Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Regeneración de las neuronas

Durante gran parte del siglo que está a punto de finalizar ha sido un dogma no cuestionado de la neurobiología la creencia de que el cerebro humano adulto no podía crear nuevas neuronas sino que, indefectiblemente se iban perdiendo neuronas a lo largo de la vida y que, en todo caso, lo único posible sería el establecimiento de nuevas conexiones neuronales entre las neuronas ya existentes.

Este dogma, en otras palabras, significa que el número de neuronas alcanza su máximo al nacer y que, a partir de ese momento, con mayor o menor velocidad, solo es posible la pérdida de neuronas. Concretamente, se suele señalar que el número de neuronas en el cerebro humano adulto normal permanece casi constante aproximadamente hasta los 35 años, época en la que comienza la neurodegeneración. Por otra parte se considera que muy diversas enfermedades neurodegenerativas pueden reducir de un modo muy importante la población neuronal en todo el cerebro o en porciones concretas del mismo.

DOGMA. La realidad es que, en los últimos años han comenzado a aparecer serias dudas sobre la universalidad del dogma biológico de la imposibilidad de la regeneración neuronal, al menos en casos concretos, sobre todo en la región cerebral del hipocampo, una zona que está relacionada con la llamada memoria cercana o de corta duración.

Fue hace ya bastantes años, en 1965, cuando dos investigadores, Altman y Das, señalaron la existencia de neurogénesis o formación de nuevas neuronas en ratas, en la subregión del hipocampo conocida como dentate girus. En otros estudios publicados en 1980 también se indicó la presencia del fenómeno de neurogeneración en pájaros, concretamente en el cerebro de canarios adultos, en los centros cerebrales responsables del aprendizaje del canto. Hace unos cuatro años se iniciaron las dudas sobre la idea, hasta entonces existente, de que en mamíferos, poco después del nacimiento, las neuronas pierden la capacidad de dividirse. La Dra. Naomi Kleitman del Proyecto Miami para la Cura de la Parálisis, lo hizo público, al comentar unas investigaciones en las que a unas ratas de algo más de una semana de edad se les eliminaba una parte del cerebro comprobándose que al cabo de un cierto tiempo se producía crecimiento de nuevas células nerviosas y la casi completa recuperación de los roedores.

Más sorprendente fue otra publicación aparecida en 1997 en la revista Nature realizada por investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos de la Jolla, California, dirigidos por la Dra. Gould. Trabajando con ratones, los investigadores encontraron que si los animales se sometían a intensos procesos de aprendizaje en poco tiempo, su población de neuronas en el hipocampo se incrementaba en 40.000 neuronas lo que significaba un aumento del 15%. Sin embargo, no fue posible distinguir si ello se debía a la formación de nuevas neuronas o a una menor muerte de las ya existentes.

PRIMATES. En todo caso, los datos existentes no demostraban definitivamente que el fenómeno de la regeneración neuronal pudiese darse en primates o humanos. Pero, en 1997 comenzaron a aparecer algunos resultados indicadores de ello en primates como las musarañas de árbol o algunos monos. La Dra. Gould y sus colegas pudieron demostrar, en 1998, en un artículo aparecido en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que los monos sometidos a situaciones de estrés producían un menor número de nuevas neuronas en la región del girus dentate del hipocampo que los monos no estresados.

Aún faltaba la evidencia humana. La obtuvo, en 1998, Peter S. Eriksson, un científico de la Universidad de Göteborg, en Suecia. Eriksson se puso en contacto con un médico clínico que utilizaba el fármaco bromodesoxiuridina (BrdU) en pacientes con cánceres de lengua y laringe. Con el correspondiente consentimiento familiar, tras la muerte de cinco afectados, pudo obtener muestras procedentes de su hipocampo cerebral e investigar la BrdU como sustancia marcadora de la formación de nuevas células ya que la BrdU es un marcador que solo se integra en el ADN de las células que se preparan para dividirse, es decir, originar dos células a partir de una célula precursora. Utilizando otras técnicas especializadas Eriksson pudo concretar a las neuronas y concluir que en los cinco pacientes fallecidos, con un rango de edad de 57-72 años, aparecían más de 200 nuevas células neuronales sanas en cada milímetro cúbico de girus dentate, lo que significaba que cada día se sintetizaron de 500 a 1000 nuevas neuronas en tal región, en la que, desde luego, preexisten muchos millones de ellas.

PERSPECTIVAS. Las posibilidades que estos hallazgos (y otros similares confirmatorios) han dado lugar son muy grandes. Quedan muchas incógnitas por despejar. ¿Es un caso aislado el de la región del girus dentate del hipocampo? ¿Es un fenómeno más general?. ¿Hasta qué punto las células cerebrales dañadas por accidentes cerebrales, enfermedades o lesiones son reemplazables?. Lo cierto es que los científicos, cada vez más, hacen hincapié en la plasticidad cerebral, en la capacidad del cerebro durante la vida para remodelar sus circuitos neuronales.

El conocimiento detallado del fenómeno de la regeneración neuronal permitirá conocer los factores que lo regulan, con la perspectiva final de poder inducir la correspondiente proliferación celular capaz de reemplazar en los pacientes las neuronas perdidas accidentalmente o como consecuencia de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Huntington.

Otro factor de esperanza hacia el futuro se basa en interesantísimas investigaciones que se están realizando con las células progenitoras o precursoras, no diferenciadas, cuyo proceso de diferenciación comienza a ser conocido y cuyo destino final puede ser muy diverso, contándose entre tales posibilidades las de convertirse en el punto de partida de la generación de neuronas. Ya se han realizado algunas investigaciones, con resultados muy esperanzadores, sobre la posibilidad de realizar trasplantes de estas células a cerebros deficitarios, habiéndose comprobado, muy recientemente, la viabilidad de esta aproximación.