Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La clonación de embriones animales

A mediados del mes pasado se celebró en Montreal el Congreso Anual de la Sociedad Americana de Fertilidad y una ponencia correspondió al Dr. Jerry Hall, director del Laboratorio in vitro, del programa de Fertilización in vitro y Andrología de la Universidad Georg

A mediados del mes pasado se celebró en Montreal el Congreso Anual de la Sociedad Americana de Fertilidad y una ponencia correspondió al Dr. Jerry Hall, director del Laboratorio in vitro, del programa de Fertilización in vitro y Andrología de la Universidad George Washington, del que es director el otro cofirmante del trabajo, el Dr. Robert Stillman. La mayoría de los científicos que asistieron a la sesión no se sorprendieron especialmente con la exposición, que la interpretaron como un nuevo posible avance dentro del campo de la fertilización in vitro, abreviadamente FIV. Por otra parte, no extrañó mucho que recibiese el premio al mejor trabajo presentado, otorgado por un jurado que estaba presidido por el propio Stillman. Así podía haber quedado todo, pero Arthur Caplan, director del Centro de Bioética de la Universidad de Minesota tuvo la idea de telefonear a Gina Kolata, periodista del The New York Times, narrándole la historia. En su siguiente edición dominical, en primera página y con grandes titulares, se leía en el periódico: CIENTÍFICOS CLONAN EMBRIONES HUMANOS Y DESENCADENAN UN DESAFÍO ÉTICO. Evidentemente la controversia mundial estaba servida y todos hemos sido testigos de duros juicios y descalificaciones al respecto. Pero posiblemente no sean muchos los que hayan conseguido enterarse de lo que había consistido exactamente la investigación ni de su significado dentro del tema global de la clonación de embriones animales. Es lo que vamos a comentar, dejando aparte consideraciones bioéticas que están siendo objeto de discusión generalizada en otros foros.
 
La fertilización de un óvulo animal por un espermatozoide produce una célula huevo, oocito, cuya dotación genética procede, a partes iguales, del padre y de la madre. El oocito está rodeado de una capa transparente gelatinosa protectora, zona pelúcida, que favorece las posteriores divisiones celulares que han de ocurrir a lo largo del desarrollo embrionario. Los científicos aprendieron ya hace años a extraer óvulos de la matriz y a conservar el esperma y los embriones congelados. Aunque a principios de los 40 se realizó en animales el primer intento de FIV e incluso, en 1951, se consiguió la transferencia de un embrión desde una vaca a otra, hubo de esperar hasta cerca de los 60 para que naciesen los primeros animales, unos conejos, mediante la técnica de FIV. La era de la clonación, obtención de copias idénticas genéticas de animales, se inició hace 23 años, en 1970, con unos embriones de ratones, continuando en 1979 con unas ovejas y en 1980 con vacas. Pero ello no ha significado, ni mucho menos, la producción masiva de animales clónicos ya que, aunque la clonación puede abordarse de varios modos, incluso los más sencillos son laboriosos y su explotación comercial resulta muy cara.
 
El método más simple de clonación ha venido consistiendo, desde hace tiempo, en la división o partición de un embrión para dar lugar a dos o tres nuevos embriones. Otra opción fue la desarrollada en términos de su aplicación práctica por Granada Biosciences, una empresa biotecnológica desaparecida en 1992, cuya tecnología intenta ahora explotar la American Breeders Service, en Wisconsin, consistente en separar las células individuales, por ejemplo, vacunas, de un embrión en desarrollo, cuyo valor en cuanto a contenido genético sea presumiblemente alto según los pedigrees de los progenitores. Cada una de esas células embrionarias se inyecta en un huevo no fertilizado al que previamente se le ha eliminado el núcleo, con lo que el material genético que permanece en cada una de las nuevas células embrionarias es idéntico al del embrión original. Estos huevos reconstituidos se implantan en el útero de las correspondientes vacas y teóricamente, partiendo de un embrión en el estado de desarrollo de 32 células, se podrían obtener 32 descendientes clónicos de alto valor genético nacidos de vientres de vacas normales. 
 
En la práctica, por ahora, se consigue la supervivencia de tan solo un 20% de los embriones clonados, presentándose además frecuentes problemas de sobrepeso en los nacimientos, lo que obliga a realizar las correspondientes cesáreas. Por otra parte, la copia múltiple de ejemplares de alto valor genético no ayudaría a la mejora de las razas para lo que es esencial, según la genética, el suministro de genes nuevos y la realización de la selección posterior. Otra posibilidad distinta de clonación, lograda únicamente en algunos casos muy limitados debido a su complejidad, es la obtención de copias genéticamente semejantes a un solo progenitor. Para ello se parte de un huevo fertilizado al que se le elimina su núcleo de material genético y se sustituye por el núcleo de una célula del progenitor que se desea copiar, procediendo posteriormente a la implantación del correspondiente embrión. La viabilidad, por ahora, se ha dado en pocas especies y casos.
 
