminución del orden o un incremento del desorden, con lo que termodinámicamente se conoce un incremento de la entropía. En el caso de la evolución es evidente que pasamos de sistemas biológicos menos estructurados a otros más complejos y ordenados por lo que existe un incremento de orden. Por tanto, la deducción aparente sería que la evolución no puede ser un proceso natural espontáneo. Pero, ¿es ello así?. Evidentemente lo es el cumplimiento del Segundo Principio de la Termodinámica. Pero el fallo radica en que su aplicabilidad es en sistemas cerrados, mientras que la Tierra es un sistema abierto, con un flujo material y energético continuo como es, por ejemplo, el del aporte energético del Sol.

BIOLOGÍA
Una segunda objeción sería de orden biológico y afirma que una mutación siempre produce una pérdida de información y nunca crea información, mientras que la selección natural descansa en la suposición de la existencia de mutaciones que, como resultado afectan a individuos que quedan en mejores condiciones de competencia y supervivencia.

Lo inadecuado de esa argumentación se puede poner en evidencia con unos pocos ejemplos de entre los miles que los científicos están descubriendo continuamente, con mutaciones que producen nuevas características e, incluso especies. Ejemplo de una gran ganancia evolutiva es el de un pequeño cambio genético en ciertas estrellas de mar que hace que su corazón pase de ser monocameral a bicameral, una gran ganancia de función.

Otra mutación muy positiva: la que afecta, en algunos monos, al gen que codifica a la proteína TRIM5. El resultado es que se favorece la síntesis de otra nueva proteína inactiva y la formación de una proteína híbrida, la TRIM5-CypA, protectora de las infecciones contra virus como el del SIDA. Por tanto, la secuencia ha sido una mutación que origina una nueva proteína con el resultado de una nueva función vital.

Pero el principal error de los antievolucionistas es su afirmación de que no puede demostrarse la existencia de la evolución. Lo cierto es que existen miles y miles de pruebas científicas que avalan su existencia, aunque aún desconozcamos muchas de sus características y peculiaridades.