Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Bacterias a prueba de bombas

Poco antes de su muerte, acaecida en 1955, Sir Alexander Fleming decía: "A donde quiera que llego hay gente que quiere darme las gracias por haberle salvado la vida. Realmente no sé por qué lo hacen. La penicilina es un producto de la naturaleza, yo solo la he hallado."

El descubrimiento del antibiótico penicilina fue trascendental por los millones de vidas que ha salvado. Pero no menos importantemente por descubrir que algunos seres vivos, como ciertos hongos y microorganismos, son capaces de producir sustancias terapéuticas que inhiben o destruyen el desarrollo de otros organismos patógenos, como variadas bacterias y hongos. El propio Fleming pudo comprobar cómo la penicilina era eficaz contra estafilococos y estreptococos, los bacilos del tétano, la bacteria de la difteria, las causantes de la pulmonía o las del ántrax.

Sin embargo, tanto la penicilina como el resto del casi centenar de antibióticos utilizados hoy día, no han supuesto la victoria final en la batalla entablada contra los microorganismos patógenos para el hombre. Casos recientes como el tristemente célebre denominado de la bacteria asesina, la bacteria mutante o fascistis necrosante han hecho especular sobre si se trata de una mutación que ha conferido a esa cepa de estreptococo tipo A una resistencia y patogenicidad especiales. Ello pone sobre el tapete el tema preocupante del incremento de la resistencia que algunas bacterias vienen desarrollando frente a los antibióticos. Esto ocasiona que dejen de ser sensibles a su acción y se desarrolle la resistencia no solo a un antibiótico sino a una variedad o a todos ellos.

RESISTENCIA. El fenómeno de la resistencia ya fue investigado, en 1959, por el bacteriólogo japonés Watanabe. La primera pista se hizo evidente en 1955 cuando una mujer japonesa enferma de disentería no mejoró con el tratamiento de los 4 antibióticos más potentes conocidos entonces, a pesar de que el aislamiento del germen patógeno demostró que se trataba del conocido y clásico bacilo disentérico. Las investigaciones correspondientes demostraron que la causa radicaba en la presencia de unas enzimas capaces de alterar las estructuras moleculares de los antibióticos, inutilizándolos. Lo más grave es que el fenómeno de resistencia es contagiable de unos microorganismos a otros. En efecto, el factor R, o factor de resistencia, está codificado por genes específicos del interior del microorganismo, situados fuera del genoma normal. De este modo, cuando una bacteria resistente se pone en contacto físico con otra bacteria todavía sensible, sus paredes celulares se juntan y a través de una especie de pequeño canal (el pilus) se puede transmitir el factor R de un microorganismo a otro, que se convierte en resistente.

¿Cuál es la situación actual?. Variable, según la zona geográfica mundial considerada, pero en todo caso preocupante, tal como acaba de poner de relieve una reunión científica auspiciada por la importante Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) presidida por el científico Dr. Ayala, nacido en España. Indudablemente en los países en que se ha abusado más del uso indiscriminado de los antibióticos, la presión selectiva evolutiva configuradora de la resistencia ha sido superior. Entre tales países, con el mayor consumo de antibióticos "per capita", se encuentran España y Hungría. Según datos aportados por Peter Appelbaum, del Hershey Medical Center de Pennsylvania, en nuestro país, en 1979, solo un 6% de los neumococos (causantes de neumonías y de las frecuentemente mortales septicemias) eran resistentes a la penicilina. Diez años después, en 1989, la proporción, semejante a la de Hungría, había alcanzado casi el 50%, mientras que en los Estados Unidos, donde el control del uso de antibióticos siempre ha sido más estricto, el porcentaje escasamente alcanzaba el 5%.

SUPERRESISTENCIA. Otro ejemplo significativo es la reciente aparición de resistencia hacia el antibiótico vancomicina por parte de las cepas de enterococos que suelen producir infecciones en el tracto urinario y en heridas e, incluso a veces, meningitis que pueden ser fatales sin un rápido tratamiento. Hace 10 años no se había relatado ningún caso de tal resistencia. Fue en 1988 cuando en el Reino Unido se descubrió uno. Cinco años después, en 1993, la resistencia a ese antibiótico se había demostrado en 18 diferentes hospitales ingleses y ello es tanto más importante por cuanto ese tipo de bacterias, son por sí mismas responsables de bastantes infecciones hospitalarias. Pero lo peor es el temor de que, antes o después, los enterococos ya resistentes a la vancomicina puedan transmitir la resistencia a bacterias del tipo del estafilococo aureus resistente a la meticilina (MRSA). En efecto, estos estafilococos son también una causa muy común de infecciones hospitalarias y, por ahora, la vancomicina es una de las pocas armas eficaces de lucha existentes.

Desde luego, la capacidad de adaptación y mutación de los microorganismos es asombrosa. Ante los ataques que reciben en forma de drogas y antibióticos, responden adaptándose, modificándose, es decir, rejuveneciéndose. En frase de Mitchell Cohen del estadounidense Centro para el Control de Enfermedades "las bacterias se adaptan a cualquier acción que hacemos contra ellas, incluso si estas acciones están diseñadas racionalmente". Esta admiración por su capacidad de respuesta es lo que ha dictado a Julian Davies, microbiólogo canadiense de notoriedad, a pedir que "si yo me reencarnara tras mi muerte, me gustaría ser un microbio: ¡son fantásticos!".

Mientras tanto no debemos ser demasiado pesimistas. En esta lucha a vida o muerte contra las bacterias perjudiciales, también los recursos de los humanos, de la Medicina y de la Ciencia, son cada vez más considerables. Por ello, tras esta exposición general de la situación, en el siguiente artículo intentaremos exponer las nuevas estrategias que están permitiendo y permitirán que se sigan ganando batallas individuales dentro de esta interminable lucha contra las bacterias patógenas, lucha en la que es imposible dormirse ni siquiera tomar un respiro.