Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Homeopatía, ¿Ciencia?

Homeopatía, ¿Ciencia?

En un reciente editorial de la revista NATURE se mostraba la siguiente cuestión procedente de un examen realizado a estudiantes de medicina en el University College London, en 1863: “Describa la preparación de Azufre usado para curar las picaduras de insectos. Indique los métodos de aplicación”. A continuación una segunda cuestión: “Psorinum y Azufre son remedios psóricos. Comente los modos en que los síntomas de estos remedios reflejan su naturaleza miasmática”. ¿Se trataba del mismo examen?. Lo realmente sorprendente es que el segundo caso está extraído de un examen de un curso de Homeopatía, en el año 2005, en la Universidad Westminter de Londres.

La realidad es que la Homeopatía va ocupando terreno en cursos, master e incluso grados universitarios. Pero, ¿se trata de una verdadera ciencia, cómo defienden sus seguidores, o es una seudociencia, cómo defienden los defensores de la medicina basada en la evidencia?.

HAHNEMANN

Lo cierto es que La Homeopatía es una práctica seguida por millones de personas en el mundo, La homeopatía se basa en la Ley de la Similitud -una sustancia sirve para curar una enfermedad si causa los mismos síntomas que la enfermedad- y la Ley de los Infinitesimales, según la cual, cuanto más pequeña es la dosis de la sustancia administrada (muy diluida y agitada), mayores son los efectos en el paciente. La tercera máxima homeopática es que no hay enfermedades, sino enfermos, por lo que todo tratamiento debe ser personal e intransferible, lo que no casa con la producción en serie de preparados y su venta en masa en farmacias.

Su origen lo tuvo, en 1810, con el médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843) y su tratado ORGANNON DER RATIONELLEN HEILKUNDE (el arte de la medicina racional). A pesar de la oposición ejercida por muchos médicos y farmacéuticos Hahnemann fue profeta en su propia época, ya que a mitad del s. XIX la homeopatía era ya practicada en la mayor parte de Europa, Estados Unidos y Rusia, y pronto llegaría a Latinoamérica. Durante el siglo XIX se difundió ampliamente en Estados Unidos y se le atribuyó el mérito de reducir en dos tercios la mortalidad de fiebre amarilla durante la epidemia de 1878, con cifras similares para el cólera epidémico de 1854 en Londres.

Tras la muerte de Hahnemann la homeopatía declinó. La oposición a la homeopatía fue la razón principal de la fundación de la Asociación Médica Americana, en 1846 y, en 1910, el Flexner Report inició la estandarización de la educación médica, eliminando casi todas las instituciones homeopáticas. Posteriormente, el auge de la biomedicina fue un factor fundamental en el ocaso de la homeopatía que cayó precipitadamente en los Estados Unidos y algo menos en Europa.

Sin embargo, en las últimas décadas resulta notable su resurgimiento. La homeopatía se prescribe ampliamente en Alemania y Francia, un 40% de los médicos holandeses emplean homeopatía y basta observar las estanterías de nuestras farmacias para percatarse de la situación en España. En una reciente encuesta realizada a través de un portal de Internet se ofrecían diversas alternativas de elección: un 42% contestaron que era una especialidad médica, como la Alergología o la Cirugía; otro 42% que la respetaban que puede ser útil, pero que era Medicina Alternativa por muchos motivos y solo un 16% que su utilidad se basa en la sugestión, que es un placebo o que carece de utilidad.

AVOGADRO

La ley de Avogadro, publicada inicialmente como una hipótesis en 1811 y confirmada experimentalmente por Millikan en 1909 establece que un mol (una medida química) de cualquier sustancia contiene aproximadamente unas 600.000 trillones de unidades atómicas o moleculares. La homeopatía utiliza disoluciones muy diluidas de modo que, a veces, estadísticamente, en el volumen ingerido de la preparación no existe ninguna molécula del principio activo homeopático, si éste se ha diluido más de un millón de trillones de veces. Es decir, que una dilución más allá de 24D o 12c (en términos homeopáticos) no tiene una sola molécula o átomo del compuesto original.

Para salvar la situación, los abogados de la homeopatían hablan de la “memoria del agua”, sosteniendo que esta memoria se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones. El agua, de algún modo "recuerda" las propiedades químicas de las moléculas que alguna vez estuvieron en contacto con ella. Desde luego, la investigación empírica no confirma esa hipótesis. La única investigación que intentó avalarla, la del biólogo marino Jacques Benvenistes, fue fácilmente desacreditada científicamente y se comprobó que fue financiada por una empresa homeopática. Vicente Prieto, otro biólogo marino, recordaba al respecto que el agua no surge de la nada, sino que tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas y entra en contacto con miles de sustancias, preguntándose: "¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella, en un momento determinado?". "Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que ese agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo”. Como demostración llamativa de esta posición crítica, hace pocos años una veintena de científicos belgas protestaron porque las aseguradoras de su país incluyeran la homeopatía entre sus servicios médicos protagonizandon un “suicidio homeopático”, ingiriendo en grupo dosis homeopáticas de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente, etc. No les pasó nada.

CIENCIA

El mundo científico, los defensores de la Medicina, basada en la evidencia, se asombra ante el avance de la Homeopatía, incluso dentro de las instituciones científicas, recordando unas palabras de Mario Bunge, el indiscutible filósofo de la Ciencia, escritas en un contexto más general “… muchas universidades han sido infiltradas, aunque no tomadas todavía, por los enemigos del aprendizaje, el rigor, y la evidencia empírica… No se trata de pensadores heterodoxos originales; ignoran o incluso desdeñan el pensamiento riguroso así como la experimentación…se les permite enseñar basura en nombre de la libertad académica, y ven publicados sus detestables escritos en revistas y editoriales universitarias. Además, muchos de ellos han adquirido suficiente poder para censurar el estudio genuino. Han instalado un caballo de Troya en la ciudadela academia con la intención de destruir desde dentro la cultura auténtica".

Entre las publicaciones e instituciones prestigiosas que últimamente han reclamado la necesidad de exponer claramente la situación se encuentran la revista Lancet, el ECSO (Congreso Escéptico Europeo), la IAU (Unión Astronómica Internacional) que se ha negado a dar el nombre de Hahnemann a un asteroide, SCIENCE, NATURE, y un largo etcétera.