Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Por qué envejecemos?

La pasada semana comentábamos en esta sección algunos criterios de valoración científica, entre ellos el denominado índice h o de Hirsch. Su creador Jorge E. Hirsch señala que un h=20 después de 20 años de actividad científica indica una carrera coronada por el éxito. Valores h=35-45, después de 20 años, sólo se dan entre los mejores científicos. Un factor h=60 se asocia a científicos realmente excepcionales. Por ejemplo, los premios Nobel de Física muestran un promedio de h=41.

¿Por qué envejecemos?
::Alex
La pasada semana comentábamos en esta sección algunos criterios de valoración científica, entre ellos el denominado índice h o de Hirsch. Su creador Jorge E. Hirsch señala que un h=20 después de 20 años de actividad científica indica una carrera coronada por el éxito. Valores h=35-45, después de 20 años, sólo se dan entre los mejores científicos. Un factor h=60 se asocia a científicos realmente excepcionales. Por ejemplo, los premios Nobel de Física muestran un promedio de h=41.
 
LÓPEZ-OTÍN
El profesor Carlos López-Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, gracias a la calidad y repercusión de sus investigaciones ha superado el extraordinario valor de h=70. Su gran talla científica va acompañada por sus magníficos valores humanos y de una inusual capacidad divulgadora científica. Especialmente interesado por el cáncer y el envejecimiento la semana pasada nos deleitaba en la sede de la Real Academia de Medicina de Murcia, a un incomprensible pequeño número de asistentes, con los fascinantes resultados de sus últimos trabajos sobre envejecimiento.
 
En charla informal posterior con algunos amigos nos relataba el profesor López-Otín la anécdota de la sorpresa que muestran algunos de sus destacadísimos colegas científicos extranjeros cuando les cuenta que hubo una época histórica en la que España desempeñó un papel líder en el mundo en el campo de los descubrimientos y nuevos conocimientos. Efectivamente los españoles estamos bien predispuestos para cultivar esos aspectos y cuando los poderes públicos lo han apoyado (recuérdese la financiación del descubrimiento americano) los éxitos fueron notorios comenzando con el almirante almeriense musulmán Jashjash ibn Said ibn Asuad (s. X), que cruzó el Atlántico, hasta llegar a las grandes hazañas de los siglos XV-XVII. Un caso especial fue el de Juan Ponce de León y Figueroa (1460-1521), descubridor de Florida. De acuerdo con una leyenda, en aquellas tierras se encontraba ubicada la fuente de la eterna juventud y, según exploradores como Hernando de Escalante Fontaneda (en Memoria de las cosas y costa e indios de la Florida, 1575) o Antonio de Herrera y Tordesillas (en sus Décadas, 1600), Ponce de León la conocía a través de indios de Cuba y Santo Domingo. Infructuosamente se dedicó a su búsqueda. Por ello, Ponce de León puede considerarse como un primer buscador del modo de retrasar o detener el envejecimiento.
 
Hoy día esa búsqueda se hace científicamente. Las causas del envejecimiento han sido debatidas intensamente. Existen centenares de teorías diferentes al respecto. Pero en los últimos años las poderosas armas de la Biología y Genética moleculares permiten comenzar a entender el proceso de un modo integral. Y, a pesar de la ceguera científica de nuestros políticos que, con su falta de apoyo, están dificultando el desarrollo de la ciencia nacional, los investigadores españoles siguen realizando aportaciones notabilísimas como la que comentamos hoy.
 
