Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Malaria: Un gran paso

Malaria: Un gran paso
Un mosquito de la especie 'Anopheles gambiae' :: EFE

En su número del pasado viernes la prestigiosa revista SCIENCE presenta de forma destacada el hallazgo de un nuevo tipo de molécula eficaz contra la malaria. Corroborando su interés potencial, la investigación es acompañada de tres notas editoriales glosándola así como de un estudio específico de los sistemas existentes para buscar drogas eficaces para esta enfermedad. Al hilo de ello, esta semana comentaremos este hallazgo en el que, como suele suceder en muchos descubrimientos científicos importantes, han jugado un papel especial tanto la serendipia como la independencia respecto a ideas científicas previas preconcebidas.

MALARIA-PALUDISMO
Con motivo de la vacuna desarrollada por el doctor Patarroyo, hace quince años, comentábamos, en esta misma sección algunos aspectos de esta enfermedad (http://servicios.laverdad.es/cienciaysalud/9_5_1).

La malaria o paludismo se produce por ciertos organismos protozoos unicelulares, del género Plasmodium, siendo el más conocido el Plasmodium falciparum. Se transmite por la hembra infectada del mosquito Anófeles desde una persona infectada a la sangre de otra persona. Descrita por Hipócrates en el siglo V a.C. y probablemente originada en África su nombre se deriva del italiano (mal-aria), “mal aire”, alusivo a los malolientes vapores de las zonas pantanosas de la Roma del siglo XVIII.  

El 54% de la población mundial vive en lugares endémicos de la malaria. Según el CDC (Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos) anualmente se producen en el mundo unos 500 millones de casos de los que casi un millón y medio son fatales, siendo afectados especialmente los niños, constituyendo la enfermedad de mayor riesgo para las personas que se desplazan hacia climas cálidos. Prácticamente ya olvidada en Europa, el auge de los desplazamientos turísticos y el fenómeno de la inmigración masiva desde zonas endémicas africanas hasta Europa, ha provocado un aumento importante de casos, también en Europa. En términos exclusivamente económicos, la malaria supone un 10% de la carga que soporta África.

La quinina, ya se identificó en el s. XIX como un alcaloide activo para el tratamiento de la enfermedad y, desde entonces, multitud de esfuerzos se han realizado para desarrollar drogas antipalúdicas o vacunas antimaláricas eficaces. Fracasó estrepitosamente el propósito de erradicación rápida de la enfermedad que postuló hace más de medio siglo, en 1955, la OMS. Se ha polemizado bastante respecto a la falta de interés de las grandes multinacionales farmacéuticas por el desarrollo de soluciones para una enfermedad que afecta fundamentalmente a “pobres” y cuya respuesta pudiera ser la de unas vacunas o drogas “baratas” y eficaces. Pero, en los últimos años, fundaciones como las auspiciadas por los expresidentes americanos Carter y Clinton o el magnate Bill Gates, así como la presión pública internacional, han hecho que el tema se aborde por más y mejores instituciones investigadoras de prestigio.

ANTIMALÁRICOS
La Artemisia annua es una planta, una especie de ajenjo, que crece en muchos lugares del mundo. Los antiguos herbalistas chinos la usaban contra la fiebre. En 1971 se descubrió su efecto antimalárico y, en 1972, la estructura de su ingrediente activo, artemisinina, que fue aislado. Actualmente se produce semisintéticamente y es un antimalárico usado por unas 100 millones de personas, en un cóctel combinado con otro(s) antimalárico(s). El método de acción del compuesto activo es su reacción con el hierro, produciendo radicales libres, con daño en las macromoléculas de las membranas celulares. En la malaria causada por el Plasmodium falciparum, éste reside en eritrocitos donde hay muchos iones hierro. Algo similar sucede con las células cancerosas que, asociadas a su tasa de rápido crecimiento, tienen mayores concentraciones de hierro que las células normales.
El problema de muchos medicamentos es la aparición de formas farmacorresistentes a su acción. En el caso de la malaria la zona fronteriza entre Tailandia y Camboya es un ejemplo típico de ello. Entre los años 50 y principios de los 60, del pasado siglo, tras más de 10 años de uso masivo de la cloroquina para el tratamiento de la malaria, surgieron allí las primeras formas de Plasmodium resistentes a cloroquina y a  principios de la década de los 70 se habían extendido tanto que el fármaco ya resultó ineficaz.
Ante algunos indicios del desarrollo de formas resistentes del Plasmodium a la artemisina cuando se toma sola, la OMS publicó en el año 2006 unas normas para que la artemisina no se comercializase por las empresas farmacéuticas aisladamente sino componente de un cóctel antimalárico. Desgraciadamente la recomendación no fue totalmente aceptada y, desde hace poco más de un año, se vienen descubriendo casos de resistencia a artemisinina. El peligro es que si la resistencia se extiende rápidamente no se dispone de otros medicamentos para reemplazar las actuales combinaciones con artemisinina. Para prevenir la extensión de los parásitos resistentes, la Fundación Bill y Melinda Gates donó 14 millones de dólares a los gobiernos de Camboya y Tailandia.
De ahí que en la batalla medicamentos-resistencias sea excelente la noticia del descubrimiento de un nuevo fármaco eficaz para sustituir, si es necesario, a otros anteriores ante los cuales el parásito se haya hecho resistente.

ESPIROINDOLONAS
Esto es lo que ha conseguido el Dr. Matthias Rottmann, dirigiendo un amplio equipo de investigadores suizos (Universidad,  Instituto Suizo de Enfermedades Tropicales y Novartis Pharma de Basilea), americanos ( Instituto de Genómica de la Fundación Novartis de San Diego en California, Universidad de Columbia de Nueva York, Instituto Scripps de la Jolla en California y Universidad estatal de Pensilvania), asiáticos (Instituto Novartis de Enfermedades Tropicales, Agencia ASTAR y Universidad Nacional de Singapur; Unidad de Investigación Malárica Shokio y Universidad Mahidol de Tailandia) y británicos (Universidad de Oxford).

La investigación, que ha durado más de siete años, la plantearon con métodos tradicionales de búsqueda y selección en lugar de los actualmente más en boga métodos genómicos moleculares.  Evaluaron 12.000 sustancias diferentes y…¡volvió a funcionar la serendipia!, es decir, la sorpresa y azar ligados al esfuerzo y la inteligencia. En la lista se “coló” un producto no relacionado con la lucha antimalárica y resultó ser el más eficaz de los 275 que pasaron la primera selección. Su química correspondía a una espiroindolona, y se prepararon 200 modificaciones de ella. En particular la NI TD609 fue capaz de matar, en roedores, a los dos parásitos maláricos principales, Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax, incluyendo a especies ya resistentes a otros fármacos. La administración se podría realizar oral y diariamente y, hasta ahora, no se ha encontrado ningún efecto lateral negativo. Actualmente se encuentra en fase de evaluación preclínica y aunque el proceso de desarrollo hasta llegar, en su caso, a un final de aplicabilidad terapéutica humana supone normalmente 8-10 años, en este caso las previsiones son las de que, dadas la relevancia de la enfermedad y la efectividad del producto, ese plazo pueda verse muy acortado.