Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Éxtasis, grasas y muerte

Éxtasis, grasas y muerte

La prestigiosa revista BRITISH JOURNAL OF PHARMACOLOGY, del grupo NATURE, publica esta semana un artículo con el título (traducción) "Influencia de las grasas de la dieta en la hipertemia inducida por éxtasis". Bajo este título, científico y aparentemente inocuo, se esconde un resultado preocupante: una dieta rica en grasas acrecienta enormemente los peligros de muerte de los consumidores del éxtasis. Varios millones de personas, sobre todo jóvenes, usan esta droga, sobre todo en fines de semanas, en macrofiestas, "rutas rave" y "rutas del bacalao".

HISTORIA

El éxtasis es la 3-4 metilenodioximetanfetamina, abreviadamente MDMA, sustancia sintética perteneciente al grupo de las fenetilaminas, emparentada estructuralmente con el alcaloide mescalina, y derivada química de la metanfetamina. Está muy relacionada con el MDA (metilendioxianfetamina), un compuesto precursor, con efectos fisiológicos similares.

Sintetizada accidentalmente, en 1912, por químicos alemanes de la Merck, con el propósito de usarla como producto inhibidor del apetito, ante sus efectos laterales, nunca comercializó la MDMA. Se dice que en 1953, el ejército de los Estados Unidos, en forma secreta, probó el MDMA bajo el nombre de EA-1457 como "agente experimental", en monos y perros, en su arsenal de EDGEWOOD en Maryland, comprobando su toxicidad.

Su papel como psicofármaco se describió en 1957, cuando el científico estadounidense Gordon Ales comunicó su experiencia personal con el producto. En los Estados Unidos el primer uso de la MDMA apareció en los años sesenta en plena cultura psicodélica, junto con otras anfetaminas. En los ´70, un grupo empresarial de California se puso como objetivo resucitar, distribuir y promocionar al que para ellos era "el Bebé del Millón de Dólares". La primera comunicación científica sobre efectos fisiológicos en seres humanos se hizo en 1976 por el químico y farmacólogo Alexander Shulgin. Fue en esa época cuando la prensa "underground" traspasó desde la MDA o "píldora del amor" el nombre de "éxtasis" a la MDMA, cuando el laboratorio que producía MDMA estaba distribuyendo alrededor de 10.000 dosis por mes, cifra que, en 1985, cuando la FDA la colocó en la lista de sustancias controladas y se cerraron los laboratorios legales productores, ya había alcanzado el millón y medio de dosis mensuales.

El aumento de su uso en Europa, en los 80, estuvo asociado a la expansión de ciertas formas musicales y subculturales juveniles ("acid house" y "rave") así como a la proliferación de espacios como las macrodiscotecas. En España, la irrupción masiva se remonta a 1987, cuando fue decomisada en Ibiza una importante cantidad de "píldoras del amor".

Los suministradores adulteran la sustancia activa con otras como PCP, metanfetaminas, ácido, heroína, ketamina o DXM, dextrometorfán. También son usuales las mezclas con otras anfetaminas con parecido químico y farmacológico (MDEA, MDA y MBDB) y con otras sustancias, casi todas ellas alucinógenas, que sí generan adicción física y que combinadas con el MDMA pueden llegar a ser altamente peligrosas.

SALUD

El mecanismo principal de acción del MDMA es el de ser agonista directo de los receptores neuronales presinápticos de serotonina. De esta manera, el MDMA induce la liberación de estos neurotransmisores, desde las vesículas en las terminales presinápticas de las neuronas, hacia el espacio sináptico, propagando la señal por toda la red neuronal. Estos cambios neuroquímicos se manifiestan fisiológicamente, con unos primeros síntomas de euforia, sensación de autoestima aumentada, desinhibición, deseo sexual, apertura afectiva, percepción de sonidos, comunicación desinhibida y empatía (entactogénesis).

Sin embargo, la interacción del éxtasis con los neurotransmisores que regulan funciones como el humor, la emoción, el aprendizaje, la memoria, el sueño y el dolor también pueden conducir posteriormente a descontroles en la persona que ingirió la droga, con la posibilidad de consecuencias de descontrol corporal y falsas sensaciones, traducibles en efectos como confusión, inquietud, agobio, depresión, problemas para conciliar el sueño, deseos de consumir drogas o dependencia, ansiedad severa y paranoia. También se han descrito multitud de síntomas físicos y psíquicos: tensión muscular, apretar los dientes y la mandíbula involuntariamente, náuseas, visión borrosa, movimiento ocular acelerado, hipertermia, desmayos, escalofríos, transpiración o aumento, a veces peligroso, de presión arterial, taquicardias, respiración y nerviosismo.

Más grave han sido los resultados de investigaciones realizadas a partir del 1998 y publicadas en revistas como LANCET (1998), NEUROLOGY (1998), ARCHIVES OF GENERAL PSYCHIATRY (2001) y otras, sobre el claro daño que la droga causa a determinadas células cerebrales afectando a la memoria y al cerebro.

CALOR

Era conocido que el riesgo más inmediato que tiene un consumidor de éxtasis al tomar pastillas es el golpe de calor. Suele bailar durante horas, se deshidrata, la falsa sensación de fuerza anula los mecanismos de alarma del organismo y la euforia hace pensar que todo es posible, pero el éxtasis altera el sistema termorregulador y la temperatura corporal se dispara. El consumidor olvida hidratarse y ventilar el cuerpo, menospreciando la importancia de esto, dado que la droga puede inhibir la percepción del cansancio y la sed hasta que se da un fallo progresivo en los distintos órganos, que puede ser mortal y los afectados fallecen con el riñón, el hígado y el sistema cardiovascular malfuncionando.

Además, de acuerdo con científicos de la Universidad de Sheffield, entre los consumidores de esta droga hay un 10% de ellos que está más expuesto que el resto a sufrir los efectos perniciosos del producto. Son los que tienen un déficit de un enzima, la citocromo P450 2D6, responsable de metabolizar la MDMA. Según estos expertos, uno de cada diez humanos no produce cantidades suficientes de esta enzima y es en ellos en los que el golpe de calor del "éxtasis" puede incidir con más frecuencia.

La investigación hecha pública esta semana a la que nos referíamos en el inicio de este artículo y que ha sido dirigida por el Dr. Mills, farmacólogo de la facultad de farmacia de la Universidad de Texas, revela algunos aspectos del control de influencia del éxtasis en la regulación de la termogénesis. En mamíferos, la termogénesis se regula con las proteínas desacopladoras como la UCP-3, que a su vez son controladas por los niveles de ácidos grasos. En animales de experimentación cuya ingesta grasa es elevada ello se traduce en un aumento de su concentración plasmática. En el caso de la ingesta de éxtasis ello provoca que el efecto de las UCP-3 se llegue a quintuplicar y el aumento de temperatura provocado, una hipertermia hipermetabólica, es tan alto que se desregulan gravemente los procesos fisiológicos facilitando la muerte del individuo. Resumiendo brevemente, la combinación de dietas grasas a base de hamburguesas con la droga éxtasis puede ser muy peligrosa.