Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Grandes avances renales

Aproximadamente un millón de nefronas constituyen las unidades funcionales de nuestros riñones, regulando, en los tejidos, actividades tan importantes como el contenido acuoso, el equilibrio ácido - base o la presión osmótica, aparte de su esencial función excretora, en la que, diariamente, procesan más de 400 veces toda nuestra sangre y filtran unos 180 litros de agua desde la sangre a los túbulos renales.

El litro y medio de orina que, como media, eliminamos cada día contiene casi todos nuestros metabolitos de desecho y las sustancias inútiles o tóxicas para nuestro organismo. Pero las funciones renales no se limitan a las meramente excretoras. Los riñones son lugares específicos para la producción de sustancias tan importantes como las hormonas renina y eritropoyetina. La primera está relacionada con el control del balance electrolítico y de la presión sanguínea, mientras que la glicoproteína eritropoyetina es protagonista en la producción de hemoglobina y de las células rojas sanguíneas, de modo que un fallo en la producción de esta hormona conduce a una inmediata anemia mientras que un mayor contenido de la misma, tal como ocurre en los que parecen ser frecuentes dopajes deportivos, favorece una mayor función oxigenante sanguínea.

LOS PROBLEMAS. Existen numerosas y variadas patologías renales que deterioran la función renal haciendo necesario acudir a la hemodiálisis o al trasplante renal. Sin duda, los trasplantes han constituido el mayor éxito quirúrgico en las últimas decenas de años, destacando entre ellos los renales, de los que se realizan en el mundo más de 100.000 anuales. Aparte del rechazo inmunológico, el otro factor limitante es la carencia de suficientes órganos procedentes de donantes, lo que hace que numerosos enfermos sean sometidos a largos programas de espera con hemodiálisis. Una de las complicaciones usuales en estos casos es la insuficiente producción renal de eritropoyetina. La solución es compleja y, sobre todo, muy costosa. Por ello, pueden considerarse trascendentes dos recentísimas investigaciones que pueden mejorar notablemente el panorama y que pasaremos a comentar brevemente. Ambas poseen ciertas características comunes:

a. Se relacionan con patologías renales y, más concretamente con pacientes potenciales de trasplantes renales.
b. Se han realizado por equipos investigadores liderados por científicos del CENTRO MÉDICO de la UNIVERSIDAD DE CHICAGO y sus resultados se han dado a conocer en los últimos días.

FK 506: TACROLIMUS. O con la denominación comercial de Prograf, es un nuevo fármaco antirrechazo, descubierto por científicos japoneses en la pasada década, que todavía está en fases iniciales de evaluación. En la actualidad casi la mitad de los enfermos trasplantados renales sufren, al menos, un importante episodio de rechazo. En la mayoría de los casos se puede controlar la situación mediante el incremento de las dosis de los corticoesteroides o de los anticuerpos antilinfocíticos. Sin embargo, en un 10-15% de los trasplantados ello no se consigue y, finalmente, se pierde el órgano, con la necesidad de utilizar terapias adicionales para los afectados, con sus lógicas secuelas laterales.

Los datos existentes mostraban al FK 506 como un fármaco antirrechazo esperanzador para los trasplantes renales y hepáticos. Es en esta situación en la que se ha realizado el primer gran estudio multicéntrico en el que han participado trece prestigiosos centros bajo la dirección del cirujano E. Steve Woodle de la UNIVERSIDAD DE CHICAGO. Se han seguido 73 pacientes, trasplantados renales, entre septiembre de 1993 y mayo de 1994, a los que se les suministró FK 506 en caso de síntomas de rechazo. Los resultados se han sido publicados en el último número de la revista TRANSPLANTATION. El FK 506 consiguió reducir el número de riñones perdidos por rechazo, desde el 10-15% hasta solo el 2-4%, consiguiendo, en el 75% de los casos, resolver satisfactoriamente los fenómenos de rechazo de los pacientes. En otro 11% de casos se detuvo el daño renal y, tan solo en el 11% de pacientes con rechazo sometidos a FK 506, no se consiguió evitar el deterioro progresivo del riñón trasplantado.

GENES PARA LA ANEMIA. Mientras subsista la escasez de riñones humanos trasplantables o no se resuelvan los problemas relacionados con los xenotrasplantes (órganos de animales) muchos enfermos renales habrán de continuar sometidos a largos programas de hemodiálisis, que provocan anemias por una deficiencia en la hormona renal eritropoyetina. Esta hormona ya se produce por técnicas de ingeniería genética, pero su costo es alto. Un ejemplo demostrativo es que, en los países desarrollados, por cada millón de habitantes, hay unos 500 sometidos a hemodiálisis, que necesitarían 2-3 inyecciones semanales de eritropoyetina recombinante lo que significaría, por paciente, un costo anual de un millón de pesetas. Ello sin tener en cuenta que existen otros colectivos a los que les sería beneficioso el suministro de eritropoyetina, tal como ocurre con muchos de los afectados por el virus VIH que se encuentran en tratamiento con AZT.

En la prestigiosa revista PROCEEDING OF THE NATIONAL ACADEMY OF SCIENCES del presente mes se publica una Investigación dirigida por el profesor J. Leiden, cardiólogo de la Universidad de Chicago, en la que ha participado, entre otros, el Dr. Goldwasser, quien en 1977 aisló por primera vez la eritropoyetina. Para abordar el problema han usado una técnica de terapia génica, con el gen de la eritropoyetina, que se puede aislar y producir con facilidad en el laboratorio. Las técnicas de terapia génica están muy limitadas usualmente por el problema del acceso de los genes hasta los genomas celulares, lo que obliga a utilizar complejos y, relativamente, poco efectivos sistemas de vectores portadores. En esta Investigación experimental, realizada sobre ratones, se ha demostrado que, en el caso del gen de la eritropoyetina, existe una solución más sencilla y con un costo reducido: inyectar directamente el gen (solo unos 10 microgramos) de forma intramuscular. El gen permanece en las células musculares de forma muy estable (al menos tres meses) y funciona bien produciendo eritropoyetina, que pasa a la sangre y produce incrementos de más del 25% en la producción de células rojas.

Además de su sencillez este procedimiento disminuye costos, riesgos de contaminación e inconvenientes respuestas inmunológicas, factores, todos ellos, usuales en las terapias génicas. Mejor aun, se confía que pronto podría ser aplicable a humanos. El procedimiento podría servir no solo para este problema particular de deficiencia de eritropoyetina, sino también para otros desórdenes asociados a una secreción disminuida de una hormona o proteína en la corriente sanguínea, como ocurre con la hemofilia (factor VIII proteínico) e, incluso, con la diabetes ocasionada por falta de insulina. Deseemos y esperemos que se confirme la eficacia de este sencillo y elegante modo de introducción de genes en células musculares para que ellas compensen los problemas de producción de proteínas o enzimas, en otros órganos.