CELL
Con un impresionante factor de impacto de 32,4 la revista científica Cell posee un gran prestigio mundial. Su número del pasado 6 de junio contenía, entre otras, dos destacadas investigaciones: por una parte, la ampliamente divulgada sobre la clonación de embriones con fines terapéuticos; por otra una gran revisión titulada The hallmarks of Aging que, libremente, podríamos traducir como las características o signos de identidad del envejecimiento. Con tres españoles, entre los cinco firmantes, el autor principal es el profesor Carlos López-Otín. En las 24 páginas del trabajo integran sus propias investigaciones con otras miles publicadas anteriormente en búsqueda de los elementos unificadores, de un modo similar al que, recientemente, en la misma revista Cell los investigadores Hanahan y Weinberg actualizaban su visión previa sobre la existencia de seis capacidades afectadas en el desarrollo del cáncer: incremento de las señalizaciones proliferativas, evasión de los supresores de crecimiento, resistencia a la muerte celular, capacitación de la inmortalidad replicativa, inducción de angiogénesis y activación de la invasión y las metástasis, todo ello sustentado en los fenómenos biológicos de la inestabilidad genómica y de la inflamación.
 
El envejecimiento se caracteriza por una pérdida progresiva de la integridad fisiológica lo que favorece diversas disfuncionalidades y un incremento de la vulnerabilidad a la muerte. Este deterioro es el factor de riesgo primario para las principales patologías humanas, incluyendo cáncer, diabetes, desórdenes cardiovasculares y enfermedades neurodegenerativas.
 
A primera vista, el cáncer y el envejecimiento pueden parecer procesos opuestos ya que el cáncer es la consecuencia de un aumento aberrante de la aptitud celular, mientras que el envejecimiento se caracteriza por una pérdida de esa aptitud. Pero, si se profundiza más, el cáncer y el envejecimiento comparten orígenes comunes. La acumulación, a lo largo del tiempo, de daños celulares es la causa general del envejecimiento pero, simultáneamente, el daño celular puede proporcionar en ocasiones ventajas aberrantes a ciertas células, lo que eventualmente produce cáncer. Por lo tanto, el cáncer y el envejecimiento pueden considerarse como dos manifestaciones diferentes del mismo proceso subyacente: la acumulación de daño celular.
 
FACTORES DEL ENVEJECIMIENTO
En el trabajo comentado los autores parten de que el envejecimiento no es exclusivamente un fenómeno biológico sino que se acopla a alteraciones generales de la comunicación intercelular. El conocimiento de estos mecanismos ofrecería la posibilidad de poder modular el envejecimiento a esos niveles.
 
Concretamente, postulan hasta nueve candidatos diferentes para integrar el grupo de factores de identidad del envejecimiento, clasificables en tres categorías: primarios, antagónicos e integrativos.
 
Los primarios, causas del daño, siempre inequívocamente negativos, incluyen a: 
1. Inestabilidad genómica: daños del ADN nuclear o mitocondrial, producidos endógena o exógenamente; fallos en los procesos biológicos de reparación del ADN.
2. Acortamiento acelerado de los telómeros.
3. Alteraciones epigenéticas por interacción del medio ambiente con el material genético.
4. Fallos en homeostasis proteínica: plegamiento inadecuado, proteólisis, etcétera.
 
Los antagónicos, respuestas al daño, poseen efectos opuestos dependiendo de su intensidad y son:
5. Desregulación nutritiva del adecuado funcionamiento del eje somatotrófico, hormona del crecimiento, factor IGF-1 y sus correspondientes alteraciones metabólicas.
6. Disfunción mitocondrial, integridad mitocondrial, participación de especies oxigenadas reactivas, sirtuínas, etcétera. 
7. Senescencia celular producida por diversos mecanismos que conducen a una parada del ciclo celular.
 
Los dos integrativos, responsables del fenotipo son:
8. Agotamiento de células madre, que conduce a una menor regeneración tisular
9. Alteración de la comunicación intercelular, de muy diferentes tipos y con muchas complicaciones anexas, como las inflamatorias
 
En el trabajo publicado son ampliamente discutidos cada uno de estos factores. Como la ciencia no es dogmática ni rígida, en el futuro se ofrecerán otras interpretaciones más completas, pero el valor de la comentada hoy es el de que, por primera vez, disponemos de una visión actual sobre el fenómeno del envejecimiento que permitirá poder desarrollar interacciones que conduzcan a su modulación, es decir, vivir más años en mejores condiciones.
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