Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Nanobacterias: ¿Existen?

Nanobacterias: ¿Existen?

Para algunos científicos se trata de una nueva forma de vida, posiblemente la más común y diminuta, que puede ser responsable de un gran número de enfermedades, entre las que destaca la calcificación de las arterias, que se acentúa con la edad, los aneurismas no genéticos, las placas dentales y los cálculos renales. Podrían poblar las rocas, el interior de nuestros cuerpos e, incluso, existir en Marte. Otros científicos creen que no existen o que si existen son demasiado pequeñas para contener el material genético necesario para poseer vida propia. Son las controvertidas nanobacterias.

Su tamaño, en el rango que va de los 50 a los 200 nanometros (1 nanometro equivale a una millónesima parte de un milímetro), es decir, alrededor de una décima parte del diámetro y una milésima parte del volumen que una bacteria convencional, haría que no fuesen retenidas por las membranas de filtración que usualmente se utilizan para esterilizar los fluidos, desafiando el dogma microbiológico de la no existencia de bacterias capaces de pasar por los filtros con poros de 200 nanometros. Hasta ahora habrían eludido la metodología usada para estudiar las bacterias, pero podrían ser tan abundantes que constituyesen la principal porción de biomasa de nuestro planeta. De esta especie de "biota incognita", comparable en su cuantificación a lo que es la "materia negra" del Universo, lo desconoceríamos casi todo.

PRECEDENTES. Robert Folk es un geólogo americano de la Universidad de Texas, apasionado del modo de vivir italiano, por lo que buscaba una excusa profesional para permanecer en ese bello país. En 1979 la encontró, con el estudio de las características del mármol travertino, tan utilizado en la construcción de los monumentos romanos. Por lo que él mismo define como una casualidad, halló que ciertas bacterias "normales", oxidativas de azufre, eran las principales responsables de la formación de este tipo de mármol en las templadas corrientes acuosas de Tívoli. Era su primer contacto con el mundo bacteriano. En 1988 Folk volvió a Italia y prosiguió sus investigaciones con los travertinos de Viterbo, utilizando un nuevo microscopio electrónico de 100.000 aumentos. Y allí pudo observar una inmensa cantidad de minúsculas estructuras que, en principio, consideró que eran artefactos preparativos. Durante los años siguientes continuó intentando su identificación y encontró una solución cuando leyó en tratados de Microbiología que la idea de la existencia de "ultramicrobacterias" nunca había sido abandonada del todo.

La primera exposición del Dr. Folk sobre el descubrimiento de lo que él pensó eran nanobacterias, hecha oralmente en un Congreso en 1992, fue acogida por un silencio total por parte de todos sus colegas. Pero datos parecidos a los obtenidos por él se fueron acumulando en los siguientes años, en diversos tipos de rocas y muestras geológicas de todo el mundo, desde las más actuales hasta otras de dos mil millones de años de antigüedad.

El hallazgo hace unos años del meteorito marciano ALH84001 en la Antártica reabrió las discusiones, ya que los científicos de la NASA identificaron en el mismo estructuras en el rango de 100 nanometros semejantes a las de las hipotéticas nanobacterias, recordando una propuesta que, en 1984, cuando fue formulada por Hoyle y Wickramasinghe, fue tachada de extremadamente fantasiosa: la posibilidad de que la materia negra del universo consistiese en inmensas cantidades de nanobacterias.

ENFERMEDADES. Otros grupos investigadores comenzaron a asociar las nanobacterias con ciertas patologías humanas. En 1998, Olavi Kajander and Neva Ciftcioglu, de la Universidad de Kuopio, en Finlandia señalaron la presencia continuada de nanobacterias rodeadas de apatito en los cálculos renales de 30 muestras humanas analizadas, así como en diversos depósitos cálcicos dañinos ubicados en diferentes lugares del cuerpo. Cuando las nanobacterias eran cultivadas en el laboratorio daban lugar a la formación de depósitos de fosfato cálcico, semejantes a los encontrados en los cálculos renales y biliares. Incluso llegaron a presentar una secuencia de ADN como propia de las nanobacterias.

Sin embargo, posteriormente, el grupo de John Cisar de los NIH americanos, ha criticado profundamente este trabajo. En un artículo publicado en el año 2000 decían que el ADN nanobacteriano detectado por los fineses era una contaminación procedente de bacterias normales y que lo que parecía un mecanismo automultiplicativo era un raro proceso de crecimiento de cristales, concluyendo que existen falta de pruebas de la presencia de nanobacterias humanas causantes de esas patologías. El escepticismo sobre el grupo finés se acrecentaba porque tienen intereses comerciales ya que han creado la empresa Nanobac Life Sciences, en Tampa, Florida, que vende ensayos diagnósticos para localizar nanobacterias. Pero también hay que resaltar que otros grupos de investigadores han calificado las críticas de Cisar como fantasiosas.

Asimismo, los investigadores fineses también han señalado el hallazgo de partículas tipo nanobacterias, capaces de automultiplicarse, en muestras humanas de sangre y en sueros humanos comerciales. De forma cocobacilar su pequeño tamaño les permitía atravesar los poros filtrantes de 200 nanometros, mostrando una gran resistencia a los antibióticos y a la radiación gamma. De forma tentativa fueron bautizadas como Nanobacterium sanguineum.

NOVEDADES. Recientemente, se han producido importantes novedades en "el misterioso caso de las nanobacterias". Un prestigioso grupo investigador de la Clínica Mayo, encabezado por el doctor John Lieske, sin intereses comerciales en el tema, tras cuatro años de intensas investigaciones, ha sido capaz de aislar lo que parecen ser minúsculas estructuras celulares, como las descritas para las nanobacterias, en muestras humanas de aneurismas calcificados, arterias calcificadas y válvulas cardíacas que tras ser trituradas fueron filtradas para eliminar todo lo que superara los 200 nanometros. El filtrado se adicionó a un medio estéril y allí fue estudiado. Las presuntas nanobacterias son capaces de automultiplicarse en cultivo y de identificarse biológicamente con anticuerpos específicos y colorantes de ADN. Y,para mayor confirmación, en las muestras de aneurismas causados por desórdenes genéticos no se encontraron las estructuras de tipo nanobacterias.

Existen otros datos científicos que avalan la presencia real de las misteriosas nanobacterias en los tejidos enfermos. Pero los críticos respecto a las nanobacterias, como John Cisar, siguen siendo escépticos. Una de sus objeciones es que alguna de las presuntas nanobacterias tan solo poseen un diámetro de 100 nanometros, mientras que se piensa que el contenido en ADN y proteínas de la célula más pequeña imaginable capaz de replicarse necesitaría un tamaño mínimo de 140 nanometros.

En todo caso, pronto, cuando se puedan aplicar las técnicas de análisis del ADN para distinguir entre las secuencias propias de esos organismos y el material absorbido del ambiente, se resolverá el problema definitivamente. Pero todo parece indicar que existen unas formas vivas minúsculas, hasta ahora desconocidas, que serán nanobacterias o una nueva forma de vida hasta ahora desconocida pero, en todo caso, supondrían un hallazgo de extraordinaria importancia.