Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Sol y melanomas

Recientes estudios epidemiológicos mundiales indican que las únicas formas de cáncer cuya incidencia está aumentando en los últimos años son el carcinoma de pulmón en las mujeres, debido a un mayor número de fumadoras, y el melanoma maligno

Recientes estudios epidemiológicos mundiales indican que las únicas formas de cáncer cuya incidencia está aumentando en los últimos años son el carcinoma de pulmón en las mujeres, debido a un mayor número de fumadoras, y el melanoma maligno, cáncer negro o bastardo despiadado como lo describe uno de los protagonistas de la novela Pabellón del cáncer, de Solzhenitsyn.
 
El melanoma se origina por la malignización de las células pigmentarias melanocitos, y su mala reputación es bastante merecida. Mientras que hace unas decenas de años era muy poco común, en la actualidad es la causa principal de muerte entre todas las enfermedades cutáneas y su incidencia se ha incrementado más del 700% desde 1950. En los EE.UU. cada año produce más de 6.000 muertes, mientras que en Nueva Zelanda es ya el cáncer más frecuente que afecta a las personas entre los 20 y 40 años. Y, dentro de poco, lo sufrirá a lo largo de la vida uno de cada 100 blancos de este país.
 
En todo el mundo, y concretamente en Europa, el melanoma comienza a considerarse como un problema de salud pública y la EORTC (Organización Europea para la Investigación y el Tratamiento del Cáncer) ha formado un grupo especializado en melanomas que está promoviendo investigaciones colaborativas internacionales respecto su epidemiología, nuevos tratamientos y ensayos clínicos, sin descuidar diversas acciones de tipo divulgador y educativo en orden a su prevención.
 
Aunque existen diversos factores de riesgo y predisposiciones genéticas. su mayor frecuencia se debe fundamentalmente al incremento en la exposición a las radiaciones solares, consecuencia del mayor tiempo dedicado al ocio y a las actividades al aire libre (baños de sol, deportes), amén de los problemas ocasionados por un posible aumento de este tipo de radiaciones, especialmente las ultravioletas, debido a la disminución de la capa de ozono de la atmósfera.
 
El papel inductor de las radiaciones solares ultravioletas está plena mente confirmado, tras las investigaciones epidemiológicas realizadas sobre segmentos de población muy amplios, que viven en zonas de diferentes latitudes y, por tanto, reciben diferente cantidad de radiaciones. Así, por ejemplo, la incidencia (aparición de nuevos casos por millón de habitantes y año en Detroit, al norte de EE.U.U. es 3.1 mientras en Dallas, al sur, se eleva al 7,2.
 
Aunque los datos disponibles en España son escasos y fragmentarios, el Sureste español, muy soleado, presenta también incidencias superiores a las de otras regiones y el incremento es muy notorio en los últimos años. Es muy de tener en cuenta que las exposiciones al sol en edades tempranas (menores de 10 años) son más peligrosas aún que en los adultos. Las zonas cutáneas más expuestas al sol son aquellas que presentan un mayor número estadístico de melanomas: espalda, pecho y abdomen, en hombres, y piernas y espaldas, en mujeres.
 
¿Quiénes tienden a ser afectados? Como señalábamos en otro artículo anterior, el pigmento melanina sirve de filtro protector contra las radiaciones peligrosas y por ello los negros o personas de tez morena, fácilmente bronceable, presentan una menor incidencia, que alcanza un valor de 0,6 en los negros, localizada sobre todo en las zonas menos pigmentadas, como palma de la mano y planta del pie, mi entras que en los blancos caucasianos la incidencia se multiplica por un factor de 7,5 llegando a una cifra de 4,5 en USA. Especialmente peligrosa es la situación de las personas con ojos daros, cabello rubio o pelirrojo, de tez clara, con incapacidad de broncearse y con tendencia a sufrir quemaduras e irritaciones en la piel cuando toman el sol.
 
Los consejos son evidentes en todos los casos: tomar con precaución el menor sol posible, comenzando con dosis pequeñas que ayuden a broncearse y por tanto a protegerse, sin provocar irritaciones en la piel. También es bueno el uso juicioso de cremas tales como bronceadoras, filtros solares, etc., en las que se indica el factor o índice de protección en el envase, cuyo valor debe ser más alto cuando la protección que se necesite sea mayor. Y desde luego no permitir que los niños tomen el sol demasiado.
 
La importancia de una detección precoz es esencial. Al malignizarse, los melanocitos se desarrollan y multiplican desordenadamente, lo cual conduce a variaciones en tamaño, forma y color de lunares o manchas, fácilmente reconocibles, sobre todo si los bordes son irregulares y el color es diferente al marrón o si se producen irritaciones loca liza das. Hemos de tener presente que, de acuerdo con la presentación, profundidad y espesor de la invasión, los melanomas se clasifican en diferentes estados y niveles y el pronóstico depende mucho de ello. Así, con melanomas en estado I (localizados clínicamente) y de nivel II, con espesor inferior a 1 mm, la supervivencia a los 8 años es incluso superior al 99%, mientras que en ese mismo estado I, pero con un nivel profundo de invasión superior a 4 mm, la supervivencia se reduce al 29%. Y cuando ya existen metástasis distantes (estado II) la supervivencia a los 5 años es inferior al 10%. Por tanto, en términos prácticos, el consejo obligado es que, ante la observación de cualquier alteración sospechosa en lunares, manchas o irritaciones de la piel, se acuda al dermatólogo lo antes posible, ya que antes de profundizar en la
piel la mayoría de los melanomas crecen superficialmente durante meses o años y es en este periodo cuando pueden reconocerse y curarse.