Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Una sugerente cuarentona

En la sede parisina de la Unesco el pasado 21 de abril, François Jacob, premio Nobel francés de Medicina, inauguraba una importantísima reunión científica preguntándose: ¿qué recordarán los futuros historiadores respecto a este siglo?

En la sede parisina de la Unesco el pasado 21 de abril, François Jacob, premio Nobel francés de Medicina, inauguraba una importantísima reunión científica preguntándose: ¿qué recordarán los futuros historiadores respecto a este siglo? Parece claro que no se olvidarán de algunas de las guerras habidas ni tampoco del llamativo proceso del ascenso y caída de ideologías como la fascista y la comunista, e indudablemente se dedicará una atención especial a la explosión científica y tecnológica que, en la primera parte del siglo, fue protagonizada por la física y, en la segunda mitad, por la biología, siendo uno de sus jalones más importantes el que tuvo lugar hace ahora cuarenta años, cuando el 25 de abril de 1953 se publicó la propuesta que hacían el americano James Watson y el británico Francis Crick respecto a la actualmente conocidísima estructura en doble hélice del ADN, el material genético universal.
 
Ello permitió, nada más y nada menos, disponer de una herramienta para comenzar a contestar una pregunta que años antes había constituido el título de un libro escrito por el gran físico Schrödinger: What's life? (¿Qué es la vida?). La estructura doble hélice poseía una potencialidad que sus descubridores señalaron: no nos ha pasado por alto que el apareamiento específico que hemos postulado sugiere de inmediato un mecanismo posible de copia para el material genético. Un mecanismo que, usando palabras del conocido científico español A. García Bellido, ha resultado ser igual tanto para las moscas como para el hombre.
 
James Watson ha sido un prodigio toda su vida. Nacido en Chicago, a los 15 años ingresó en la Universidad, se graduó a los 19 y obtenía el doctorado a los 22. Su idea de dedicarse a la ornitología, se modificó por la influencia de uno de sus maestros, bioquímico, y para completar su formación postdoctoral llegó a la Universidad de Cambridge para unirse al equipo del profesor Kendrew, quien trabajaba en técnicas de difracción de rayos X. Allí ya estaba Francis Crick, físico investigador sobre el radar en la segunda guerra mundial, quien también había sido objeto de la fascinación por la bioquímica. Pronto se incorporó al grupo otro físico de origen neozelandés, injustamente olvidado en ocasiones, Wilkins, preparador de las muestras de hebras de ADN sometidas a las técnicas de difracción que daban lugar a imágenes de complicada interpretación, hasta que, en febrero de 1952, el gran científico Linus Pauling, en una carta le propuso a Watson la posibilidad de un modelo trihelicoidal. Excitado tras leer la carta, Watson en el trayecto en bicicleta hasta el laboratorio, se planteó la posibilidad de una solución a base de dos hélices concluyendo en la necesidad de construir modelos tridimensionales. 
 
El trabajo se hizo frenético y al final todo casaba con la estructura ya clásica de una especie de escalera helicoidal con 2 cadenas de bases o barandillas, y con azúcares y fosfatos que la estabilizan a modo de escalones. Inmediatamente, tras la publicación del trabajo en la revista Nature el impacto que se produjo fue de gran magnitud y como ejemplo de ello todo el prestigioso departamento de bioquímica de Oxford se desplazó a Cambridge para conocer el modelo construido, tras lo cual, a su regreso, remitieron un telegrama con un expresivo texto: Felicidades. Firmado, los genes.
 
Es indudable que aquella primavera del 52 fue pródiga en acontecimientos científicamente relevantes: Frederick Sanger era el primer investigador capaz de descifrar totalmente la estructura secuencial de una proteína, la de la hormona insulina, y un joven doctorando de 23 años, Stanley Miller, en la Universidad de Chicago, recreó en su laboratorio las condiciones presumibles que debían existir sobre la Tierra primitiva comprobando que le era posible sintetizar moléculas corno los aminoácidos, idénticos a los que existen en la materia viva. Con ello se comenzaba a entender el fenómeno de la evolución biológica que condujo hasta la aparición del primer ser vivo en nuestro planeta.
 
