Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Polémico Patarroyo

El 54% de la población mundial vive en zonas donde la malaria o paludismo, enfermedad ya descrita por Hipócrates en el siglo V antes de Cristo, es endémica, acabando cada año con la vida de más de un millón y medio de personas, especialmente niños. Anualmente, uno de cada veinte habitantes de nuestro planeta sufre un episodio grave de la enfermedad, es decir, unos 300 millones de seres humanos.

El doctor Manuel Patarroyo ha desarrollado una vacuna contra la malaria, pero buena parte de la comunidad científica internacional e, incluso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) siguen siendo reticentes a su utilización masiva, mientras que científicos sudamericanos, gobiernos de los países del Tercer Mundo y España, piden su aplicación inmediata generalizada convencidos de que podría salvar cientos de miles de vidas.

PLASMODIUM. La malaria se produce por ciertos organismos unicelulares de la especie Protozoos, pertenecientes al género Plasmodium, siendo el más conocido el Plasmodium falciparum. Estos plasmodios son transmitidos a la sangre humana a través de los mosquitos Anofeles. El modo tradicional de lucha contra la enfermedad ha consistido en el uso de insecticidas y drogas, para exterminar a los mosquitos y a los parásitos transmisores, respectivamente. En los países desarrollados ello condujo a un éxito evidente, de modo que, por ejemplo, en los EE.UU. si, a principios de siglo, los casos superaban el medio millón, la cifra descendió a menos de mil al principio de los años noventa. Sin embargo, conforme los mosquitos y protozoos se han ido haciendo más resistentes a las drogas, se hace más difícil combatirlos en las zonas endémicas. Y, en las áreas no endémicas, es mayor el peligro de un resurgimiento de las epidemias, constituyendo un fracaso el programa especial que, en 1955, inició la OMS para intentar la rápida erradicación de la malaria en el mundo.

Mientras tanto, Manuel Patarroyo continua luchando por sacar adelante su vacuna Spf66, situada en el centro de una controversia en la que no parecen existir términos medios. Patarroyo recibía, el pasado 26 de enero, el doctorado honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid, título sumado al más del medio centenar de galardones ya recibidos, entre ellos el reciente premio Príncipe de Asturias, o el de doctor del año, otorgado por los médicos franceses. En Colombia es considerado como un héroe nacional y su entusiasmo impresiona a todos los que hemos tenido oportunidad de tratar con él. Sin embargo, muchos cualificados científicos de los países más desarrollados son muy críticos hacia este médico y químico colombiano. Tras licenciarse, en 1970, en la Universidad Nacional de Colombia, Patarroyo realizó estudios de postgrado inmunológicos en universidades como Yale y Rockefeller, y en el Instituto Karolinska de Suecia. Es el fundador y director del Instituto de Inmunología del Hospital de San Juan de Dios, en Bogotá, gozando sus proyectos de una financiación generosa por parte del gobierno colombiano.

LA VACUNA. Muchos científicos piensan que, en buena parte, las dificultades del Dr. Patarroyo se deben a que no es un tipo encuadrable dentro del arquetipo del científico del primer mundo. Ha logrado fama popular sin recorrer el camino usual, jerarquizado, regulado y con auspicio científico, lo que es casi obligatorio, en los países desarrollados, para conseguir tal meta. Por el contrario, al Dr. Patarroyo se le ha descrito como una personalidad que va por libre, quijotesca, llamativa e hiperbólica.

Pero ¿cuáles son los hechos respecto a su vacuna?. Básicamente, la novedad consiste en el modo de abordar el problema. El Dr. Patarroyo, hace años, tomó el camino más difícil de aislar y caracterizar las principales proteínas constitutivas del parásito de la malaria, en su fase de merozoito. Es aquí, cuando el glóbulo rojo libera la espora y se inicia una nueva infiltración. Conseguido ello, a partir de esas proteínas pudo aislar y estudiar sus porciones o péptidos inmunológicos más significativos, sintetizarlos químicamente en el laboratorio, y obtener, a partir de tres de ellos, una molécula química que dio buenos resultados inmunológicos al ensayarla sobre monos, entre 1985 y 1987. Las primeras pruebas sobre humanos se realizaron sobre 9 soldados voluntarios, en 1987. La cifra se incrementó a 399 soldados en 1988, logrando un 82% de reducción de los episodios sintomáticos de malaria. Tras ello, prosiguieron otras investigaciones sobre monos y varios miles de voluntarios adultos, así como niños de 5 años, niños de 2 a 16 años, bebés de menos de 11 meses, etcétera., tanto en varios países sudamericanos como en africanos (Tanzania y Gambia), con resultados que, como mínimo, alcanzaron el 31% de eficacia en el caso más desfavorable de Gambia, cuyos parásitos son algo diferentes a los sudamericanos.

