Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Agua magnética

Agua magnética

Ignorancias culposas, corrupción, fraudes y estafas conscientes parecen constituir el cada día de la información sobre algunos políticos. Pero, ¿sólo en la política?. Recordemos que hace unos días, el una vez reputadísimo investigado surcoreano Hwang Woo-suk era condenado a dos años de cárcel en suspensión (no irá a prisión, pero será vigilado) porque cometió un engaño en el año 2004 al publicar en la revista Science que había conseguido clonar por primera vez embriones humanos. Los medios de comunicación de todo el planeta se hicieron eco entusiasta de ello y también la comunidad científica lo dio por bueno. Pero era un fraude.  

SEUDOCIENCIA
Como cualquier otra actividad humana en la ciencia también existe la corrupción, el fraude y la estafa. Pero lo normal es que terminen siendo descubiertos, porque los resultados y métodos de los trabajos científicos se publican en revistas especializadas. Previamente, para intentar garantizar el proceso, esas revistas científicas someten la investigación al juicio de expertos independientes con semejante o mayor prestigio que el de los autores. Muchos trabajos son rechazados y la minoría de los admitidos suelen verse obligados a realizar cambios profundos e  investigaciones complementarias. Pero lo más importante es que el avance científico implica que los resultados han de ser reproducibles por lo que si, posteriormente, los diversos investigadores fallan al intentar repetirlos ello va constituyendo un testimonio en contra incuestionable, demostrativo de la existencia de fallos inadvertidos o de mala fe. 

Entre los casos más notorios de falsificaciones están las arqueológicas. Citaremos las tres más divulgadas.

  • Uno de los puntos débiles que se han achacado al darwinismo es la falta de fósiles correspondientes a los “eslabones perdidos”. La idea de fabricar el correspondiente al posible entre aves y dinosaurios fue del médico y paleoantropólogo aficionado Charles Dawson, aunque también se han involucrado a Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes, y al jesuita Pierre Teilhard de Chardin. Se llamó Archaeoraptor liaoningensis, ocupó la portada del National Geographic y poco después se demostró que era una mezcla falsificada entre un pequeño carnívoro, el Microraptor zhaoianus, y un ave, denominada Yanornis martini.
  • El eslabón perdido entre hombre y mono apareció en 1912 en Sussex, Inglaterra, con  unos trozos de un cráneo semejante al humano pero con una mandíbula de simio. Este hombre de Pildown demostró ser una burda falsificación, ¡no descubierta hasta 1949!.
  • El arqueólogo japonés Sinichi Fujimura tenía un gran prestigio internacional previo al haber descubierto las cerámicas más antiguas de su país, con unos 40.000 años de antigüedad. Por ello se consideró un gran acontecimiento su anuncio, en el año 2000, de haber encontrado, cerca de Tsukidate, ciertos restos de pilares de unos 600.000 años, lo que demostraría la presencia humana en el archipiélago en aquella época. Lo cierto es que el científico colocaba de madrugada los artefactos prehistóricos que, después, eran desenterrados por sus colaboradores. Unos periodistas lo cogieron con las manos en la masa.

¿Por qué los fraudes científicos?. La ciencia no está exenta de la atracción del éxito y la fama. La búsqueda de financiación y de consideración profesional somete al científico a grandes presiones. Sin embargo, debemos estar tranquilos. Aunque algunos de esos investigadores consigan publicar sus resultados en las revistas más prestigiosas, los fraudes en ciencia acaban siempre saliendo a la luz porque la ciencia implica que, de forma independiente, otros investigadores han de llegar a las mismas conclusiones que el autor del descubrimiento. 
 
AGUA
Desde que el hombre conciencia se ha sentido fascinado por el agua que constituye la sustancia mayoritaria. Sin su presencia no se concibe la existencia de vida. Tales de Mileto (640 - 546 a.C.) ya la consideraba como el elemento básico a partir del cual estaba formada toda la materia. Diversos presocráticos concedieron la prioridad al fuego, aire y tierra, pero Empédocles (494 - 435 a.C.) añadió el agua, estableciendo una solución de compromiso con su famosa teoría de los cuatro elementos, aceptada por Aristóteles y que permaneció como tal hasta el siglo XVII. 
Por ello, no es de extrañar que la seudociencia tienda a elaborar teorías basadas en unas pretendidas propiedades maravillosas del agua. Este es el caso del agua imantada o el de la memoria del agua. Por ahora, en base a los conocimientos científicos existentes no existe ninguna base experimental que las avale. 
 
AGUA MAGNETICA
Cada vez son más frecuentes los anuncios que venden productos no testados basándose en principios no comprobados. Entre ellos se podrían incluir todos los dispositivos relacionados con el agua magnética o imanada. Por ejemplo, filtros asombrosos, a precios también asombrosos, que se enroscan en el grifo con lo que el agua se magnetiza y se curan todas las enfermedades imaginables: “normaliza los índices de colesterol y urea en la sangre, es efectiva en el tratamiento de las diabetes, permeabiliza las membranas celulares, es eficaz cuando se sufre de náuseas, flatulencia, hinchazón de vientre y estreñimiento, mejora los problemas de celulitis y obesidad, aumenta el peristaltismo intestinal, acelera el proceso digestivo, protege contra las úlceras del estrés, suaviza la piel y aumenta el brillo del pelo. Asimismo, protege del deterioro de las células de la pared interior de las arterias troncales -y, por tanto, previene la arteriosclerosis-, protege la piel de las radiaciones y previene la dermatitis y el acné” 

También se alegan los méritos de la desincrustación y descalcificación del agua por la acción de  imanes que consiguen que la cristalización en forma del mineral calcita se haga como mineral aragonita, o la promesa de un menor consumo de detergentes o que el agua tratada magnéticamente es más reactiva porque la molécula del agua es bipolar lo que contribuye a eliminar las incrustaciones o hace crecer mejor las plantas. 

¿Qué hay de cierto en ello, aparte del efecto placebo?. Efectivamente cuando una sustancia se introduce en un campo magnético se magnetiza, es decir que los espines de sus electrones sufren un cambio de orientación. Si la sustancia cambia en el sentido de facilitar el paso del campo magnético exterior decimos que es paramagnética. Si hace lo contrario, oponerse al campo, entonces es diamagnética. Pero tanto unas como otras, pierden su magnetización tan pronto cesa el campo exterior. Hay un tercer tipo de sustancias que conservan la magnetización después de cesar el campo exterior, son las ferromagnéticas, como el hierro, el cobalto o el níquel.  

El agua es claramente paramagnética y ello significa sin dudas que en ausencia de campo magnético no es magnética, ya que inmediatamente de alejar un poco el imán del agua ésta retorna a su estado natural no magnético. No existe un agua líquida magnetizada. Si el agua se pudiera magnetizar con cierta permanencia nosotros no existiríamos. En efecto, los procesos osmóticos celulares, imprescindibles para la vida, estarían imposibilitados si el agua estuviese imanada.

Más en: http://www.arp-sapc.org/publicaciones/lar31.html