El poder sugerente que tenía el modelo del ADN fue enorme y rápidamente se sucedieron descubrimientos de trascendencia: ARN mensajero (1960), mecanismos reguladores de la expresión de los genes (1961), el código genético (1966), las enzimas de restricción y la transcriptasa inversa (1970), las técnicas del ADN recombinante (1973), la existencia de oncogenes activables (1976), la obtención industrial de proteínas y hormonas mediante ingeniería genética (1977), la individualización genética mediante las técnicas de huellas genéticas (1985), la patente para el primer ratón transgénico (1988) e incluso el primer intento de terapia génica (1990). De un modo paralelo, aunque desfasado temporalmente, tiene lugar un largo y continuo rosario de concesiones de premios Nobel de Medicina iniciado precisamente con el otorgado en 1962 a Watson, Crick y Wilkins.
 
Raramente las personas que protagonizan una revolución tienen el privilegio de poder vivir sus consecuencias. La historia de hoy es una excepción ya que, por sus repercusiones, el descubrimiento de la doble hélice realmente ha sido determinante para cambios que afectan a todo nuestro mundo. Por ello, para destacar la efeméride del 40 aniversario, se están realizando diversas celebraciones con la activa participación de Jim, que es como todo el mundo llama a James Watson, actualmente en Long Island, USA, y la de Francis Crick, que investiga en los laboratorios Salk. 
 
El primer acto, en forma de reunión científica, tuvo lugar a principios de marzo, en Long Island. Crick, 15 años mayor que Watson, recordó el ambiente legendario de la vida académica inglesa, donde según su confesión, era posible realizar en los pubs avances científicos tan trascendentes como los de los propios laboratorios. En cuanto a la reunión parisina de la Unesco que mencionábamos, Watson, en su clarividente intervención señaló que actualmente nos encontramos en la sexta fase de la genética, la de la secuenciación del genoma humano, tras haber cubierto sucesivamente las cinco fases precedentes: genética mendeliana; ADN; código genético; control de genes; y ADN recombinante. La aceleración del acúmulo de conocimientos es bien palpable y posiblemente, tras la actual sexta fase de la genética, la próxima será la de la predicción genética que posibilitará el diagnóstico rutinario precoz de un gran número de defectos genéticos en el embarazo lo que hará que nos tengamos que plantear nuevos y profundos dilemas morales.
 
La reunión de París ha servido también para que los más destacados científicos discutan la situación actual respecto a muchos de los intrincados mecanismos íntimos de la genética molecular, entre ellos el valor informativo del ARN, de los fragmentos genómicos isocoros, del origen de los intrones, de los episomas, de los genes homeobox, etc. Por todo ello no sería exagerado afirmar que aquella hélice cuyo conocimiento se desveló en 1953 se ha convertido en una sugerente y atractiva cuarentona capaz de colaborar eficazmente en nuevos y trascendentales descubrimientos.
 
Información adicional
*La información necesaria para poder deducir el modelo doble hélice ya estaba presente en unas imágenes de difracción de rayos X obtenidas por la doctora Rosalind Franklin en el King'College de Londres y que fueron observadas por Watson con ocasión de una visita a sus laboratorios. La Dra. Franklin posiblemente podría haber llegado a la estructura correcta si hubiese construido los modelos adecuados.
 
*James Watson en su libro La Doble Hélice cuenta los acontecimientos que condujeron al descubrimiento. En el libro se refiere a su compañero de este modo: Nunca he conocido a Francis Crick en una actitud modesta.
 
*Kary Mullis es el inventor de la revolucionaria técnica de PCR capaz de replicar intensivamente fragmentos de ADN y ARN. Humanamente pintoresco, Mullís tiene entre sus propósitos comercializar, mediante venta, copias escritas de los genomas de las estrellas musicales del pop.