Retomando al reciente experimento de clonación de embriones humanos hay que precisar dos extremos. Primero, que este fenómeno sucede a veces, espontáneamente y de forma reducida, en la naturaleza, cuando tras la primera división celular del embrión cada una de las dos nuevas células es punto de partida de un nuevo embrión, ambos con la misma información genética, dando lugar al nacimiento de gemelos idénticos. En segundo lugar, que con el rendimiento limitado de las técnicas actuales de FIV, con un porcentaje de viabilidad escaso, para conseguir los mejores resultados habitualmente se vienen implantando simultáneamente en el útero materno de 3 a 5 embriones. En algunas parejas conseguir un embrión implantable es difícil debido a que uno de los miembros de la pareja, o ambos, tienen una pobre producción de células germinales. En estos casos, una mujer sometida a FIV, con un único embrión implantado, tan solo tiene una probabilidad escasa, próxima al10%, de quedar embarazada. Según Hall y Stillman su intención era comprobar si en estos casos existía posibilidad de clonación del único embrión disponible, convirtiéndolo en 3 ó 4 para ser implantados en la aspirante a madre. 
 
En todo caso la experiencia no la realizaron sobre uno o unos embriones viables sino sobre embriones anormales procedentes de óvulos que en el curso de las técnicas de FIV habían sido fertilizados simultáneamente por más de un espermatozoide, es decir con una dotación genética anormal, por lo que con independencia de que se implanten o no, esos embriones suelen morir rápidamente. Partieron de 17 de tales embriones anormales, en estados de división en el rango de 2 a 8 células, y consiguieron separar las células constituyentes de cada embrión usando una enzima que elimina la zona pelúcida de recubrimiento. A cada una de las células así obtenidas las recubrieron con una zona pelúcida artificial que técnicamente habían desarrollado con anterioridad, con lo que, en cada caso pudo continuar el desarrollo embrionario de los 48 embriones conseguidos a partir de los 17 originales, hasta que el proceso se interrumpió naturalmente debido a la anormalidad original de los embriones utilizados. 
 
Cuando ello ocurrió algunos de los embriones habían alcanzado la fase de 8 células (los procedentes de embriones originales con 8 células), otros la de 16 células (los originados de embriones con 4) e incluso algunos llegaron a 32 células (los obtenidos de embriones con 2), es decir el mismo número que es necesario como mínimo para la implantación de embriones normales. Ahí acabó la investigación y dos conclusiones parecen obvias en todo este asunto. La primera, la carencia de innovación científica de la investigación de Hall y Stillman, que simplemente han realizado lo que otros grupos también hubieran podido hacer, pero que no se había abordado por una especie de consenso no escrito al respecto, aparte de que dentro de la clonación de embriones animales sus hallazgos no significan nada nuevo. En segundo lugar, la necesidad de una amplia discusión social de ámbito internacional en los foros adecuados sobre los aspectos bioéticos de las nuevas fronteras científicas.
 
Información adicional
 
*La clonación humana, sea cual sea su justificación, es rechazada mayoritariamente por los ciudadanos. En una encuesta muy reciente realizada en Estados Unidos, el 75% de los consultados pensaba que no era una buena cosa; el 90% rechazaron la posibilidad de clonar un embrión procedente de la pareja; el 77% se mostraron partidarios de una prohibición parcial o total de las investigaciones médicas de clonación en humanos.
 
* En humanos, ya en 1799 apareció la primera referencia de una inseminación artificial productora de embarazo, mientras que el primer intento de FIV tuvo lugar en 1944, aunque no fue hasta 1978 cuando nació Louise Brown, la primera niña-probeta.
 
*La posible clonación de humanos ha sido recogida en la literatura profusamente. En UN MUNDO FELIZ, Aldous Huxley, hace 61 años, trataba de la clonación de embriones mediante su disrupción por bokanovskización, produciendo seres humanos superiores ALFA y BETA, así como seres inferiores de trabajadores GAMMA, DELTA y EPSILON. En HOMBRE MÚLTIPLE, (1976), de Ben Bora, aparecen diversas copias clónicas del presidente americano. En JOSHUA, HIJO DE NINGUNO, (1973), de Nancy Freedman, el clan es del presidente Kennedy, y en LOS NIÑOS DEL BRASIL, (1976), de Ira Levin, se intenta la clonación del propio Hitler.