Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Cuál es el verdadero sexo fuerte?

¿Es físicamente superior la mujer al hombre? En términos de pura fuerza física o, si prefieren esta denominación, fuerza bruta, parece clara una respuesta en favor de los varones

¿Es físicamente superior la mujer al hombre? En términos de pura fuerza física o, si prefieren esta denominación, fuerza bruta, parece clara una respuesta en favor de los varones. Pero si se analizan otras variadas condiciones biológicas, entonces la situación no solamente no es tan nítida, sino que se inclina claramente hacia el otro lado, tal como hace bastantes años afirmaba el antropólogo Ashley Montagu en un libro titulado La superioridad natural de las mujeres.
 
Desde el mismo momento de su concepción y a través de toda su existencia, siempre enferman y mueren comparativamente más varones que hembras. Comencemos con el nacimiento y las respuestas inmunológicas, necesarias para luchar contra infecciones y enfermedades. Las mujeres poseen dos cromosomas X y el hombre uno solo. Y como precisamente se localizan en el cromosoma X muchos genes responsables de la síntesis de los anticuerpos o inmunoglobulinas, se puede deducir que como resultado de la existencia de esa relativa deficiencia masculina se produce una mayor susceptibilidad respecto a las mujeres en lo que respecta a buen número de graves infecciones víricas y bacterianas, así como en relación a la aparición de ciertos tumores, sobre todo del sistema linfático.
 
En contrapartida parece como si la Naturaleza, conocedora de la inferioridad genético-inmunológica de los varones, intentara compensarla haciendo que, al unirse respectivamente óvulos y espermatozoides, se conciban más machos que hembras en una proporción relativa de unos 130 a 100. Pero como los abortos espontáneos afectan más a los fetos masculinos que a los femeninos, en el momento del nacimiento la superioridad numérica tan sólo es ya del 5 por ciento. Y a partir de este momento las dificultades siguen creciendo para los varones: en los importantes primeros meses de vida, mientras su mortalidad es del orden de 15 por mil, en el sexo opuesto es tan sólo de 11 por mil. Más aún, por cada 100 defectos de nacimiento observados, un 70 por ciento les corresponde a ellos y un 30 por ciento a ellas.
 
Desde que emiten la primera palabra hasta que mueren, las mujeres superan a los hombres en la habilidad verbal (seguro que para muchos lectores esta afirmación será de una total evidencia) y desde luego las niñas no sólo reconocen los rostros de los mayores mejor que lo hacen los niños, sino que una vez alcanzada la edad adulta también relacionan mejor los nombres y las caras de las personas que les son sólo relativamente conocidos. Y ya que hemos citado la edad adulta, en esta época las ventajas biológicas femeninas son abrumadoras. En cuanto a sentidos corporales, toleran mejor el calor, poseen mejor visión nocturna y por su mayor capacidad auditiva en los agudos pueden distinguir mejor las voces. Su mejor coordinación fina motora no sólo produce la destreza para teclear las máquinas de escribir sino para tocar el piano o para ser excelentes neurocirujanos.
 
Las enfermedades cardiovasculares, por término medio se evidencian en las mujeres unos diez años más tarde que en los hombres y los ataques cardiacos, si ocurren, lo hacen con un retraso de unos 20 años. Más aún, aunque posean presiones sanguíneas altas, elevados niveles de colesterol y otros factores de riesgo, a igualdad de condiciones como grupo comparable, muestran una menor mortalidad que los hombres. Entre otras causas ello se debe a que la relación de hormonas sexuales en la mujer (andrógenos y estrógenos) favorece que se incremente la proporción de lipoproteínas de alta densidad respecto a las de baja densidad, con lo que disminuye el riesgo de enfermedades cardiacas.
 
Debido al mayor contenido de su cuerpo en grasas corporales y a su menor necesidad metabólica de ingesta calórica, las mujeres resisten mejor las situaciones de carencias o deficiencias alimentarias y pueden utilizar adecuadamente la energía almacenada en los ejercicios prolongados, por lo que, por ejemplo, son grandes nadadoras de larga distancia y los expertos confían que, con entrenamientos adecuados, en el futuro también pueden aspirar a ganar en otras competiciones, incluyendo la mítica del maratón.
 
Consecuencia de la ventaja genética, hormonal e inmunológica de la mujer es el hecho de que la proporción numérica desfavorable en el momento de la concepción se iguala al llegar la edad adulta y, al final de la existencia, la mujer ha vivido por término medio ocho años más que el hombre.
 
Desde un punto de vista evolutivo biológico es conveniente para la especie humana que ello suceda así, ya que nuestro proceso reproductor es relativamente lento, por lo cual el papel de la mujer es esencial y es necesario que sean más abundantes que los hombres y posean la fortaleza necesaria.
 
Algunos han pensado que los cambios de hábitos sociales harían más vulnerable a la mujer, pero no parece que sea así y ya no se puede sostener científicamente la creencia clásica de que las mujeres son más saludables y viven más años debido a que están socialmente más protegidas. Diversos estudios de compañías de seguros indican que las mujeres que tienen un trabajo disfrutan de mejor salud que las no empleadas, así como que aquellas que están sometidas a fuerte estrés por sus graves responsabilidades, tienen una mortalidad un 29 por ciento inferior a la del grupo semejante, pero sin tales responsabilidades. Y aún más, conforme las expectativas de vida se alargan, las de las mujeres lo hacen a mayor velocidad que las de los hombres.