Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Soñar despiertos

Aunque la narcolepsia continúa siendo una misteriosa enfermedad, los científicos están comenzando a descubrir sus secretos moleculares. Razones genéticas y ambientales podrían ser las causas de las amplias variaciones de su incidencia, con valores relativamente tan elevados como en Japón (un afectado por cada 600 personas) o tan bajos como en Israel (uno por 500.000), aunque lo usual es que se dé alrededor de un caso por cada 1.000 personas.

Ello significa incidencias mitad que la de la esclerosis múltiple, un cuarto que la enfermedad de Parkinson o cinco veces como la fibrosis cística. Sus primeros síntomas suelen darse al final de la adolescencia, empeoran durante unos años y, después, se estabilizan. Imprevistamente, el paciente narcoléptico puede caer al suelo, incapaz de moverse, aunque escucha y siente todo lo que ocurre alrededor, pero está imposibilitado para hablar. Tras un periodo de tiempo variable, desde unos pocos segundos hasta más de media hora, todo retorna a la normalidad, terminando el suceso tan rápidamente como empezó. Los factores desencadenantes son muy variables: risas, bochorno, contacto con extraños, angustia, ejercicio físico e, incluso, actividad sexual.

SUEÑO. El síntoma más característico de la narcolepsia es la persistente somnolencia diurna de sus sufridores. Ellos viven continuamente la misma sensación que tiene una persona normal tras 48 horas seguidas de vela, pero su problema es que, a pesar de ello, no son capaces de disfrutar de un largo sueño reparador nocturno. Aunque una breve siesta o periodo de sueño parece despejarles, sin embargo, pronto retorna la somnolencia. Otra peculiaridad es su frecuente incapacidad para poder moverse inmediatamente tras caer dormidos o de despertarse. Y también son frecuentes las alucinaciones hipnagógicas, literalmente el soñar despierto, es decir, tener experiencias como las de soñar, pero sin estar dormido.

En las personas normales el ciclo de sueño consta de fases REM (Rapid Eye Movement: movimientos rápidos oculares) y de fases no-REM. El sueño se inicia con una fase no-REM, en la que músculos están relajados, pero mantienen algún tono, la respiración es regular, el consumo energético cerebral es mínimo, y la corteza cerebral genera ondas de alto voltaje. Unos 90 minutos más tarde se penetra en la fase REM, en la que la respiración y el ritmo cardíaco son más irregulares y tiene lugar un típico y rápido movimiento de los ojos. El metabolismo cerebral se acrecienta, incluso a niveles superiores a los existentes en estado de vela, la corteza cerebral origina ondas de bajo voltaje, irregulares y rápidas, siendo acompañado todo ello de sueños muy vívidos.

La narcolepsia parece estar asociada a una desregulación de las fases REM y no-REM, de modo que los narcolépticos suelen pasar inmediatamente, con muy poca pausa, de la fase inicial no-REM a la REM. Esta intensificación de las características de la fase REM sería también la responsable del fenómeno de sus alucinaciones hipnagógicas.

NEURONAS. ¿Existe alguna alteración neuronal relacionada con la narcolepsia?. Ya, en 1970, se había observado la existencia de perros Doberman y Labrador narcolépticos, transmitiéndose la enfermedad de un modo recesivo. Entre las investigaciones realizadas al respecto destacan las hechas por el Profesor de Psiquiatría Jerome M. Segel, de la Universidad de California. Focalizó su atención en una región del tronco cerebral conocida como médula medial, encontrando una anormal alta actividad en la misma durante los ataques catapléxicos, lo que concordaba con el hecho de que en las personas y animales normales las neuronas de esa misma región son las más activadas durante las fases REM, fase en la que se pierde el tono muscular. También localizó otra zona implicada en el proceso, denominada locus coeroleus ubicada, asimismo, en el tronco cerebral y muy rica en neuronas que utilizan el neurotransmisor noradrenalina (los neurotransmisores son sustancias químicas que establecen contactos entre neuronas diferentes). En los individuos normales esas neuronas son activas durante la vela e inactivas durante la fase REM del sueño. En los perros narcolépticos se encontró que, a pesar de estar despiertos, durante los episodios catapléxicos, tales neuronas estaban totalmente inactivadas. Recientemente, otros investigadores han logrado identificar el gen cuya mutación es responsable de la narcolepsia canina. Ese gen es el que codifica la molécula receptora de un determinado neurotransmisor de nombre hipocretina o, también, orexina. En otros animales se ha comprobado que la situación es similar.

La hipocretina/orexina se produce en la profunda región cerebral del hipotálamo, por neuronas que se conectan a otras, causantes del despertar, tales como algunas en el tronco cerebral y cerebro anterior, que liberan el neurotransmisor acetilcolina, así como también se conectan a otras neuronas productoras de histamina y serotonina. Las conexiones también se extienden a las neuronas del tronco cerebral localizadas en el locus coeruleus, que representan un papel primordial en el control del tono muscular. En los seres humanos la causa de la narcolepsia estaría ligada también al deterioro del sistema receptor de la hipocretina/orexina, pero las causas del deterioro parece que no poseen componente genético sino que radicarían en factores ambientales.

AUTOINMUNIDAD. Algunos científicos japoneses han sugerido la existencia de una relación entre esos agentes ambientales, desconocidos por ahora, y el desarrollo de una reacción autoinmune que daña determinadas neuronas cerebrales que controlan los procesos de vigilia y de regulación del tono muscular. Por ejemplo, encontraron que 135 japoneses narcolépticos presentaban una misma característica común en todos ellos que, sin embargo, solo era compartida en un 35% del resto de personas normales. Se trataba de una misma molécula, una de las HLA (Human Leukocyte Antigens). Recuérdese que en los trasplantes el poseer un perfil HLA más parecido entre donante y receptor lo evita el fenómeno de rechace inmunológico. De modo semejante, ciertas enfermedades autoinmunes tienden a cebarse sobre personas que poseen una determinada tipología HLA, posiblemente porque estos tipos HLA se unen a determinados antígenos (los hipotéticos factores ambientales desencadenantes) y el resultado final es una confusión del sistema inmune, que ataca y daña a las células normales, en este caso a las neuronas con el receptor hipocretina/orexina.

El equipo del profesor Segel ha confirmado que ello ocurre en los perros narcolépticos, con una degeneración neuronal de tipo temporal, no permanente, más pronunciada en la amígdala (región cerebral relacionada con la emoción y la inducción del sueño) y en otras zonas cercanas lo que, posiblemente, provoca la desregulación de otros circuitos cerebrales no dañados, lo que se traduce en la serie de consecuencias que caracterizan la narcolepsia.

Queda mucho por investigar y descubrir, pero los conocimientos existentes ya se están traduciendo en actuaciones terapéuticas como el uso de ciertos activadores de estimulantes de receptores y de neuronas mediadas por la hipocretina/orexina.