¿Quiénes son los principales detractores?. Bastantes científicos, entre ellos algunos tan representativos como los Drs. Druihle, del Instituto Pasteur de París, Paul-Henri Lambert, jefe de la Unidad de Investigación y desarrollo de vacunas de la OMS, así como diversos expertos del Servicio Público de Salud de EE.UU, el director del Instituto Tropical Suizo de Basilea, el director de los laboratorios del Medical Research Council en Gambia, a los que se suman diversos representantes del TDR o programa especial de Investigación y entrenamiento sobre enfermedades tropicales de la OMS. En resumen, aducen la necesidad de nuevas investigaciones, son críticos respecto a los porcentajes de éxito obtenidos y ponen en guardia sobre hipotéticos peligros potenciales de la vacuna.

Aunque este aspecto tiende a mantenerse oculto, conviene saber que, tras la comercialización y explotación de una vacuna pueden existir grandes intereses comerciales, sobre todo por parte de grandes compañías farmacéuticas multinacionales. En junio de 1993, Patarroyo cedió gratuitamente a la OMS los posibles derechos de distribución de su vacuna, pero incluía una cláusula indicando que la producción habría de realizarse en el lugar más barato a fin de obtener la máxima calidad al mínimo precio. Este lugar, actualmente sería posiblemente Colombia. Y, como los grandes intereses parecen pesar en la OMS, hasta ahora uno de los motivos de desacuerdo sobre la explotación es que la OMS desea decidir libremente sobre donde y quien fabrique la vacuna, mientras que Patarroyo desea tener la oportunidad de que Colombia pueda presentar una oferta que él cree sería la de menor precio.

ESPAÑA. La postura española, por una vez bastante clara, es de colaboración y apoyo decidido a Patarroyo, tanto por parte de las autoridades sanitarias como por la de algunos prestigiosos grupos de Investigación, como el liderado por el doctor Carlos Alonso, del Centro de Biología Molecular. Más aun, se va a poner en marcha un plan conjunto de 5 países (Tanzania, Mozambique, Filipinas, Bolivia y Colombia) para vacunar a un millón de personas, en una gran prueba financiada por el gobierno español con cerca de cuatro millones de dólares. La prueba se realizaría por equipos independientes, sin la participación directa del doctor Patarroyo. El interés de los países más afectados en que se pongan en marcha grandes programas de vacunación queda evidenciado por hechos como los siguientes: Bolivia desea adquirir seiscientas mil dosis; Zaire querría comenzar con un millón de dosis; en Kenia varias empresas petrolíferas podrían comprar 30 millones de dólares de vacuna; en Indonesia pretenden que se construyese allí una factoría. Lo más concreto es que el gobierno colombiano ya ha destinado ocho millones de dólares para levantar una planta que estaría operativa en 1997, año en que podría producir vacuna por un valor equivalente a 20 millones de dólares.

Para finalizar, tres aspectos positivos. El primero, que el competente equipo científico dirigido por Patarroyo está trabajando intensamente en el desarrollo de una vacuna SPf66 de segunda generación, mejorada, con nuevos fragmentos de proteínas que persiguen bloquear la entrada del parásito en los glóbulos rojos. Según el propio Patarroyo los resultados preliminares obtenidos son "extremadamente prometedores". La segunda consideración es respecto a nuestro país. Avalar las pruebas masivas que se están realizando en estos países del Tercer Mundo, no solo constituye la ayuda más eficaz que se pueda prestar, sino que mejora la imagen de nuestro país y de nuestros científicos. Sin duda, ello compensa, con exceso, el importe económico que supone nuestra colaboración en la lucha contra la malaria. La tercera consideración es que, en los próximos días, se intentará de nuevo llegar a un acuerdo definitivo entre la OMS, Patarroyo y el gobierno colombiano.